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Nigeria: democracia manipulada Jean Herskovits De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2007 Resumen: Las elecciones de abril pasado en Nigeria se contaron entre las más gravemente viciadas en la historia del país, gracias en gran parte a las manipulaciones del partido gobernante, respaldado por Estados Unidos. Ahora que los nigerianos claman cada vez más por la rendición de cuentas, el continuo apoyo de Washington podría generar más inquietud y plantear un riesgo tanto a los suministros de petróleo nigeriano como a la estabilidad del África occidental. Jean Herskovits es profesor investigador de Historia en la State University of New York, en Purchase.
JUEGO SUCIO Los resultados oficiales de las elecciones de abril pasado en Nigeria mostraron victorias abrumadoras para el partido en el poder. El ganador de la presidencia, Umaru Yar'Adua, recibió 70% de los votos; su opositor más cercano tuvo 20%, margen que excedió el de 1983, cuando el descontento ante la extendida manipulación condujo a un golpe de Estado que depuso al presidente civil recién electo. Según observadores tanto internacionales como nacionales, el proceso tuvo profundas irregularidades. Hasta poco antes de cada elección -- para cargos estatales el 14 de abril y para la presidencia y la Asamblea Nacional el 21 -- , no estaba claro quiénes serían los candidatos finales. El día de los comicios, los nombres de algunos contendientes que habían sido restituidos por los tribunales no estaban en las boletas. Las elecciones en sí fueron desastrosas, con más manipulaciones y violencia que la anterior elección presidencial de 2003, cuando el robo de urnas y los votos falsos afectaron el conteo. En total hubo unos 700 incidentes violentos relacionados con las elecciones entre noviembre y marzo, incluidos los asesinatos de dos candidatos a gobernador que iban adelante en las encuestas. Nada de esto debía ocurrir. Las elecciones de abril se presentaron como un hito: la primera vez desde la independencia, en 1960, en que el mando político pasaría de un civil a otro. Así, el país más poblado de África se uniría a la corta lista de democracias consolidadas en el continente y aumentaría su influencia como actor regional. Hoy, en cambio, cuando el presidente Olusegun Obasanjo concluya su gestión, dejará un gobierno inestable, con instituciones políticas aún débiles y un sucesor en lucha por legitimarse. Desde su llegada al poder, en 1999, Obasanjo ha logrado algunos avances, aunque no suficientes, sobre todo en asuntos macroeconómicos. Si bien la economía crece 5% al año, la pobreza afecta a la mayoría de los 140 millones de habitantes. Nigeria es el octavo productor mundial de petróleo y uno de los principales exportadores, pero importa todos los productos refinados que consume. Pese a ocho años de ingresos petroleros sin precedentes, su infraestructura se derrumba y la mayoría de su población carece de acceso a servicios médicos básicos y a la educación. Cada elección sucia acarrea desilusión, no con la democracia, sino con la forma en que los gobernantes nigerianos imponen su voluntad. Los nigerianos hablan del "poder de quienes están en el gobierno": dinero en abundancia, control de las fuerzas de seguridad y, este año sobre todo, una comisión electoral sumisa. Nada de esto es un buen presagio para los intereses estadounidenses. Estados Unidos obtiene aproximadamente 10% de su petróleo crudo de Nigeria y espera obtener más en el futuro, en parte como una tentativa, según Washington, de desligarse de los proveedores de Medio Oriente. Con la creencia de que Obasanjo es esencial para estos intereses, Washington lo ha apoyado, pese a abusos contra los derechos humanos y a las amañadas elecciones de 2003. Pero ahora, cuando los nigerianos cada vez más piden a gritos la rendición de cuentas, el precio de ese apoyo podría ser más desorden, y plantear un riesgo no sólo para los suministros petroleros procedentes de Nigeria, sino también para la estabilidad de la región. GRANDES ESPERANZAS Ningún jefe de estado nigeriano había llegado a la presidencia con tanta buena voluntad, dentro y fuera del país, como Obasanjo en 1999. Fue elegido poco después de salir de prisión, a la que fue condenado por haber participado supuestamente en un golpe de Estado contra el general Sani Abacha en 1995. Era un personaje conocido: después de encabezar el gobierno militar en la década de 1970, lo entregó a civiles elegidos en 1979. A finales de la década de 1990, tanto los nigerianos como Washington creían que, pese a sus antecedentes castrenses, Obasanjo era un demócrata comprometido que reformaría la economía y sentaría las bases de la liberalización política. Como presidente, Obasanjo ha encabezado algunos éxitos económicos notables, que han recibido buena publicidad. En 2003 confió el diseño de políticas económicas a un grupo de tecnócratas jóvenes muy activos a quienes llamó sus "apóstoles". A varios los reclutó en el extranjero, en particular la ex ministra de Finanzas Ngozi Okonjo-Iweala, quien había sido vicepresidenta del Banco Mundial. Ella y sus colegas lanzaron un ambicioso programa de reformas que lucharía por la transparencia en asuntos financieros y el "debido proceso" en la adjudicación de contratos gubernamentales. En 2006, Okonjo-Iweala, con ayuda del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, convenció al Club de París de condonar unos 18000 millones de dólares de la deuda externa nigeriana. Otro hecho positivo fue la creación, en 2003, de la Comisión de Delitos Económicos y Financieros (CDEF) para investigar la corrupción. Los nigerianos han alabado a la CDEF por enjuiciar a funcionarios corruptos, en particular el ex inspector general de policía Tafa Balogun (se le condenó por lavar unos 98 millones de dólares, utilizados en su mayoría, según dijo, para financiar victorias electorales en 2003). La sola existencia de la CDEF mostraba que por primera vez se obligaría a rendir cuentas a funcionarios gubernamentales por malos manejos financieros. Aunque hasta ahora la comisión sólo ha atrapado peces pequeños, es probable que haya restringido las actividades de algunos de los mayores.
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