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Seguridad y oportunidades para el siglo XXI Hillary Rodham Clinton De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008 Resumen: El próximo presidente de Estados Unidos tendrá un momento de oportunidad para volver a presentar al país ante el mundo y restaurar su liderazgo. Para construir un mundo seguro, próspero y justo necesitamos salir de Irak, redescubrir el valor de actuar como estadistas y vivir a la altura de los valores democráticos que son la fuente más profunda de nuestra fortaleza. Hillary Rodham Clinton es senadora por el estado de Nueva York y aspirante a la nominación presidencial del Partido Demócrata.
El mundo que queremos es también un mundo en el que se respeten los derechos humanos. Al claudicar en nuestros valores en nombre de la seguridad, el gobierno de Bush ha dejado a los estadounidenses preguntándonos si su discurso sobre la libertad en el mundo aún se aplica en nuestro país. Hemos socavado el apoyo internacional al combate al terrorismo al sugerir que es una tarea que no puede realizarse sin humillación, violaciones a los derechos fundamentales a la confidencialidad y la libertad de expresión, e incluso sin tortura. Debemos hacer que los derechos humanos vuelvan a estar en el centro de la política exterior estadounidense y a ser un elemento central de nuestra concepción de la democracia. Los derechos humanos no se harán realidad mientras una mayoría de la población mundial sea tratada como ciudadanos de segunda clase. Hace 12 años, la ONU celebró una conferencia histórica de mujeres en Beijing, donde tuve el orgullo de representar a nuestro país y proclamar que los derechos de la mujer son derechos humanos. De entonces a la fecha, en casi todos los continentes se ha elegido a mujeres como jefes de Estado. Gracias a Estados Unidos, muchas mujeres afganas, pero todavía no todas, han sido liberadas de uno de los regímenes más tiránicos y represivos de nuestro tiempo y están ahora en las escuelas, en la fuerza de trabajo y en el parlamento. Sin embargo, el progreso en áreas primordiales se ha rezagado, como lo prueban la persistente expansión del tráfico de mujeres, el uso continuado de la violación como instrumento de guerra, la marginación política de las mujeres y las atávicas diferencias de género en el empleo y la oportunidad económica. El liderazgo estadounidense, junto con un compromiso de incorporar la promoción de los derechos de la mujer en nuestras relaciones bilaterales y programas internacionales de asistencia, es esencial no sólo para mejorar la vida de las mujeres, sino para fortalecer las familias, comunidades y sociedades en las que viven. REVIVIR LA IDEA ESTADOUNIDENSE Un liderazgo experimentado, perspicaz, puede llevarnos lejos. Debemos aprovechar todas las dimensiones del poderío estadounidense y rechazar dilemas falsos, alentados por la ideología más que por los hechos. Un Estados Unidos que reconstruya su fortaleza y recobre sus principios podrá extender las bendiciones de la seguridad y la oportunidad por todo el mundo. En 1825, 50 años después de la batalla de Bunker Hill, el gran secretario de Estado Daniel Webster puso la primera piedra del Monumento de Bunker Hill que hoy se levanta en Boston. Se regocijó por el simple hecho de que Estados Unidos había sobrevivido y florecido, y celebró "el beneficio que el ejemplo de nuestro país ha producido, y el que probablemente produzca, sobre la libertad y la felicidad humanas". No glorificaba el poder estadounidense, sino más bien el poder de la idea estadounidense, la idea de que "con sabiduría y conocimiento los hombres pueden gobernarse a sí mismos". E invitó a quienes lo escuchaban, y a todos los estadounidenses, a mantener ese ejemplo y "cuidar que nada debilite su autoridad ante el mundo". Dos siglos después, es posible que nuestro poder económico y militar haya llegado mucho más allá de lo que nuestros antepasados hubieran imaginado. Pero ese poder sólo puede sostenerse y renovarse si podemos recuperar nuestra autoridad ante el mundo, la autoridad no sólo de un país grande y rico, sino de la idea estadounidense. Si podemos vivir conforme a esa idea, si podemos ejercer nuestro poder con sabiduría y bien, podemos volver a hacer grande a Estados Unidos.
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