El creciente interés político y económico
de China en África ha sido muy comentado
en los últimos dos años. Apuntalado
con abundantes datos económicos, el trabajo
de Broadman ofrece un resumen útil
de este tema, en el marco más amplio de
las relaciones entre África y Asia. Al día
de hoy, 27% de las exportaciones africanas
va a Asia, casi el doble que hace menos
de una década. Este crecimiento está impulsado
por los recursos naturales africanos,
en particular el petróleo, que representa
casi la mitad de esas exportaciones. La relación
entre India y el continente africano
está basada en redes privadas, ligadas a poblaciones
indias que han vivido por mucho
tiempo en la región. La relación entre China
y la región, por otra parte, es más reciente
y en ella median, frecuentemente,
los acuerdos formales entre los gobiernos.
China depende, en gran medida, de la mano
de obra que exporta a la región para sostener
sus inversiones. Por esa razón, señala
Broadman, cerca de 80 000 trabajadores
chinos viven ahora en África. Tras caracterizar
estos nuevos flujos económicos entre
Asia y África, el libro examina, en su segunda
mitad, las limitaciones para incrementar
el comercio y los flujos de inversión. Broadman
documenta con gran detalle la larga
serie de deficiencias regulatorias, de gobernanza,
de infraestructura y de políticas públicas
que siguen minando el crecimiento y
la diversificación de las economías africanas,
sugiriendo que las compañías asiáticas se
ven tan afectadas negativamente por ellas
como las compañías europeas y estadounidenses.
La única debilidad de este libro
-- que, por otra parte, es sumamente informativo --
es la falta de cualquier tipo de
explicación para las tendencias que describe.
Los intereses económicos de India
en la región parecen estar fragmentados y
ser meramente los resultados descentralizados
de las decisiones independientes de
muchas compañías pequeñas operadas por
familias, algunas de las cuales han tenido
intereses en África por décadas. Por otro
lado, parece evidente que las importaciones
de China en la región y sus inversiones
son parte de una estrategia geopolítica, relativamente
reciente y bien integrada, que
no puede entenderse del todo a partir de
un enfoque limitado sobre las tendencias
del mercado.