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La Iniciativa Mérida y el combate nacional al crimen organizado Carlos Rico F. De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008 Resumen: La Iniciativa Mérida es mucho más y mucho menos de lo que parece. La estrategia nacional de lucha contra el crimen organizado es como un juego de "cajas chinas": la primera y mayor es la estrategia nacional e integral; dentro de ella hay otra que se refiere al papel de la cooperación internacional en este combate. La tercera es la cooperación con Estados Unidos y, dentro de ésta, la transferencia de recursos en la que se ha centrado la atención pública es sólo una parte. Carlos Rico F. es subsecretario para América del Norte de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México. Las opiniones expresadas en este ensayo son únicamente las de su autor y no representan necesariamente las de la dependencia donde colabora.
Quinto. El último objetivo que me interesa destacar tiene un alcance genuinamente transversal en relación con los diversos componentes de la estrategia nacional de lucha contra el crimen organizado y se refiere a la profesionalización de los cuadros humanos de los que depende la adecuada instrumentación de todas las tareas que hemos revisado. La capacitación en el uso de los equipos y la tecnología de punta que constituye el núcleo del esfuerzo de incremento de capacidades descrito a lo largo de este ensayo es imprescindible para garantizar que su operación y manejo se mantenga en manos de mexicanos, requisito fundamental de una estrategia realmente nacional. El esfuerzo de profesionalización, empero, rebasa estas dimensiones e incluye el desarrollo de esquemas seguros de verificación y control de confianza, en los que se basen decisiones críticas relacionadas con la selección y el reclutamiento, la evaluación y la permanencia en el empleo de los cuadros involucrados en el combate contra el crimen organizado. El logro de cada uno de estos objetivos plantea necesidades específicas de equipo y de tecnología, para los cuales la genuina cooperación internacional puede hacer una contribución significativa. EL PAPEL DE LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL La estrategia integral de combate al crimen organizado, de la que forman parte los objetivos recién resumidos, surge de la consideración de nuestros intereses nacionales y plantea los términos de un esfuerzo también fundamentalmente nacional. El diagnóstico de la situación, la definición tanto de la estrategia como de los objetivos operativos y la identificación de las necesidades de cada una de las dependencias participantes han sido todas tareas desarrolladas por las autoridades mexicanas. La experiencia adquirida a lo largo de años de cooperación en la materia con otros gobiernos es, desde luego, una de las más importantes fuentes de su evaluación y de sus decisiones. Pero la determinación del papel específico de las distintas formas de cooperación internacional en el combate contra el crimen organizado se funda claramente en la consulta interna de y entre las dependencias mexicanas que participan en dicho combate. La complejidad y la amplitud de las tareas involucradas, al igual que la sensibilidad extrema de muchas de ellas, aconseja definir prioridades claras a este respecto. Incorporar en este ámbito preferentemente aquello que no podamos llevar a cabo con nuestros propios recursos constituye la regla central de este ejercicio. Tal es el caso, por ejemplo, cuando lo que se necesita es que otro Estado emprenda acciones en su propia jurisdicción o cuando los recursos requeridos no están disponibles comercialmente. Aun con estas condiciones, sin embargo, el espacio de la cooperación internacional en la lucha contra el crimen organizado es no sólo amplio sino también necesario y prácticamente inevitable. Así lo determina el carácter transnacional del desafío. Su naturaleza global, por otra parte, contribuye a que la importancia y utilidad de la cooperación sean también potencialmente globales. Esto lleva, en el caso de México, a la inclusión del tema de la cooperación contra el crimen organizado como una clara prioridad tanto en buena parte de las agendas bilaterales como en la dimensión multilateral de nuestra acción internacional. Las formas particulares -- y aun la intensidad -- de la cooperación pueden variar en cada caso dependiendo del grado de coincidencia que exista entre los intereses nacionales involucrados y los desafíos específicos que se enfrenten. Todos los esfuerzos en este campo se basan en la aplicación del principio de responsabilidad compartida, según el cual cada uno de los participantes debe asumir plenamente la asignatura de la tarea común que le corresponde y aportar recursos según sus capacidades. La reciprocidad es la regla central en este respecto. Un primer nivel de cooperación de alcance potencialmente global se centra en el intercambio de experiencias y "mejores prácticas" en temas que pueden ir desde la prevención y el tratamiento de adictos hasta la reingeniería institucional a la que me referí líneas arriba. La experiencia italiana en el campo de la aplicación de la ley, por ejemplo, puede resultar directamente pertinente para nuestros esfuerzos. Además, áreas como el lavado de dinero a través de los circuitos financieros generan importantes espacios de cooperación entre instituciones bancarias y financieras ubicadas en prácticamente todos los países del mundo. El intercambio de información e inteligencia, la provisión de equipos y tecnologías de punta, la capacitación y el entrenamiento son niveles más desarrollados de cooperación internacional. En ellos puede estar involucrado también un número significativo de países con capacidades específicas en esferas como la investigación criminal o la tecnología pericial de punta. Canadá es un claro ejemplo de esta última situación. Las realidades geográficas imponen, sin embargo, prioridades y necesidades particulares. Los países del norte de América Latina, por ejemplo, compartimos el hecho de estar en los tramos finales de la ruta que siguen los flujos ilegales hacia el mercado estadounidense. En este caso, esta ubicación geoestratégica compartida hace urgente contar con una política propia de acercamiento y coordinación con quienes comparten también sus más significativas implicaciones. No hacerlo implica aceptar que los términos reales de nuestra cooperación con estos países sean definidos por otros actores que también comparten el espacio y que tienen relaciones separadas con cada uno de ellos. La preservación de espacios de diálogo propios con Colombia es muy importante en este sentido. Esta necesidad de desarrollar estrategias propias de cooperación tiene una mayor importancia en relación con aquellos países con los que compartimos fronteras. Los Grupos de Alto Nivel sobre Seguridad Fronteriza (los llamados Gansef) establecidos con Guatemala y Belice cobran especial importancia en este contexto y constituyen los puntos de partida de una estrategia regional más amplia, cuyos contenidos específicos deberán ser definidos conjuntamente con los países de Centroamérica. Ejercicios en curso, tales como el diálogo de seguridad México-Sistema de Integración Centroamericano (SICA), permiten avanzar en esta dirección. Estados Unidos ocupa un lugar central entre las prioridades mexicanas de cooperación internacional en esta materia. He mencionado ya la necesidad de que cada socio en el combate de un enemigo común asuma plenamente la parte que le corresponde, dando un contenido concreto al principio de responsabilidad compartida y haciendo aportaciones que reflejen los recursos reales de que dispone. Este principio fundamental tiene especial importancia en el caso del país donde no sólo se ubica el origen último y buena parte de la solución real del problema sino también con el que compartimos una frontera de más de 3000 kilómetros. Como sucede en otros campos de la relación, la contigüidad geográfica inmediata define condiciones y necesidades particulares y específicas, escasamente presentes en otros contextos.
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