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Seguridad y oportunidades para el siglo XXI Hillary Rodham Clinton De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008 Resumen: El próximo presidente de Estados Unidos tendrá un momento de oportunidad para volver a presentar al país ante el mundo y restaurar su liderazgo. Para construir un mundo seguro, próspero y justo necesitamos salir de Irak, redescubrir el valor de actuar como estadistas y vivir a la altura de los valores democráticos que son la fuente más profunda de nuestra fortaleza. Hillary Rodham Clinton es senadora por el estado de Nueva York y aspirante a la nominación presidencial del Partido Demócrata.
Para reafirmar nuestro liderazgo en la no proliferación, buscaré negociar un acuerdo que reduzca de modo sustancial y verificable los arsenales nucleares estadounidenses y rusos. Esta drástica iniciativa enviará un fuerte mensaje de restricción nuclear al mundo, y así conservaremos fuerza suficiente para desalentar a otros de tratar de igualar nuestro arsenal. También procuraré que el Senado apruebe el Tratado para la Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares en 2009, en el décimo aniversario de que fuera rechazado inicialmente por ese órgano legislativo. Esto aumentará la credibilidad de Estados Unidos al demandar que otros países se abstengan de realizar pruebas. Como presidenta, apoyaré los esfuerzos por complementar el Tratado de No Proliferación Nuclear. Establecer un banco internacional de combustibles, que garantice acceso seguro al combustible nuclear a precios razonables, ayudaría a limitar el número de países que representan riesgos de proliferación. En el Senado he presentado iniciativas de ley para acelerar y revigorizar los esfuerzos de Estados Unidos para prevenir el terrorismo nuclear. Como presidenta, haré todo lo que esté en mi poder para garantizar que las armas nucleares, biológicas y químicas, y los materiales para fabricarlas, no lleguen a manos de terroristas. Mi primer objetivo será retirar todo el material nuclear de los sitios nucleares más vulnerables del mundo y asegurar con eficacia el resto durante mi primer periodo en el cargo. También es necesario un manejo de estadista para atraer a países que no son adversarios pero que desafían a Estados Unidos en muchos frentes. El presidente ruso Vladimir Putin ha frustrado un plan elaborado cuidadosamente por la ONU que habría puesto a Kosovo en un camino tardío hacia la independencia, ha intentado usar los energéticos como arma política contra los vecinos de su país y más allá, y puesto a prueba a Estados Unidos y Europa en una variedad de temas de no proliferación y armamento. También ha suprimido muchas de las libertades conquistadas después de la caída del comunismo, creado una nueva clase de oligarcas e interferido profundamente en los asuntos internos de las ex repúblicas soviéticas. Sin embargo, es un error ver a Rusia sólo como una amenaza. Putin ha utilizado la riqueza del país para expandir la economía, de modo que más ciudadanos rusos disfrutan hoy de un nivel de vida cada vez más alto. Necesitamos atraer selectivamente a Rusia hacia temas de gran importancia nacional, como frustrar las ambiciones nucleares de Irán, asegurar las armas nucleares desprotegidas en Rusia y en las ex repúblicas soviéticas, y alcanzar una solución diplomática en Kosovo. Al mismo tiempo, debemos dejar en claro que nuestra capacidad de ver en Rusia un socio legítimo depende de que ésta elija entre fortalecer la democracia o volver al autoritarismo y la interferencia regional. Nuestra relación con China será el vínculo bilateral más importante en el mundo durante este siglo. Estados Unidos y China tienen valores y sistemas políticos sumamente diferentes, pero, pese a que disentimos profundamente en temas que van desde el comercio hasta los derechos humanos, la libertad religiosa, las prácticas laborales y el Tíbet, hay mucho que ambos países podemos lograr juntos. El apoyo de China fue importante para lograr un acuerdo que desmantelara las instalaciones nucleares de Corea del Norte. Debemos construir sobre ese marco para instaurar un régimen de seguridad en el norte de Asia. Sin embargo, el ascenso de China crea nuevos desafíos. Los chinos han comenzado a darse cuenta al fin de que su rápido crecimiento económico implica un tremendo costo ambiental. Estados Unidos debe emprender un programa conjunto con China y Japón para desarrollar nuevas fuentes de energía limpia, promover mayor eficiencia y combatir el cambio climático. Este programa formará parte de una política energética global que requerirá una drástica reducción de la dependencia estadounidense del petróleo extranjero. Debemos persuadir a China para que se una a las instituciones globales y apoye las normas internacionales, construyendo sobre zonas en las que nuestros intereses converjan y trabajando para reducir nuestras diferencias. Si bien Estados Unidos debe estar preparado para desafiar a China cuando su conducta vaya en contra de nuestros intereses vitales, debemos trabajar por un futuro de cooperación. FORTALECER ALIANZAS Es importante atraer a los adversarios, pero aún más tranquilizar a nuestros aliados. Debemos restablecer nuestra relación tradicional de confianza con Europa. Los desacuerdos son inevitables, aun entre los amigos más cercanos, pero nunca podemos olvidar que en la mayoría de los asuntos globales no tenemos aliados en los que confiemos más que en los de Europa. El nuevo gobierno tendrá oportunidad de tender la mano a través del Atlántico hacia una nueva generación de gobernantes en Alemania, Francia y el Reino Unido. Cuando Estados Unidos y Europa trabajan juntos, los objetivos globales están a nuestro alcance. En Asia, India tiene un significado especial como potencia emergente y como la democracia más poblada del planeta. Como copresidenta de la Comisión sobre India en el Senado, reconozco la tremenda oportunidad que representa el ascenso de ese país y la necesidad de darle mayor voz en asuntos regionales e internacionales, por ejemplo en la ONU. Debemos hallar vías adicionales para que Australia, India, Japón y Estados Unidos colaboren en temas de interés mutuo, como combatir el terrorismo, cooperar en el control del cambio climático global, proteger las reservas globales de energía y profundizar en el desarrollo económico.
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