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Seguridad y oportunidades para el siglo XXI Hillary Rodham Clinton De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008 Resumen: El próximo presidente de Estados Unidos tendrá un momento de oportunidad para volver a presentar al país ante el mundo y restaurar su liderazgo. Para construir un mundo seguro, próspero y justo necesitamos salir de Irak, redescubrir el valor de actuar como estadistas y vivir a la altura de los valores democráticos que son la fuente más profunda de nuestra fortaleza. Hillary Rodham Clinton es senadora por el estado de Nueva York y aspirante a la nominación presidencial del Partido Demócrata.
Por nuestra cuenta y riesgo, el gobierno de Bush ha descuidado a nuestros vecinos del sur. Hemos atestiguado el retroceso del desarrollo democrático y la apertura económica en partes de América Latina. Debemos retornar a una política de participación vigorosa; ésta es también una región demasiado crítica para que Estados Unidos se mantenga a la expectativa sin hacer nada. Debemos apoyar a las mayores democracias en desarrollo de la región, Brasil y México, y profundizar en la cooperación económica y estratégica con Argentina y Chile. Debemos continuar colaborando con nuestros aliados de Colombia, América Central y el Caribe para combatir las amenazas interconectadas del narcotráfico, el crimen y la insurgencia. Por último, debemos trabajar con nuestros aliados para brindar programas de desarrollo sustentable que promuevan la oportunidad económica y reduzcan la desigualdad para los ciudadanos de América Latina. La misma importancia tienen las filas crecientes de democracias en África -- algunas establecidas, algunas nuevas -- , que serán los motores del futuro del continente. Debemos concentrarnos en esos países para ofrecerles asistencia y otras formas de apoyo y trabajo conjunto para fortalecer instituciones regionales, como la Unión Africana. La UA busca emular a la Unión Europea en demandar y sostener la democracia entre sus miembros, pero tiene un largo trecho por recorrer. Hasta ahora no ha denunciado siquiera la flagrante corrupción política y la brutalidad de Robert Mugabe en Zimbabwe. También debe desarrollar la capacidad de actuar con fuerza y rapidez suficientes para detener las atrocidades masivas, como las de Darfur. Nuestros intereses en África son estratégicos, no sólo humanitarios. Abarcan los esfuerzos de Al Qaeda por buscar refugios seguros en Estados fallidos en el Cuerno de África y la creciente competencia con otros actores globales, como China, por los recursos naturales de ese continente. La solución de largo plazo, para nosotros y para África, es ayudar a los africanos a fomentar tanto la voluntad como la capacidad de atender sus problemas y ayudar al continente a vivir de acuerdo con su vasto potencial. CONSTRUIR EL MUNDO QUE QUEREMOS Para construir el mundo que queremos, debemos comenzar por hablar con franqueza de los problemas que enfrentamos. Tendremos que hablar de las consecuencias que nuestra invasión de Irak llevó al pueblo iraquí y a otros de la región. Tendremos que hablar de Guantánamo y Abu Ghraib. También tendremos que dar pasos concretos para aumentar la seguridad y esparcir las oportunidades por todo el mundo. La educación es el fundamento de la oportunidad económica y debe estar en el centro de los esfuerzos de asistencia de Estados Unidos. Más de 100 millones de niños en el mundo en desarrollo no van a la escuela. Otros 150 millones desertan antes de terminar la educación primaria. Al fallar a estos niños, sembramos las semillas de generaciones perdidas. Como presidenta, presionaré para que se apruebe con rapidez la Ley de Educación para Todos, la cual proporcionará 10000 millones de dólares durante un periodo de cinco años para preparar maestros y construir escuelas en el mundo en desarrollo. Este programa canalizaría fondos a los países que ofrezcan los mejores planes sobre la forma de emplearlos y medir con rigor el desempeño para asegurar que nuestros dólares rindan los mejores resultados para los niños. La lucha contra el VIH/sida, la tuberculosis, la malaria y otras temibles enfermedades es tanto un imperativo moral como una necesidad práctica. Estas enfermedades han creado una generación de huérfanos, y retrasado por décadas el progreso económico y político en muchos países. A menudo estos problemas parecen abrumadores, pero podemos resolverlos con los recursos combinados de los gobiernos, el sector privado, organizaciones no gubernamentales e instituciones de caridad como la Bill and Melinda Gates Foundation. Podemos fijar objetivos específicos en rubros como expandir el acceso a la educación primaria, suministrar agua limpia, reducir la mortalidad infantil y materna y revertir la propagación del VIH/sida y otras enfermedades. Podemos reforzar la Organización Internacional del Trabajo para la aplicación de normas laborales, de la manera en que fortalecimos la Organización Mundial del Comercio para la aplicación normas comerciales. Tales políticas demuestran que al hacer el bien hacemos lo correcto. Este tipo de inversión y diplomacia logrará resultados para Estados Unidos, al construir buena voluntad aun en lugares donde nuestro prestigio ha sufrido reveses. Debemos también convertir las amenazas en oportunidades. El desafío en apariencia abrumador del cambio climático es un ejemplo primordial. Lejos de ser un lastre para el crecimiento global, el control del clima representa una poderosa oportunidad económica que puede impulsar el crecimiento, los empleos y la ventaja competitiva en el siglo XXI. Como presidenta, daré prioridad a la lucha contra el calentamiento global. No podemos resolver solos la crisis del clima, y el mundo no la puede resolver sin nosotros. Estados Unidos debe volver a participar en negociaciones internacionales sobre el cambio climático y brindar el liderazgo necesario para alcanzar un acuerdo global vinculante sobre el clima. Pero primero debemos restaurar nuestra credibilidad en la materia. Países que emergen con rapidez, como China, no limitarán sus emisiones de carbono hasta que Estados Unidos haya demostrado un compromiso serio para reducir las suyas mediante un enfoque de límites máximos y comercio basado en el mercado. También debemos ayudar a los países en desarrollo a construir infraestructuras locales eficientes y ambientalmente sustentables. Dos terceras partes del crecimiento de la demanda energética en los próximos 25 años provendrán de países con poca infraestructura existente. Allí también hay muchas oportunidades: Malí electrifica comunidades rurales con energía solar, Malawi desarrolla una estrategia de energía con biomasa, y toda África puede ofrecer créditos de carbono a Occidente. Por último, debemos crear nexos formales entre la Agencia Internacional de Energía, China e India para crear un foro internacional "E-8", con base en el modelo del G-8. Este grupo estaría formado por los principales países emisores de carbono y realizaría una cumbre mundial dedicada a temas internacionales de ecología y recursos.
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