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Seguridad y oportunidades para el siglo XXI Hillary Rodham Clinton De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008 Resumen: El próximo presidente de Estados Unidos tendrá un momento de oportunidad para volver a presentar al país ante el mundo y restaurar su liderazgo. Para construir un mundo seguro, próspero y justo necesitamos salir de Irak, redescubrir el valor de actuar como estadistas y vivir a la altura de los valores democráticos que son la fuente más profunda de nuestra fortaleza. Hillary Rodham Clinton es senadora por el estado de Nueva York y aspirante a la nominación presidencial del Partido Demócrata.
Al retirar nuestras tropas de Irak, remplazaré nuestra fuerza militar con una iniciativa de diplomacia intensiva en la región. El gobierno de Bush ha comenzado tardíamente a incorporar a Irán y Siria en conversaciones sobre el futuro iraquí. Es un paso en la dirección correcta, pero hay que hacer mucho más. Como presidenta, convocaré a un grupo de estabilización regional compuesto de aliados clave, otras potencias globales y todos los Estados vecinos de Irak. En colaboración con el recién designado enviado especial de la ONU en Irak, el grupo se encargará de crear y aplicar una estrategia para lograr un Irak estable, que ofrezca incentivos a Arabia Saudita, Irán, Siria y Turquía para no interferir en la guerra civil. Por último, tenemos que incorporar al mundo en un esfuerzo humanitario global para hacer frente a los costos humanos de la guerra. Debemos atender el reclamo de los dos millones de iraquíes que han huido de su país y de los dos millones más que han sido desplazados internamente. Para ello se requerirá un esfuerzo internacional de muchos miles de millones de dólares, bajo la dirección del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Entre tanto, Estados Unidos, junto con gobiernos de Europa y Medio Oriente, debe acceder a recibir a quienes busquen asilo y ayudarlos a regresar a Irak cuando puedan hacerlo en condiciones de seguridad. Mientras damos un nuevo emplazamiento a las tropas para que salgan de Irak, no debemos bajar la guardia ante el terrorismo. Ordenaré que unidades especializadas emprendan operaciones específicas contra Al Qaeda en Irak y contra otras organizaciones terroristas en la región. Estas unidades brindarán también seguridad a soldados y personal de Estados Unidos en Irak y adiestrarán y equiparán a los servicios de seguridad iraquíes para que mantengan el orden y promuevan la estabilidad en el país, pero sólo en la medida en que tal adiestramiento funcione en realidad. También consideraré dejar algunas fuerzas en la zona kurda del norte de Irak para proteger la democracia frágil pero real y la relativa paz y seguridad que se han instaurado allí, pero con el claro entendimiento de que se debe enfrentar a la organización terrorista PKK (Partido de Trabajadores del Kurdistán) y respetar la frontera con Turquía. Salir de Irak nos permitirá desempeñar un papel constructivo en la reanudación del proceso de paz en Medio Oriente, que signifique seguridad y relaciones normales para Israel y los palestinos. Los elementos fundamentales de un acuerdo final han estado claros desde 2000: un Estado palestino en Gaza y Cisjordania a cambio de una declaración de que el conflicto ha terminado, el reconocimiento del derecho de Israel a existir, garantías de seguridad israelí, reconocimiento diplomático de Israel y normalización de sus relaciones con los países árabes. La diplomacia estadounidense es esencial para ayudar a resolver este conflicto. Además de facilitar las negociaciones, debemos participar en la diplomacia regional a fin de obtener apoyo árabe para una dirigencia palestina que se comprometa con la paz y esté dispuesta a entrar en un diálogo con los israelíes. Sea que Estados Unidos logre contribuir a propiciar un acuerdo final o no, su participación constante puede reducir el nivel de violencia y restaurar nuestra credibilidad en la región. Para ayudar a nuestras fuerzas a recobrarse de Irak y prepararlas a enfrentar toda la gama de amenazas del siglo XXI, trabajaré para expandir y modernizar las fuerzas armadas, de modo que la participación en guerras ya no se realice a costa de los despliegues para desalentar agresiones de largo plazo, de la capacidad y preparación militar o de las respuestas a necesidades urgentes en territorio nacional. Como única integrante del Senado que ha prestado servicio en el Grupo Asesor para la Transformación establecido por el Comando Conjunto de las Fuerzas de Estados Unidos, he tenido la oportunidad de explorar estos asuntos en detalle. La innovación militar continua es esencial, pero el gobierno de Bush ha socavado ese objetivo al enfocarse obsesivamente en una tecnología costosa y no probada a la vez que hacía la suposición, trágicamente errónea, de que fuerzas ligeras de invasión no sólo podían conquistar al Talibán y a Saddam Hussein, sino también estabilizar Afganistán e Irak. Nuestros valientes soldados que sufren heridas en Afganistán e Irak deben recibir atención médica, beneficios, adiestramiento y el apoyo que merecen. El tratamiento de los soldados lesionados en el Walter Reed Army Medical Center fue una farsa. Los que convalecen o luchan por construirse una nueva vida luego de sufrir dolorosas heridas necesitan una versión ampliada de la Ley de Licencias por Razones Familiares y Médicas, que permita a sus familias brindarles el respaldo que necesitan. Más allá de la atención médica, también ya es hora de crear una moderna Carta de Derechos del Combatiente, para ampliar las oportunidades profesionales y empresariales, así como el acceso a estudios y a la propiedad de vivienda. GANAR LA VERDADERA GUERRA CONTRA EL TERRORISMO Debemos ser implacables en la continuación de la guerra contra Al Qaeda y en el número cada vez mayor de organizaciones extremistas que tienen las mismas miras. Esos terroristas están más decididos que nunca a atacar a Estados Unidos. Si creen que pueden llevar a cabo otro 11-S, no tengo la menor duda de que lo intentarán. Para detenerlos, necesitamos utilizar todos los instrumentos que tenemos. En ciudades de Europa y Asia -- como Hamburgo y Kuala Lumpur, que fueron plataformas para el 11-S -- , células terroristas se preparan para ataques futuros. Debemos entender no sólo sus métodos, sino sus motivos: rechazo a la modernidad, a los derechos de la mujer y a la democracia, así como una peligrosa nostalgia por un pasado mítico. Debemos desarrollar una estrategia integral enfocada en la educación, la inteligencia y la aplicación de la ley para contrarrestar no sólo a los terroristas en sí, sino también a las fuerzas más grandes que alimentan el apoyo a su extremismo. El frente olvidado de la guerra contra el terrorismo es Afganistán, donde se debe reforzar nuestro esfuerzo militar. No puede permitirse que el Talibán recupere el poder en ese país; si lo hace, Al Qaeda regresará con él. Sin embargo, las actuales políticas estadounidenses han debilitado al gobierno del presidente Hamid Karzai y permitido que el Talibán recupere muchas zonas, en especial en el sur. El comercio de heroína, en gran parte sin trabas, financia a los combatientes del Talibán y a los terroristas de Al Qaeda que atacan a nuestros soldados. Además de participar en esfuerzos antinarcóticos, debemos buscar agotar las oportunidades de reclutamiento para el Talibán, financiando programas de sustitución de cultivos, una iniciativa de construcción de caminos en gran escala, instituciones para capacitar y preparar a los afganos para una calidad de gobierno honesta y eficaz, y programas que permitan a las mujeres desempeñar un mayor papel en la sociedad.
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