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La migración y las elecciones en Estados Unidos
Andrew Selee
De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2008

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Resumen: La migración se ha convertido en uno de los principales temas de la campaña presidencial en Estados Unidos, pero, al igual que todo lo demás en esta campaña, ha tomado rumbos inesperados. Es demasiado pronto para saber el curso que tomará la política migratoria en el nuevo gobierno. Si bien es casi seguro que los candidatos presidenciales de los principales partidos son fuertes promotores de la reforma migratoria, las campañas electorales para el Congreso podrían tomar derroteros distintos en los próximos meses, hasta el punto de dificultar cualquier esfuerzo reformista.

Andrew Selee es el director del Instituto México del Woodrow Wilson Center y profesor adjunto de Gobierno en la Johns Hopkins University. Es autor de More Than Neighbors: An Overview of Mexico and U.S.-Mexico Relations y coeditor (con Xóchitl Bada y Jonathan Fox) de Al fin visible: la participación cívica de los migrantes mexicanos en Estados Unidos.

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La migración se ha convertido en uno de los principales temas de la campaña presidencial en Estados Unidos en 2008, pero, al igual que todo lo demás en esta campaña, ha tomado rumbos inesperados. La creencia más compartida, tanto por los candidatos como por los analistas, ha sido que el público en general desconfía de la migración y que, frente a las preocupaciones sobre la seguridad y la desaceleración de la economía, la mayor parte de los votantes querría que los políticos asumieran una posición firme en contra de los migrantes. La mayoría de los candidatos presidenciales republicanos respondió a esta percepción con la adopción de posiciones duras en contra de la migración. Esto incluyó a dos ex gobernadores y a un alcalde que previamente habían impulsado políticas favorables a la migración. Al mismo tiempo, los candidatos presidenciales demócratas buscaron, en gran medida, minimizar su apoyo a la reforma migratoria y maximizar su apoyo a la seguridad fronteriza.

Sin embargo, la creencia común parece estar equivocada, al menos en parte. Los únicos tres candidatos que quedaban en la contienda a principios de abril tienen tras de sí una larga historia de apoyo al tipo de reforma migratoria integral que crearía nuevas visas para trabajadores temporales, regularizaría a los trabajadores indocumentados que ya están en Estados Unidos y fortalecería la aplicación de la ley para obligar a los futuros flujos migratorios a que pasaran por estos canales legales. Esto quizá es menos sorprendente en el caso del Partido Demócrata, en el que la mayoría de los candidatos, incluidos los dos contendientes que quedan, los senadores Hillary Clinton y Barack Obama, había expresado algún tipo de apoyo a la reforma migratoria, aun si dicho apoyo se expresó en términos poco contundentes al principio. No obstante, lo que sí es una sorpresa significativa es que, en el Partido Republicano, el único candidato de peso que ha apoyado e incluso liderado esfuerzos en pro de la reforma migratoria, el senador John McCain, es ahora, presumiblemente, el candidato presidencial del partido. A pesar de las predicciones que auguraban que el enojo de los votantes con respecto a la migración sería uno de los temas principales de las elecciones, esto parece no haber sucedido.

Es demasiado pronto para saber qué curso tomará la política migratoria en el nuevo gobierno. Si bien es casi seguro que los candidatos presidenciales de los principales partidos serán fuertes promotores de la reforma migratoria, las campañas electorales para el Congreso podrían tomar un rumbo distinto en los próximos meses, hasta el punto de dificultar cualquier esfuerzo reformista. El tema de la migración genera fuertes pasiones en dos bandos distintos en Estados Unidos: entre aquellos que quieren ampliar los canales legales para la migración y aquellos que quieren limitarlos, y muchos de los candidatos al Congreso optarán, seguramente, por un lado u otro de este debate. La forma como se trate este asunto en las campañas electorales para el Congreso ayudará a determinar el margen de maniobra que tendrá el nuevo presidente para fijar su política. Sin duda, es un paso positivo que los sentimientos antimigración más estridentes que, en su momento, formaron parte de la campaña presidencial parezcan haber pasado a un segundo plano, pero esto no es garantía de que el clima en el Congreso, que es quien a fin de cuentas tiene la autoridad para legislar en esta materia, mejore en comparación con el que ha prevalecido en los últimos años.

POLÍTICA DE COALICIONES Y MIGRACIÓN

Las visiones del público sobre la migración en Estados Unidos son generalmente muy difíciles de entender y, con frecuencia, combinan opiniones aparentemente contradictorias. Según las encuestas, los estadounidenses, en su mayoría, tienen una buena percepción de los inmigrantes pero sienten que hay demasiados en el país. Creen que es mejor ofrecer oportunidades para solicitar el estatus de residente (y, algún día, de ciudadano) a los migrantes indocumentados, en vez de deportarlos, pero rechazan el concepto de la "amnistía". No piensan que construir un muro a lo largo de la frontera con México consiga el objetivo de reforzarla, pero, en general, quieren ver más seguridad fronteriza. Cuando se les presentan los principios incluidos en una reforma migratoria integral, la mayoría de los estadounidenses los apoya, pero algunas propuestas para endurecer las medidas contra la migración indocumentada también generan un respaldo mayoritario. La manera en que se formulan las preguntas sobre migración afecta frecuentemente las respuestas que da la gente. En suma, la migración es un tema con respecto al cual buena parte del público se muestra ambivalente o confundido.

Quizá no sorprenda que, en los lugares donde vive la mayoría de los migrantes -- grandes ciudades que son destinos tradicionales para estos flujos -- , los estadounidenses estén más familiarizados con los migrantes. Donde la migración es un fenómeno más nuevo, frecuentemente en ciudades más pequeñas del sur y el medio oeste, así como en áreas rurales y suburbios periféricos a lo largo y ancho del país, los ciudadanos estadounidenses tienden a expresar mayores resentimientos con respecto a los cambios que ha traído la migración reciente. En este momento, los niveles de migración en Estados Unidos son inusualmente altos -- prácticamente uno de cada ocho estadounidenses nació en otro país, la cifra más alta desde las primeras dos décadas del siglo XX -- ; pero parece que no es la tasa migratoria la que hace surgir los sentimientos antimigrantes, sino la percepción de que la llegada de extranjeros genera cambios económicos y culturales en las nuevas zonas de migración. Los cambios se han acentuado más en años recientes por la sensación de incertidumbre que priva con respecto a la economía estadounidense. Donde la migración es menos común, los trabajadores nacidos en esas localidades frecuentemente culpan a las nuevas oleadas de migrantes de las perturbaciones del mercado.

Un análisis más profundo de la política migratoria en Estados Unidos demuestra que ésta nunca ha respondido a los intereses de la opinión pública en su conjunto, sino que ha dependido de la política de coaliciones de minorías políticamente activas. Como ha demostrado Aristide Zolberg en su libro A Nation of Immigrants (Una nación de inmigrantes), casi todos los cambios en la política migratoria en la historia estadounidense pueden identificarse con la política de coaliciones de los principales partidos políticos con grupos de migrantes o con sectores específicos de la población que se sienten amenazados por la migración. Para la mayoría de los votantes, la política migratoria es bastante abstracta (y un asunto menor con respecto a otras consideraciones políticas), pero para los grupos de migrantes y sus descendientes, la política migratoria es mucho más importante, al igual que lo es para aquellos que sienten amenazados su bienestar o su forma de vida por el cambio. Estos grupos tienden a liderar la discusión sobre política migratoria. En cambio, el público en general tiene visiones contradictorias que pueden modificarse según la forma que tome el debate.

Las encuestas sugieren, en general, que los votantes republicanos y demócratas no difieren sustancialmente en sus visiones sobre la migración, aunque los votantes demócratas tienden a estar a favor de la regularización de los trabajadores indocumentados más que los republicanos, mientras que los republicanos tienden a apoyar más los programas de trabajadores temporales. Sin embargo, la forma en que se desarrolla la política de coaliciones en torno a la migración difiere enormemente entre los dos partidos. En distintos momentos de la historia, cada partido ha buscado construir coaliciones con grupos de migrantes recién llegados y sus descendientes, pero, en décadas recientes, ese papel lo han asumido más agresivamente los demócratas. Esto se ha vuelto más evidente debido a que los demócratas se han convertido, progresivamente, en el partido de las áreas urbanas más importantes. En particular, los demócratas cuentan con dos grupos clave como parte de sus bases de apoyo que están fuertemente a favor de la reforma migratoria: las organizaciones latinas y los sindicatos.

Si bien la gran mayoría de los votantes latinos nació en Estados Unidos y, por lo tanto, no se ve afectada personalmente por los cambios en la política migratoria, el tema tiene un fuerte valor simbólico, especialmente porque buena parte de las críticas recientes hacia los migrantes indocumentados ha derivado en un lenguaje que podría percibirse como agresivo hacia las personas de origen latinoamericano en general. Además, los migrantes de América Latina son ahora una proporción más importante de la población latina en Estados Unidos que en ningún otro momento de la historia reciente, lo que ha forzado a los líderes de las organizaciones hispanas establecidas a considerar la migración como un tema cada vez más importante para sus representados. Los latinos representan entre el 6.5% y el 8% de todos los votantes, según el Pew Hispanic Center, y un número mucho mayor en varios estados con peso político, como California, Texas, Illinois, Arizona, Colorado, Nevada y Nuevo México.

Los sindicatos, otro socio importante en la coalición demócrata y una fuente de importantes recursos para la movilización en época de elecciones, también se han convertido en los principales promotores de la reforma migratoria, después de años de oponerse a ella. El movimiento obrero tradicionalmente había visto a los migrantes como una amenaza para los sueldos de los trabajadores. Sin embargo, en años recientes, varios de los sindicatos más poderosos del país han revaluado sus visiones sobre este tema, dado que los trabajadores nacidos en el exterior van formando una parte cada vez más importante de los trabajadores sindicalizados, y muchos sindicatos (aunque no todos) se han convertido en fuertes promotores de la regularización de trabajadores indocumentados.




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