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El Plan Colombia. Consecuencias no deseadas Adam Isacson De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008 Resumen: Como estrategia contra el narcotráfico, el Plan Colombia ha sido una gran decepción. Como estrategia de seguridad, la asistencia estadounidense ha contribuido modestamente, pero los logros recientes son, sobre todo, producto de los esfuerzos del propio país sudamericano. Y el tema de los derechos humanos sigue siendo preocupante. Adam Isacson es director de programas del Center for International Policy en Washington, D.C.
Hace casi ocho años, el gobierno de Clinton y la mayoría republicana del Congreso estadounidense diseñaron un paquete de ayuda equivalente a 1,300 millones de dólares para Colombia y sus vecinos. Esta partida especial fue el pago inicial de un compromiso multianual, militar en su mayor parte, con el "Plan Colombia", marco para nuevas inversiones del gobierno colombiano y apoyo de donadores extranjeros. El Plan Colombia ha sido controvertido desde su aprobación y hasta la fecha. Los desacuerdos sobre si la política elegida funcionó o no difícilmente podrían ser más enconados. Para verlos, no es necesario ir más allá del informe que acompaña a la versión 2008 de la ley de financiación de ayuda exterior de la Cámara de Representantes. El informe lo escribió, casi en su totalidad, la nueva mayoría del Partido Demócrata, cuyos miembros han criticado al Plan Colombia desde su introducción. "La meta permanente de que Colombia reduzca el cultivo, el procesamiento y la distribución [de drogas] no ha funcionado y la narcoeconomía sigue creciendo, debilitando aún más el tejido social colombiano", dice literalmente el texto. "El Comité hace notar que éste es ya el octavo año de un plan plurianual cambiante. Este programa no está funcionando." Con una opinión contraria, los miembros republicanos del comité pintaron una imagen más optimista. "La ayuda estadounidense ha sido la responsable directa de llevar estabilidad a Colombia. Cuando inició el Plan Colombia, el país estaba desgarrado por la guerra civil. Los ciudadanos colombianos no podían viajar libremente dentro de sus fronteras. Desde que entró en vigor, el índice de secuestros ha caído 75%, el producto interno bruto ha pasado de incrementos de 1.5 a 7% anual, y han aumentado las exportaciones estadounidenses a Colombia." ¿Dónde radica la verdad? ¿Fue el Plan Colombia un éxito, y acaso un modelo potencial para las actividades estadounidenses en Irak y Afganistán, como han dado a entender algunos funcionarios del gobierno de Bush? ¿O fue una forma mal dirigida de tirar el dinero que fracasó en la consecución de sus principales objetivos explícitos? La verdad reside en algún lugar entre estas dos visiones pero, en el espectro que va del éxito al fracaso, está más cerca del fracaso. Como estrategia contra el narcotráfico, el Plan Colombia ha sido una gran decepción. Como estrategia de seguridad, la asistencia estadounidense ha contribuido modestamente a algunas de las recientes mejoras en medidas contra la violencia, pero estos logros pueden considerarse, sobre todo, resultado de los esfuerzos de la propia Colombia. Por último, el tema de los derechos humanos sigue siendo preocupante. Los avances sólo serán sustentables si el Plan Colombia -- y la asistencia estadounidense que lo mantiene -- abandona su enfoque esencialmente centrado en lo militar. El éxito dependerá de que se haga mucho más en dos aspectos. Primero, las instituciones civiles del Estado colombiano deben cerrar filas y tener presencia por primera vez en vastas áreas de las que históricamente han estado ausentes. Segundo, y quizá más importante, Colombia necesita facultar a quienes trabajan -- dentro y fuera del Estado, y con frecuencia en un clima de alto riesgo -- para terminar con la desafortunada tradición de impunidad que prevalece en el país frente a crímenes que van de la corrupción al narcotráfico y las violaciones a los derechos humanos. El término "Plan Colombia" se refiere a un paquete de nueva inversión militar y social equivalente a 7,500 millones de dólares para seis años que se creó a finales de 1999. Frente a una situación de inseguridad cada vez peor y con gran presión de Estados Unidos para planear una estrategia, Bogotá se comprometió a contribuir con 4,000 millones de dólares para este "plan para la paz, la prosperidad y el fortalecimiento del Estado". El resto debía provenir de donantes extranjeros. Buena parte de los Estados donantes europeos, incómodos con el gran componente militar del paquete y descontentos por haber sido marginados de su diseño, decidieron no participar en él, lo que dejó a Estados Unidos prácticamente como único proveedor de fondos extranjeros. Entre 2000 y 2007, Washington aportó ayuda a Bogotá por alrededor de 5,400 millones de dólares. Colombia es el quinto receptor de asistencia estadounidense, sólo después de Irak, Israel, Afganistán y Egipto. Más de 80% de este total -- 4,400 millones de dólares -- ha servido para apoyar a las fuerzas armadas y la policía colombianas. De esta asistencia en materia de seguridad, buena parte se ha destinado para que Colombia deje de ser la fuente de más de 80% de la cocaína, y de aproximadamente la mitad de la heroína, que se vende en Estados Unidos. Desde 1999 Washington ha entregado a Bogotá más de 90 helicópteros, adiestrado a más de 60,000 policías, soldados, marinos y miembros de la fuerza aérea y ha ayudado a desplegar varias unidades móviles, entre ellas una brigada antinarcóticos de 2,300 miembros de las fuerzas armadas colombianas. Un programa de fumigación aérea de herbicidas ha rociado más de 800,000 hectáreas de territorio colombiano -- equivalente a casi 15 hectáreas por hora, noche y día, durante los últimos ocho años -- en un esfuerzo por detener el cultivo de la coca, la planta de la que se extrae la cocaína.
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