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Historia de América.
Juan B. Amores Carredano (comp.),
Barcelona,
Ariel,
2006,
959 pp.
EUR 55.00 Reseñado por Luis Alfonso Gómez Arciniega, Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2008
Historia de América es una compilación de escritos cronológicos donde se dan cita los más prestigiosos catedráticos de las universidades españolas. En el texto se comparan las características de las distintas regiones que componen el rico mosaico cultural de América Latina. Frente a un escenario internacional de bloques económicos y políticos es importante conocer las semejanzas y diferencias que existen entre las naciones latinoamericanas. En esta obra se analizan los procesos de conquista, la creación de los virreinatos, la economía en las distintas etapas y los primeros años independientes, así como los periodos de las revoluciones y las dictaduras sudamericanas. Distintos autores coinciden en la división de la historia de la América hispánica en las siguientes etapas: las culturas precolombinas, la conquista, la colonia, la independencia de las colonias españolas de ultramar, los primeros años independientes, el triunfo del liberalismo, el periodo positivista, las izquierdas románticas de América latina y el neoliberalismo como colofón de este estudio. Historia de América ofrece un complejo análisis del porfiriato desde sus raíces positivistas hasta la Revolución Mexicana; de la Revolución Cubana y la conformación del régimen castrista; de las expediciones de Pizarro y Cortés con las respectivas conquistas de Perú y México; de las culturas inca y azteca con Atahualpa y Moctezuma; de la Revolución Sandinista en Nicaragua y las dictaduras militares en Chile y Argentina. Un análisis detallado de la economía en las distintas etapas históricas ofrece al lector explicaciones de varios de los problemas actuales que padece esta región del mundo. Es un vasto y bien logrado estudio que, además, contiene como epílogo un breve resumen de la historia brasileña y la de la América anglosajona. Si bien es cierto que se comparten rasgos comunes entre todos los países hispanoamericanos, resulta pertinente aclarar que no todos son iguales. El papel que ha desempeñado México como intermediario entre el norte anglosajón y el sur hispanoamericano, debido en gran parte a su situación geográfica, ha favorecido un desarrollo distinto al del resto de América Latina. México debe dejar de vivir con la nostalgia del error geográfico que no le permitió ser parte de Estados Unidos, a decir de Carlos Fuentes, y mirar hacia América del Sur, donde es posible que encuentre más semejanzas que con los vecinos del norte. México debe recuperar el papel protagónico en la región que perdió a raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) cuando permitió que Brasil, Venezuela o Argentina ocuparan ese lugar. Según estudios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, América Latina aventaja en desigualdad a cualquier otra región del mundo: el mayor porcentaje de la riqueza reside en muy pocas manos, mientras la pobreza extrema se concentra en los inhóspitos cinturones de miseria o "favelas" que adornan el triste contraste latinoamericano. América Latina ya no puede darse el lujo de perder tiempo; de las potencias emergentes, tan sólo una proviene de la región: Brasil. Tal vez Brasil y Chile sean los países que más crecimiento económico han tenido en las últimas décadas. Si bien desde los Tratados de Tordesillas se trazó una línea que separaba claramente a Brasil del resto de los países ibéricos, también son muy notorias las diferencias abismales entre el norte anglosajón y el sur de raíz latina. Será casi imposible concretar un proyecto de unión americana desde Canadá hasta la Patagonia debido a las diferencias irreconciliables de pensamiento y el fantasma del imperialismo estadounidense o el discurso autoritario de Chávez en Venezuela. Debe quedar en claro que unión no significa homogeneización, y como muestra basta la Unión Europea. Un bloque latinoamericano con aranceles reducidos, tratados multilaterales preferentes y políticas compartidas significaría la mejor solución para enfrentar los problemas endémicos de la zona y que afectan directa o indirectamente a todos los países: narcotráfico, violación de los derechos humanos, deuda externa, regímenes políticos inestables, reductos de caudillismo, corrupción institucionalizada, polarización y desigualdad abismal. Aun así, América Latina tiene una ventaja que no tuvo la Unión Europea: un idioma común. El sueño de Simón Bolívar terminó en una realidad autoritaria que después desembocó en latifundios y ricos terratenientes. Es momento de que América Latina evite la polarización de ideologías y que dentro de ese espectro tan variado encuentre semejanzas que le permitan alcanzar la tan buscada unión. Hoy más que nunca este volumen cobra importancia y su ventaja radica en ser completo e imparcial. Se trata de una lectura obligada para todo aquel que busque seguir las líneas de intersección entre las distintas civilizaciones americanas desde su origen. |
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