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La agenda latinoamericana del próximo presidente de Estados Unidos
Peter Hakim
De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2008

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Resumen: Una de las principales tareas del nuevo presidente de Estados Unidos será reparar la relación de su país con América Latina. Para lograrlo, tendrá que diseñar una política constructiva y de cooperación, centrada en la promoción del libre comercio y en las necesidades sociales de sus vecinos del sur. La mayoría de los países latinoamericanos está esperando con optimismo la llegada de un nuevo presidente a la Casa Blanca, pero seguirá teniendo dudas si éste no demuestra un cambio de actitud y de estrategia para volver a tener una relación respetuosa y constante.

Peter Hakim es presidente del Inter-American Dialogue, un centro para el análisis de políticas públicas sobre el hemisferio occidental en Washington, D. C.

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América Latina no será una prioridad de política exterior para el próximo presidente de Estados Unidos. No será un frente central en la guerra contra el terrorismo. Más allá del añejo conflicto en Colombia, Latinoamérica es una región en paz, en su mayor parte libre de combates armados dentro o entre sus países. Tampoco se espera que América Latina ofrezca las grandes oportunidades económicas de países con rápido crecimiento, como China e India. El tráfico de drogas y la migración indocumentada son temas importantes, pero son problemas viejos y contenciosos que, en gran medida, han alejado a Estados Unidos de la región. El reto para el nuevo gobierno será encontrar la manera de conducir una política constructiva y de cooperación hacia Latinoamérica, aunque la región siga siendo una prioridad relativamente menor, y la influencia de Estados Unidos en la región sea débil.

La política hacia el hemisferio occidental ha sido, en gran parte, derivativa o residual. Es resultado de una combinación de la amplia agenda internacional de Washington, de los poderosos intereses nacionales y de las demandas de la política nacional y local. Las decisiones de política pública rara vez responden a los intereses concretos de Estados Unidos en Latinoamérica o a las necesidades de la región. Los elementos centrales de los acuerdos de libre comercio con América Latina, por ejemplo, surgen como resultado de la presión de diversos grupos de interés (productores agrícolas, compañías farmacéuticas, activistas ambientales, sindicatos y otros). Debido a que implica sentimientos políticos profundos, la política migratoria ha sido conducida, casi de manera exclusiva, como un asunto interno. Los tomadores de decisiones estadounidenses ignoran, en gran parte, las consecuencias de sus leyes migratorias sobre otros países o en la relación de éstos con Washington. Las agencias nacionales y locales encargadas del cumplimiento de la ley en Estados Unidos controlan las estrategias para combatir el tráfico de narcóticos. La posición con respecto a Cuba responde, fundamentalmente, a las demandas de la política cubano-estadounidense.

No obstante, el próximo presidente puede hacer la diferencia, si está preparado para demostrar su liderazgo y hacer frente a los intereses políticos y económicos internos que ahora marcan la pauta de la política estadounidense hacia el hemisferio occidental. Ya ha ocurrido en el pasado. La Alianza para el Progreso (el programa de desarrollo económico que impulsó el presidente John F. Kennedy en 1961, tras la llegada al poder de Fidel Castro en Cuba) y el Tratado del Canal de Panamá de 1977 no surgieron a partir de consideraciones políticas internas ni fueron residuales -- tampoco lo fueron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), las iniciativas del primer presidente Bush (1989-1993) sobre la reducción de la deuda y el comercio regional o el paquete de rescate financiero para México impulsado por el presidente Bill Clinton en 1995 -- . Todos hacían frente a problemas reales en América Latina y servían a los intereses genuinos de Estados Unidos en la región.

PRIMERO LO PRIMERO

¿Qué políticas servirían mejor a los intereses de Estados Unidos en América Latina? ¿Qué tendrá que hacer el próximo presidente de Estados Unidos para restaurar la influencia y la posición de su país en América Latina, y reestablecer la cooperación con los gobiernos de la región?

La primera tarea de Washington será demostrar un renovado respeto por las reglas e instituciones internacionales. Ése debe ser el punto de partida para reparar las relaciones de Estados Unidos con América Latina. Estados Unidos no puede aparecer como arrogante u opresivo en asuntos regionales o globales. No puede adjudicarse el derecho de invadir otros países anticipadamente o de tomar decisiones unilaterales en contra del consenso de otros países. Estados Unidos debe seguir las reglas que quiere que los demás sigan. No puede ser una voz autorizada en temas de derechos humanos cuando condona la tortura y les niega a los prisioneros un juicio justo. No puede ser un defensor fidedigno de la democracia cuando interfiere en las elecciones de otros Estados. Las políticas de Washington, viendo por los intereses estadounidenses, deben estar más relacionadas con las propias necesidades latinoamericanas -- conseguir un crecimiento más rápido y estable, reducir de forma sostenida la pobreza y la desigualdad, moderar las tensiones sociales y políticas, y avanzar en contra de una ola de crimen y violencia que aparenta no tener fin -- .

COOPERACIÓN ECONÓMICA FORTALECIDA

Lo que más quieren y necesitan los países latinoamericanos de Washington es mayor acceso a los mercados, a capitales de inversión y a nuevas tecnologías. Por eso, la mayoría ha buscado obtener preferencias comerciales o acuerdos de libre comercio con Estados Unidos -- y la razón por la cual el principal tema en la agenda latinoamericana del próximo presidente deberá ser el desarrollo de una nueva estrategia de integración económica regional -- . El Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) -- que incluye a 34 países y estaba proyectada para 2005 -- ha quedado ampliamente desacreditada. Hasta este momento, no hay una alternativa, un marco de trabajo o un objetivo claro para impulsar la cooperación económica en el hemisferio.

El reto más difícil para la Casa Blanca consistirá en diseñar una estrategia bipartidista de política comercial regional (e internacional). Para que Estados Unidos desempeñe un papel de liderazgo en la formación de una estrategia económica coherente en el hemisferio, los demócratas y los republicanos en el Congreso tendrán que resolver sus marcadas diferencias sobre asuntos comerciales. Los congresistas demócratas más importantes y la Casa Blanca pudieron llegar a un consenso en el complejo tema de los derechos laborales en los acuerdos comerciales, por lo que deberían ser capaces de avanzar en otros temas igualmente controvertidos. Particularmente, tendrán que ponerse de acuerdo sobre las medidas compensatorias para los trabajadores estadounidenses, producto de las dislocaciones de la expansión comercial y de los cambios tecnológicos. Asimismo, tendrán que renovar la autoridad de la Casa Blanca para negociar acuerdos comerciales, la cual ha expirado.

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