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El fin del camino: la competitividad del sector agrícola ante la apertura del TLCAN
Roberto Newell G., Rodrigo Gallegos y Manuel Molano R.
De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2008

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Resumen: Se llegó al final del camino. A partir del 1 de enero de 2008, los países de América del Norte operan como un solo mercado de productos agropecuarios. El cambio que se ha estado gestando es sumamente benéfico para los consumidores mexicanos y crea opciones para los productores de los tres países. En México, los cambios más significativos se sentirán en el mercado de edulcorantes. Muchos de los ajustes serán dolorosos, pero si productores, industriales, trabajadores y gobierno trabajan con disciplina y voluntad de cambio, los ajustes serán pasajeros y México cosechará niveles de bienestar y competitividad más altos.

Roberto Newell es Director General del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), y doctor en Economía por la University of Texas at Austin. Previamente, trabajó más de 20 años en McKinsey & Co., Inc. Rodrigo Gallegos es Director de Investigación en IMCO y maestro en Políticas Públicas por la Harvard University. Manuel Molano es Director General Adjunto del IMCO y economista egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Previamente, tuvo diversos cargos en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación de México (SAGARPA).

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Anthony DePalma. Nueva York: Public Affairs, 2001.

El último paso en la creación de un solo mercado norteamericano se dio el 1 de enero de 2008 con la eliminación de los gravámenes a los cuatro productos sensibles del campo (maíz, azúcar, frijol y leche). La fecha pasó sin sobresaltos, aunque eso no significa que se hayan eliminado todas las posibles fuentes de protesta contra esta integración, sobre todo dados los diferenciales de productividad que hay entre un segmento de productores mexicanos y los de Estados Unidos.

En este ensayo, se repasa la situación actual de los dos principales productos implicados en este cambio -- maíz y azúcar -- con el fin de identificar problemas que podrían afectar las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos. Si bien la fase de transición hacia un solo mercado ha sido relativamente tersa, aún quedan grandes retos por resolver, a la luz del cambio estructural en el mercado mundial de agroalimentos.

El ensayo está organizado en cuatro secciones. Las dos primeras revisan la situación de los sectores del maíz y del azúcar en el escenario internacional actual. En ellas se destacan los retos que derivan de la integración de estos sectores con la oferta de Estados Unidos, tomando en consideración el cambio estructural que se gesta en el mercado global de estos productos, para definir cómo éstos pueden afectar las relaciones comerciales con Estados Unidos y Canadá. La tercera sección evalúa el efecto neto de bienestar que tendrá la integración de los mercados de América del Norte e identifica ganadores y perdedores potenciales. La cuarta sección propone algunas políticas públicas para maximizar los beneficios netos de la integración y de los cambios estructurales en marcha.

SITUACIÓN Y PERSPECTIVAS DEL MERCADO DE MAÍZ

México es uno de los principales importadores de maíz del mundo. Anualmente, importa alrededor de 10 millones de toneladas de maíz, que en su mayor parte se utilizan para alimentar aves y ganado. Del total, una proporción relativamente modesta, alrededor de 3%, es de maíz blanco que se utiliza para producir tortillas.

El consumo por habitante de maíz blanco en México está disminuyendo. Por el contrario, el consumo de maíz forrajero (amarillo) va en aumento, puesto que los mexicanos cada vez consumen más alimentos de origen animal. La disponibilidad de maíz amarillo barato ha hecho que hoy los mexicanos sean los mayores consumidores de huevo del mundo y refleja el cambio en la dieta de los mexicanos, distinta de la basada en tortilla, frijol y arroz.

Si bien el 1 de enero marcó un hito en la relación comercial de México con Estados Unidos y Canadá, para fines prácticos, la integración del mercado de maíz se había llevado a cabo anteriormente, puesto que desde hace varios años el gobierno mexicano ha autorizado cupos de importación libres de arancel muy por arriba de los niveles pactados en el TLCAN. La integración de los mercados ha sido total y el mercado de maíz opera eficientemente: el precio spot del maíz estadounidense puesto en México es igual al de Estados Unidos, descontando el costo de transporte e internación. De hecho, las diferencias de precios entre ambos países se eliminan en cuestión de minutos en los principales mercados.

Aunque las importaciones de maíz amarillo no compiten directamente con la producción nacional de maíz blanco que se utiliza en la producción de tortillas, hay grandes asignaturas pendientes en la producción mexicana de maíz. La principal tarea consiste en cerrar la brecha de productividad que hay entre los productores del campo mexicano y los estadounidenses. No obstante, el reto está relativamente localizado. Las diferencias de desempeño entre los productores comerciales mexicanos son enormes. La productividad de las hectáreas de riego es alta y está en crecimiento, mientras que la productividad del campo de temporal es baja y está estancada.

Los productores mexicanos más eficientes son muy competitivos en los mercados nacionales. Los rendimientos de campo de algunos productores, como los de Sinaloa y Guanajuato, entre otros, son similares a los de los productores estadounidenses. Éstos también tienen otras ventajas a su favor: están más cerca de los consumidores, pagan muy poco por el agua y reciben apoyos para la comercialización. Por eso, operan con utilidades jugosas y tienen fuertes incentivos para seguir produciendo maíz.

En cambio, los productores menos eficientes afrontan retos competitivos significativos: su baja productividad se debe a que no han desarrollado ni han introducido variedades de maíz resistentes a sequías y a plagas comunes en el país. Además, utilizan fuertes dosis de fertilizantes y pesticidas para compensar los pobres rendimientos naturales de los suelos en los que producen. Por si esto fuera poco, la humedad de la tierra que cultivan depende del temporal, por lo que sufren grandes variaciones en su disponibilidad y la mayoría de estos productores trabaja en superficies que están debajo de los umbrales idóneos para obtener economías de escala. Por eso, estas extensiones son las más vulnerables en términos de competitividad. Cuando los precios del maíz están a la baja, son incapaces de generar utilidades y, con un mal temporal, sus rendimientos, frecuentemente, no les permiten cubrir los costos de producción.




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