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Déjà vu. La política antidrogas en la relación México-Estados Unidos Laurie Freeman De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008 Resumen: La Iniciativa Mérida parece no tener precedentes, pero la novedad radica en su magnitud y no en la estrategia que propone. Si bien puede producir algunos resultados positivos de corto plazo, es poco probable que tenga un impacto duradero en el tráfico de drogas. La iniciativa se basa en una estrategia fallida que no toma en cuenta el principal factor que fomenta este comercio: la demanda de drogas ilegales de millones de estadounidenses. Laurie Freeman es asociada de la Washington Office on Latin America (WOLA), organización no lucrativa dedicada a la investigación, las políticas públicas y el apoyo de distintas causas en favor del avance de la democracia, los derechos humanos y la justicia social en la política estadounidense hacia América Latina. Es candidata a la maestría en Políticas Públicas en la Woodrow Wilson School of Public and International Affairs de la Princeton University.
Los distintos niveles de violencia relacionada con las drogas aterrorizan la vida en México. Criminales fuertemente armados pasean libremente por las calles y entran sin ningún pudor a edificios de oficinas y restaurantes para asesinar a sus objetivos. En los centros de las ciudades se desatan tiroteos. En calles y zanjas aparecen cadáveres con claros indicios de tortura; algunas víctimas desaparecen sin dejar rastro. Para combatir al fuego con fuego, el gobierno mexicano ha enviado tropas en un intento de poner freno a la violencia; el estadounidense ha anunciado un programa para adiestrar a miles de miembros de las fuerzas de seguridad mexicanas y proveerlas con helicópteros y otros equipos. El gobierno estadounidense también pretende mejorar las instituciones policiacas y judiciales mexicanas mediante la verificación de antecedentes de los agentes, su adiestramiento y la provisión de tecnología de punta. Esto parece una descripción actualizada de la guerra contra las drogas en México y la "Iniciativa Mérida", el nuevo plan antidrogas del gobierno estadounidense que "no tiene precedentes". Pero también podría servir para describir el narcotráfico y la violencia relacionada con él que desquició la frontera México-Estados Unidos hace una década, al igual que las políticas antidrogas de Estados Unidos y México implementadas para combatirlos. Por supuesto que existen diferencias entre el México de hoy y el de hace una década. Alrededor de 90% de la cocaína que llega a Estados Unidos pasa por México, en contraste con 60% que llegaba en los años noventa. Quienes en su momento fueron poderosos señores de la droga han sido asesinados o encarcelados . . . sólo para que los remplazaran capos todavía más despiadados. La violencia se ha extendido a otros pueblos fronterizos, al igual que a ciudades otrora tranquilas del interior del país. Las tácticas de los cárteles de la droga se han vuelto más estremecedoras, y las decapitaciones se han vuelto una "solución" cada vez más popular. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) ya no está en el poder y el presidente Felipe Calderón ha perseguido agresivamente a los cárteles de la droga, extraditando a un número récord de delincuentes a Estados Unidos. Pero las dinámicas básicas del narcotráfico no han cambiado. Ya que las drogas son ilegales -- y con gran demanda en Estados Unidos -- los traficantes usan plata o plomo para pasar los estupefacientes a través de la frontera. También usan la violencia para eliminar rivales, hacer cumplir contratos e intimidar a cualquiera que se ponga en su camino. Sorprendentemente, la estrategia del gobierno estadounidense para enfrentar al comercio de drogas tampoco ha cambiado. Se enfoca en el adiestramiento y las herramientas para la aplicación de la ley, como son helicópteros, computadoras y software, sistemas de comunicación y equipos de inspección, pero pone poca atención a las reformas institucionales necesarias para ayudar a las agencias de cumplimiento de la ley de México a resistir más adecuadamente la corrupción. La novedad de la Iniciativa Mérida radica en su magnitud y no en su estrategia. Muchos en Washington no se dan cuenta de que el gobierno estadounidense ya ha recorrido ese camino, ni conocen la historia del fracaso espectacular de esa empresa. La Iniciativa Mérida debe evaluarse a la luz de los esfuerzos estadounidenses antidrogas que la precedieron. Al hacerlo, es evidente que existen pocos fundamentos para creer que la estrategia funcionará en esta ocasión. LA PRIMERA VEZ Hace una década, los cárteles de Juárez y Tijuana usaban los asesinatos múltiples y la corrupción entre sí conforme trataban de dominar el comercio de las drogas. Su enfrentamiento llevó a incontables ejecuciones, al menos cien desapariciones y al asesinato de un cardenal de la Iglesia católica en el aeropuerto de Guadalajara, Jalisco, en la zona central de México. Para combatirlos, los gobiernos mexicano y estadounidense recurrieron al ejército mexicano que, según ellos, era más confiable que la policía y estaba mejor equipado con las armas y el equipo necesarios para hacer frente a cárteles cada vez más violentos y sofisticados. El Pentágono diseñó un programa para entrenar y equipar a miles de soldados mexicanos, pertenecientes a grupos de élite conocidos como Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales (gafe) para desempeñarse como "tropas de asalto listas para el combate con el fin de atacar a los cárteles de la droga". En 1997 y de nuevo en 1998, más de 1000 soldados mexicanos, entre ellos muchos miembros de los gafe, recibieron adiestramiento en Estados Unidos. Los capacitaron en mantenimiento y operación de helicópteros, así como en tácticas de asalto, explosivos, guerrilla rural y urbana, interceptación de drogas y obtención de inteligencia operativa y planeación. Para equipar estas unidades, el gobierno estadounidense donó equipos al ejército mexicano, incluidos cuatro aviones C-26 y 73 helicópteros UH-1H.
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