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No todo lo que es oro brilla y no todo lo que brilla es oro
Joel Fyke y Maureen Meyer
De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008

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Resumen: El componente centroamericano de la Iniciativa Mérida pasó inadvertido, quizá por lo poco que le correspondía del monto final. Si bien la cantidad es pequeña, el enfoque parece ir en la dirección correcta al atacar algunos de los componentes clave de los problemas de seguridad para América Central. Sin embargo, estos fondos deben ser sólo el inicio de un compromiso de cooperación de más largo plazo.

Joel Fyke es investigador sobre Crimen Organizado y Seguridad Pública de la Washington Office on Latin America (WOLA). Maureen Meyer es coordinadora del Programa para México y América Central de la WOLA.

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[continúa...]

La inclusión del tráfico de armas pequeñas como gran preocupación para los Estados miembros del SICA demostró que existe un entendimiento más profundo de los orígenes de la violencia en América Central. También involucró implícitamente a México y Estados Unidos, ya que un gran número de las armas pequeñas en América Central cruzan primero los dos países al norte de la región.

La elección del SICA como el foro en el cual desarrollar un plan de seguridad regional es un viraje significativo, ya que en años recientes las discusiones sobre temas similares han tenido lugar entre los ejércitos de la región por medio de la Conferencia de Fuerzas Armadas Centroamericanas (CFAC) y durante las discusiones "subregionales" en el marco de la reunión anual de la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. El desarrollo del plan dentro del SICA y la falta de un papel explícito para los militares son signos alentadores de que los países involucrados pueden apoyar finalmente una respuesta civil en vez de militar a sus preocupaciones de seguridad.

Cuando el subsecretario Shannon partió de Guatemala rumbo a Washington, prometió un millón de dólares para que este esquema se convirtiera en un plan específico sobre cómo implementaría América Central una estrategia de seguridad regional. En octubre, la Cámara de Representantes de Estados Unidos mostró su apoyo al aprobar por unanimidad una iniciativa presentada por el representante Eliot Engel (demócrata por Nueva York), que subrayaba la necesidad de cooperar más con la región en los temas de crimen y violencia.

LA CAMBIANTE DEFINICIÓN DE SEGURIDAD

A la base de la discusión de seguridad está una reevaluación en América Central sobre lo que significa esa seguridad, con un nuevo enfoque centrado en las amenazas internas, como las pandillas y el crimen organizado, en vez de en las ideologías o rivalidades interestatales. Luego de los acuerdos de paz en la región centroamericana a finales de los ochenta y principios de los noventa, la falta de oportunidades económicas reales y la rentabilidad del comercio de drogas dejaron a las instituciones democráticas nacientes de la región en una condición de incapacidad para proporcionar elementos que pudieran sentar las bases de la estabilidad económica y la seguridad fundamental. Las pandillas juveniles se diseminaron por muchas ciudades en El Salvador, Guatemala y Honduras, y los narcotraficantes se aprovecharon de la situación para establecer rutas de tráfico a través del corredor centroamericano.

Durante esa época de crisis en América Central, Estados Unidos y otros actores institucionales desempeñaron un papel crucial en la reconstrucción y reforma de las instituciones de seguridad pública al reclutar, adiestrar y equipar a las fuerzas policiacas en países como El Salvador y Guatemala. Sin embargo, cuando Estados Unidos y otros donantes internacionales dejaron de financiar programas de seguridad pública en el istmo, muchas de las instituciones se atrofiaron rápidamente hasta convertirse en fuerzas policiacas corruptas e ineficaces.

El aumento alarmante en la criminalidad en América Central en años recientes se ha convertido en un tema prioritario para los países de la región, al igual que para la comunidad internacional. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), los países centroamericanos alcanzan ahora las tasas de homicidio intencional más altas que se hayan registrado. La ONUDD estima que hay aproximadamente medio millón de armas de fuego registradas legalmente en América Central, y alrededor de otras 800,000 no registradas en manos de civiles. Las altas tasas de crimen y violencia, exacerbadas por el narcotráfico y las pandillas, afectan a las instituciones democráticas y al desarrollo económico de la región.

La Iniciativa Mérida es la primera propuesta en años que recomienda un aumento significativo en los fondos destinados a la seguridad pública en América Central. En años recientes, la principal voz sobre seguridad proveniente de Estados Unidos era el Comando Sur (USSOUTHCOM, por sus siglas en inglés) que, por su naturaleza, promovía un enfoque militar a las crisis de seguridad en la región centroamericana. Dentro de este marco fundamentalmente limitado se han presentado varias propuestas, pero ninguna estrategia regional ha podido despegar jamás, lo que muestra las dificultades para la cooperación regional que provocan las preocupaciones relacionadas con la soberanía, la competencia entre los países y, sobre todo, la falta de fondos.

Reuniones recientes de los ministros de Defensa del hemisferio se han concentrado en el desarrollo de estrategias de seguridad subregional. En estas reuniones, los representantes centroamericanos han abrazado el concepto de que cada subregión (Cono Sur, Caribe, América Central y demás) existe dentro de su propia realidad y debe combatir sus amenazas a la seguridad de la forma que crea más conveniente.

Como era de esperarse, considerando los foros en los que han sido propuestos, muchos de estos planes para una integración más cercana han incluido un papel prominente para las fuerzas armadas centroamericanas. De hecho, la idea de que las pandillas, el crimen organizado y el tráfico de drogas son áreas de preocupación prioritaria para las fuerzas armadas de las regiones se ha convertido en un lugar común en las discusiones entre los ministros de Defensa de esas zonas y entre sus fuerzas armadas y el USSOUTHCOM. Estas tres áreas marcan lo que se ha empezado a conocer en círculos militares como "amenazas emergentes", y por tanto están en la arena de las amenazas a la seguridad que necesitan soluciones militares.




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