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América Latina y el fortalecimiento de China en el escenario internacional
Riordan Roett
De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2007

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Resumen: El rápido ascenso de China tendrá consecuencias para América Latina. Quienes prefieren mantener una visión benigna sobre el crecimiento del país asiático no ven en él una amenaza para la región. Por el contrario, otros consideran que América Latina podría tener mucho que perder.

Riordan Roett es titular de la cátedra Sarita and Don Johnston y director del Programa de Estudios del Hemisferio Occidental/Estudios Latinoamericanos de la Paul H. Nitze School of Advanced International Studies (SAIS) de la Johns Hopkins University. Este texto se basa en otro escrito para la Fundación Grupo Mayan en 2007. (El autor agradece a Amy H. Lin su valiosa labor como asistente de investigación.)

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Hay dos grandes debates intelectuales en estos primeros años del nuevo siglo. El primero, acerca de si el imperio estadounidense ha iniciado o no un declive inexorable; aunque la fuerza de Estados Unidos no tiene aún rival en el mundo, no hay garantías de que esta hegemonía se mantenga, pues un mundo nuevo y multipolar podría estarse formando conforme regiones que van de la Unión Europea (UE) a China se vuelven más poderosas, a tal punto que podría desestabilizar el actual orden internacional. El segundo de estos debates gira en torno a si China es la "verdadera ganadora de la guerra contra el terrorismo", como dice Giovanni Arrighi. Para él, "la ocupación de Irak ha puesto en riesgo la credibilidad de la fuerza militar estadounidense, ha socavado aún más el predominio de Estados Unidos y su moneda en la economía política global, y ha fortalecido la tendencia hacia el ascenso de China como una alternativa al liderazgo estadounidense en el este asiático y más allá". Mientras Estados Unidos se distrae con sus conflictos en Medio Oriente, China aprovecha la oportunidad de aumentar su influencia, que se volverá relativamente mayor conforme se deteriore la opinión global sobre Estados Unidos.

Una pregunta clave que surge de estos debates es qué significa en el nuevo siglo el ascenso de China para América Latina. Si se adopta un punto de vista benigno, se trataría de un asunto relativamente marginal. Con más escepticismo, dado el avance de China en Asia y África, puede necesitarse la consideración de escenarios alternativos. ¿Existen razones políticas en la búsqueda -- y necesidad -- de China de materias primas de la región? ¿Son acaso los vínculos cada vez mayores en el intercambio de productos agrícolas básicos, materias primas y energía el primer paso en la expansión de la influencia china en términos políticos y económicos? ¿Acaso debe América Latina seguir con atención las reacciones del gobierno estadounidense ante cualquier forma de expansión del gigante asiático en la región, dada la relación de "amor-odio" entre ambas potencias?

LA VISIÓN BENIGNA

La visión benigna percibe un nivel bajo de amenaza y muchas oportunidades en una mayor presencia china en la región. China ha apoyado las actividades del Grupo de los 20, formado en 2003 en la reunión cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en Cancún, México, para protestar por la intransigencia de Estados Unidos y la UE, en especial en el tema de los subsidios agrícolas. Si bien China no ha estado dispuesta a apoyar la candidatura de Brasil a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, se sabe que la decisión tiene como objetivo principal evitar que Japón obtenga también un lugar. Y China, como uno de los cinco actores con poder de veto, entiende la importancia de su papel conforme se amplía su presencia global.

Desde una perspectiva comercial, la visión benigna se concentra en las nuevas oportunidades. Ya que China es un comprador de tal magnitud en el mercado de materias primas y productos agrícolas primarios -- representó más de un quinto del mercado de soja mundial y casi un quinto de las compras de cobre en 2004 -- su gran demanda por estas y otras exportaciones han impulsado significativamente a la región en términos comerciales. De 2000 a 2005, el comercio sino-latinoamericano prácticamente se quintuplicó al pasar de poco más de 10000 millones de dólares (mmd) a 50 mmd. Aunque el volumen total es aún pequeño para ambas partes, el pronunciado crecimiento de los intercambios es sorprendente. Desde 2000, las importaciones chinas de América Latina han crecido a una tasa de 60% anual hasta llegar a aproximadamente 50 mmd en 2005. El comercio también ha crecido abruptamente en la otra dirección. De 1990 a 2004, las exportaciones chinas a América Latina aumentaron de 1.4% de su total de exportaciones a 2.3 por ciento.

Además, China ha tenido éxito al presentar su influencia cada vez mayor como un ejercicio de "poder blando" en las relaciones internacionales. Su modelo de "Estado autoritario en desarrollo" puede resultar atractivo para algunos países de América Latina -- es evidente, por ejemplo, que la combinación de reformar la economía a la vez que se limitan las libertades políticas le ha funcionado hasta ahora -- . Para impulsar su poder blando, el régimen de Beijing ha destinado recursos significativos a varias áreas, como la promoción de su cultura y su lengua; un incremento del turismo en América Latina; delegaciones diplomáticas de mayor nivel y más modernas, con una nueva generación de profesionales jóvenes y de gran aptitud, y una enseñanza cada vez mayor de lenguas extranjeras conforme aumentan los contactos de negocios. De nuevo: estos movimientos no deben verse como una amenaza, sino simplemente como el resultado natural del vertiginoso crecimiento económico de China y de la percepción de su creciente importancia en los asuntos internacionales.

En suma, la visión benigna de la creciente influencia de China en América Latina considera que ese país seguirá concentrándose en establecer vínculos económicos y en mantener un camino neutral en lo político. Hoy, Beijing trata con la región mediante una activa diplomacia económica caracterizada por el pragmatismo, basada en la conciliación y la estabilidad, preocupada por evitar la irritación de Washington y dispuesta a fortalecer los vínculos interestatales.

UNA VISIÓN MÁS ESCÉPTICA

Un argumento igualmente convincente sostiene que la expansión de China en América Latina y el Caribe puede convertirse en una amenaza potencial en el largo plazo. Existen muchas razones para fundamentarlo, desde las consecuencias comerciales hasta la extracción de materias primas, la degradación ambiental y la aparente indiferencia de China frente a los derechos laborales en la industria manufacturera.

Este déficit de derechos laborales suele asociarse a preocupaciones vinculadas con el dominio cada vez mayor que ejerce ese país en la industria textil. Debido a que se estima que los costos de su mano de obra equivalen a un tercio de la de los mexicanos, China consigue una ventaja significativa sobre México y sus países vecinos; la visión escéptica subraya el temor de que las importaciones baratas terminen por remplazar a la producción nacional. Es poco probable que estas condiciones cambien en el futuro cercano pese a las presiones internacionales para que China mejore sus derechos laborales, lo que implica que los sectores textiles y del vestido en México, América Central y el Caribe serán incapaces de competir con las manufacturas chinas y las de otros países asiáticos.




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