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Turquía redescubre Medio Oriente
F. Stephen Larrabee
De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008

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Resumen: Apartándose de su política exterior tradicional, Turquía se está transformando ahora en un actor importante en Medio Oriente. La preocupación cada vez mayor de Turquía por el nacionalismo kurdo ha acercado a Ankara a los gobiernos de Irán y Siria. Pese a ser preocupante, este giro podría significar una oportunidad para que Washington y sus aliados se valgan de Turquía como un puente hacia Medio Oriente.

F. Stephen Larrabee es directivo y titular de la cátedra sobre Seguridad Europea en la RAND Corporation.

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Temas:
Medio Oriente

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HOGAR, DULCE HOGAR

Mientras las recientes disputas en Turquía entre generales e islamistas han llamado la atención sobre la política interna turca, ha pasado en gran medida inadvertido un cambio significativo en la política exterior del país: tras décadas de pasividad, Turquía se alza hoy como un importante actor diplomático en Medio Oriente. En los últimos años, Ankara ha establecido estrechos vínculos con Irán y Siria, países con los cuales mantuvo relaciones tensas durante las décadas de 1980 y 1990, y ha adoptado una actitud más activa respecto de los agravios que padecen los palestinos y mejorado sus relaciones con el mundo árabe en un nivel más amplio.

Este nuevo activismo constituye un cambio importante de la reciente política exterior turca. Uno de los principios básicos propugnados por Mustafa Kemal (mejor conocido como Atatürk), fundador de la república turca moderna, era que Turquía debe limitar su participación en los asuntos de Medio Oriente y, salvo por un breve periodo en los años cincuenta, Ankara se mantuvo fiel a dicho principio.

Sin embargo, el reciente enfoque de Turquía en Medio Oriente no significa que vuelva la espalda a Occidente. Tal cambio tampoco es indicio de la "paulatina islamización" de la política exterior turca, como pretenden algunos críticos. El nuevo activismo de Turquía es una reacción a cambios estructurales en su entorno de seguridad desde el final de la Guerra Fría. Y, si se le maneja apropiadamente, podría representar una oportunidad para que Washington y sus aliados occidentales se valgan de Turquía como un puente hacia Medio Oriente.

BAJAS DE GUERRA

Durante la Guerra Fría, las principales amenazas para la seguridad turca provinieron casi exclusivamente de la Unión Soviética. Hoy, Turquía enfrenta un conjunto mucho más diverso de desafíos: separatismo kurdo en aumento, violencia sectaria en Irak que podría extenderse, el ascenso de Irán y la fragmentación de Líbano, en parte a manos de grupos radicales que estrechan lazos con Siria e Irán. Ya que la mayor parte de estos grupos proviene de la periferia sur de Turquía y del Gran Medio Oriente, es comprensible que Turquía haya empezado a prestar más interés a la región.

Al mismo tiempo, los lazos de Turquía con Occidente se han deteriorado. Su camino para convertirse en miembro de la Unión Europea (UE) ha sido bloqueado por desacuerdos con Bruselas por el tema de Chipre y por las estancadas reformas políticas y económicas en Turquía, así como por la creciente preocupación entre los europeos por la inmigración, el desempleo y la expansión de la UE. Además, las relaciones de Turquía con Estados Unidos se han tensado cada vez más, en gran medida por la invasión estadounidense de Irak. Según una encuesta realizada por el German Marshall Fund en septiembre de 2006, 81% de los turcos desaprobaba (y sólo 7% aprobaba) la conducción de las políticas internacionales por parte del presidente George W. Bush. Hoy, Turquía se encuentra en una situación sin precedentes en la que, simultáneamente, tiene malas relaciones con la UE y con Estados Unidos.

Estas tendencias han coincidido con importantes cambios internos en la sociedad turca, y en cierto grado éstos las han reforzado. La élite pro occidental que dio forma a la política exterior turca desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha sido gradualmente sustituida por una más conservadora, más religiosa y más nacionalista, recelosa de Occidente y con una actitud más positiva hacia el pasado otomano de Turquía. El Partido Justicia y Desarrollo Islamista (conocido como AKP, por sus siglas en turco), actualmente en el poder y encabezado por el primer ministro Recep Tayyip Erdogan, ha logrado aprovechar el creciente nacionalismo popular integrándolo al Islam.

La Guerra del Golfo de 1990-1991 fue un catalizador decisivo para la reinserción de Turquía en Medio Oriente. Contra el consejo de muchos de sus asesores y de militares turcos, el presidente Turgut Özal dio el apoyo total de Turquía a la campaña militar estadounidense para expulsar a Irak de Kuwait. Aplicó las sanciones de la Onu cortando el flujo de las exportaciones petroleras de Irak por los oleoductos turcos, desplegó 100,000 soldados a lo largo de la frontera turco-iraquí y permitió que Estados Unidos realizara incursiones aéreas en Irak desde bases turcas. Özal consideró la guerra como una oportunidad para demostrar que Turquía seguía teniendo importancia estratégica y para consolidar lazos de defensa más estrechos con Estados Unidos. Esperaba que el apoyo turco fortalecería su "alianza estratégica" con Estados Unidos y mejoraría sus expectativas de adherirse a la Comunidad Europea (como se llamaba entonces la UE).

Las esperanzas de Özal resultaron ilusorias en ambos puntos. Nunca se materializó la alianza estratégica con Estados Unidos, y las posibilidades de Turquía para ser miembro de la Comunidad Europea apenas mejoraron. En lo económico, Turquía pagó un alto precio por su apoyo a la campaña militar estadounidense: perdió miles de millones de dólares en cuotas y comercio de los oleoductos. En lo político, tuvo que afrontar una considerable intensificación de su problema kurdo. El establecimiento de un Estado kurdo de facto en el norte de Irak, protegido por Occidente, dio nuevo ímpetu al nacionalismo kurdo y proporcionó una base logística para los ataques a territorio turco dirigidos por el Partido de los Trabajadores de Kurdistán, el violento grupo separatista kurdo conocido como PKK. Para muchos turcos, la guerra fue, como señaló el veterano observador de Turquía Ian Lesser, "el sitio donde empezó el problema".




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