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El poder de las redes
Cristina Eguizábal
De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2007

Redes transnacionales en la Cuenca de los Huracanes. Un aporte a los estudios interamericanos. Francis Pisani et al. (comps.), México, ITAM-Miguel Ángel Porrúa, 2007, 404 pp. MN$320.00

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Resumen: El libro es un aporte original a los estudios interamericanos al proponer la noción de redes como concepto clave de las relaciones "internacionales" en la Cuenca de los Huracanes, y permite explorar la dimensión transnacional que los autores presuponen determinante en ese espacio geográfico.

Cristina Eguizábal es politóloga centroamericana y miembro del Consejo editorial de Foreign Affairs en Español.

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En los últimos años las relaciones interamericanas han tendido a convertirse en un campo de estudio específico. Creo que las razones del porqué resultan obvias para todos aquellos interesados en las relaciones internacionales: el final de la Guerra Fría ha hecho evidente la especificidad de una relación muy densa pese a la profunda asimetría que existe entre Estados Unidos y sus vecinos del sur. Más aún, con la excepción de México, el país más poderoso del mundo colinda hacia el sur con pequeños países, algunos de ellos tan sólo micro Estados.

Es obvio que no todos los países del hemisferio occidental son pequeños, y que su vecindad geográfica no resulta por igual determinante. La mayoría de los analistas hablan ya de la existencia de subregiones, y algunos identifican hasta cinco. Al tomar en cuenta tres variables -- las interdependencias comercial, financiera y demográfica entre los países latinoamericanos y Estados Unidos -- , identifico una primera compuesta por México, América Central y el Caribe; una segunda todavía relativamente amorfa, la Región Andina, en la que Colombia tiende a acercarse al grupo del norte, mientras que Venezuela, Bolivia y Ecuador mantienen una especificidad propia de antagonismo retórico con Washington, pero sin romper los lazos comerciales, financieros y demográficos que los vinculan con la potencia del norte. Perú se situaría entre las dos. Y la tercera, el Cono Sur, que incluye a los integrantes del Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) más Chile, países con menores grados de interdependencia con Estados Unidos. ¿Constituyen estos últimos objetos de análisis válidos en los estudios interamericanos? Mi respuesta es un rotundo sí. Es cierto que sus relaciones con Estados Unidos no corresponden al patrón definido, pero se pueden analizar con base en las variables identificadas, y también calibrar en el tiempo el avance o retroceso de su interrelación con la superpotencia; asimismo pueden compararse con aquellos cuya interdependencia es mayor y creciente. Tanto los países andinos como los del Cono Sur constituyen excepciones que confirman la regla y que nos ayudan a entender mejor lo que ocurre en lo que los autores llaman Cuenca de los Huracanes.

El tomo compilado por Francis Pisani, de la Universidad de Berkeley; Natalia Saltalamacchia, del ITAM; Arlene B. Tickner, de la Universidad de los Andes, y Nielan Barnes, de la Universidad de California en Long Beach, es un aporte original a los estudios interamericanos al proponernos el concepto de redes como clave de las relaciones "internacionales" en la Cuenca de los Huracanes, en la medida en que permite explorar la dimensión transnacional que los autores presuponen determinante en ese espacio geográfico. Los flujos de capital, comercio, información y los de personas constituyen vínculos obvios y fundamentales de la relación, pero tanto como la lengua, la cultura, la memoria e incluso la vida cotidiana, dimensiones que pocas veces los análisis tradicionales toman en consideración y que constituyen componentes vitales de las redes.

En una primera parte teórico-conceptual, Tickner y Saltalamacchia identifican tres tipos de redes -- formales, informales e ilícitas -- ; Pisani justifica la utilización del concepto de Cuenca de los Huracanes y, con Barnes y Katherine Reilly, de la Universidad de Toronto, presenta un conciso y útil estado de la cuestión con respecto a las redes transnacionales; James Robinson, del ITAM, reflexiona sobre las relaciones entre los actores transnacionales -- cuya característica organizativa es precisamente la de funcionar en red -- y los Estados nacionales, jerárquicos y burocráticos. Análisis central, pues todos los autores coinciden en que, si bien los Estados ya no son los únicos protagonistas internacionales, siguen siendo los principales, que además son determinantes clave del espacio transnacional.

El carácter interdisciplinario de los estudios de caso constituye, sin duda, la principal riqueza del volumen. Contrariamente a lo que pasa con muchas compilaciones, todos los autores parten de las categorías analíticas y espaciales definidas en la primera parte, pero la estrategia narrativa con la que se aborda cada caso depende tanto de la tradición disciplinaria del autor como del fenómeno analizado. Por una parte, los casos específicos arrojan luz sobre la manera en que las redes transnacionales reconfiguran el espacio sociopolítico y cultural, independientemente de las fronteras geopolíticas; por la otra, la mayoría -- no todos -- explora las interrelaciones entre las redes y otras estructuras organizativas de interés para las relaciones internacionales, como el Estado y el mercado.

David Ayón, de la Universidad Loyola Miramount, de Los Angeles, compara las redes latinas "panétnicas" con las de inmigrantes mexicanos desde la óptica histórica, ideológica, lingüística y cultural, y examina la manera en que se relacionan con el Estado mexicano -- en el análisis aparece implícito otro Estado, el estadounidense -- y de qué modo estas redes se han relacionado con él desde la anexión de los territorios de Texas, Arizona, Nuevo México y California a finales del siglo XIX y de Puerto Rico a principios del siglo XX.

Susanne Jonas, de la Universidad de California en Santa Cruz, enfoca su análisis en las redes de inmigrantes centroamericanos, especialmente salvadoreños y guatemaltecos, redes multifacéticas que incluyen ONG de defensa de inmigrantes y de derechos humanos, organizaciones comunitarias y comunidades de inmigrantes, así como actores estatales -- locales y nacionales -- y del sector empresarial. Es muy interesante ver cómo la experiencia organizativa que adquirieron los inmigrantes en sus países de origen se traduce en memoria y en capital social que usan de manera consciente en su lucha por sus derechos y por su legalización en la tierra de adopción.

Katherine Reilly se aboca al estudio de los instrumentos que hacen posible la transnacionalización de familias y comunidades y la organización de redes: a saber, las tecnologías de información y telecomunicaciones (TIC), en primer lugar el teléfono celular y luego internet, que aún sólo una parte pequeña de las poblaciones de la Cuenca de los Huracanes utiliza con regularidad. A la luz del acceso desigual a la actividad transnacional, la autora se pregunta, acertadamente, cómo el género, la raza, la religión y la identidad sexual afectan dicho acceso.

Según cálculos de 2005, en el mundo había entre 36.7 y 45.3 millones de personas infectadas con el VIH/sida y más de 95% habitaba en países en vías de desarrollo. La región más afectada es el África subsahariana, seguida por el Caribe, importante subregión de la Cuenca de los Huracanes. Por el carácter global de la enfermedad, la lucha contra el sida ha adquirido un carácter transnacional que se hace evidente en el trabajo de Barnes, quien explora el caso de México, el país más grande de la Cuenca -- si consideramos que sólo los estados del sur de Estados Unidos forman parte de ella -- con uno de los sistemas de salud más desarrollados de la región. Su análisis compara las redes transnacionales en las que participan las organizaciones locales dedicadas a la lucha contra el sida en las ciudades de México y Tijuana. Mientras que las primeras tienen vínculos internacionales con agencias de desarrollo y donantes, así como con organizaciones comunitarias de base de todo el mundo y se organizan en redes formales, las segundas se relacionan en redes informales con sus contrapartes en Estados Unidos, principalmente las de San Diego.

Ochy Curiel muestra en su ensayo algunas de las consecuencias de la relación entre los movimientos sociales, por una parte, y las organizaciones internacionales y la cooperación internacional, por otra, en la institucionalización y transnacionalización de los primeros; escoge el ejemplo del movimiento de mujeres afrodescendientes o negras. Empieza, dice, como un movimiento de ideología identitaria basado en el trabajo político "hacia adentro" y poco a poco se institucionaliza en ONG y adopta como estrategia de lucha, "hacia afuera", la visibilización del sexismo y del racismo desde una plataforma de derechos humanos. Curiel explica cómo la participación de las organizaciones sociales, por ejemplo la Red de Mujeres afrolatinoamericanas y afrocaribeñas (Redlac), en las conferencias mundiales organizadas por la ONU en la década de 1990 -- en particular la de Beijing sobre la mujer en 1995 y la de Durban en contra de todas las formas de racismo en 2001 -- , así como la cooperación internacional -- principalmente de la Agencia Internacional de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID) y el Banco Mundial -- influye en la institucionalización del movimiento, en su ideología y en su regionalización.

Los trabajos de Tickner, Kali Argyriadis, Nahayeilli Juárez y Marisa Belausteguigoitia se centran en los aspectos culturales de las redes. En su estudio sobre el hip hop, la primera, además de estudiar el nacimiento del fenómeno y su transnacionalización, analiza las tensiones que surgen a partir de su comercialización -- sobre todo de su dimensión musical -- con su carácter originalmente contestatario. En su trabajo sobre la santería, las segundas reflexionan sobre las redes religiosas transnacionales de la santería cubana y de las redes tejidas con los devotos de la práctica en la ciudad de México. En su ensayo, la tercera explora las culturas híbridas creadas por la inmigración a partir del análisis literario de dos novelas: Borderlands-La Frontera. The New Mestiza, de Gloria Anzaldúa, y Cuando era puertorriqueña, de Esmeralda Santiago. Para unas, el objeto de estudio es en sí una red -- ni el hip hop ni la santería se entienden si no es como redes; la última concibe el concepto de redes como realidades simbólicas que surgen entre las personas que migran entre sí y entre éstas y las que permanecen en el lugar de origen.

Por último José Miguel Cruz, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, de El Salvador, y Athanasios Hristoulas, del ITAM, incluyen sendos trabajos sobre las redes ilegales: las maras o el barrio transnacional y las redes de tráfico de cocaína. En el caso de las maras, Cruz expone sobre las conocidas y temidas pandillas centroamericanas Mara Salvatrucha y Barrio 18. El autor parte de la hipótesis de que las redes pandilleriles transitaron de la delincuencia común al crimen organizado como respuesta a las políticas de mano dura implementadas por los gobiernos de Guatemala, El Salvador y Honduras. Hristoulas muestra cómo las redes de narcotráfico establecen relaciones simbióticas con los Estados débiles, debilitándolos aún más en un círculo vicioso que las autoridades estatales -- incluso las de la gran potencia -- no han sido capaces de romper.

La calidad de los estudios de caso es de notable nivel y cada uno da cuenta de una investigación en sí misma desde la ciencia política, la antropología, la sociología o la crítica literaria. Como conjunto, el libro constituye, sin duda, un aporte sustancial y a la vez innovador al estudio de las relaciones internacionales en el Gran Caribe, para usar una terminología convencional. Sobra decir que fue posible gracias al trabajo en red desarrollado por los autores.







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