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América Latina y el fortalecimiento de China en el escenario internacional Riordan Roett De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2007 Resumen: El rápido ascenso de China tendrá consecuencias para América Latina. Quienes prefieren mantener una visión benigna sobre el crecimiento del país asiático no ven en él una amenaza para la región. Por el contrario, otros consideran que América Latina podría tener mucho que perder. Riordan Roett es titular de la cátedra Sarita and Don Johnston y director del Programa de Estudios del Hemisferio Occidental/Estudios Latinoamericanos de la Paul H. Nitze School of Advanced International Studies (SAIS) de la Johns Hopkins University. Este texto se basa en otro escrito para la Fundación Grupo Mayan en 2007. (El autor agradece a Amy H. Lin su valiosa labor como asistente de investigación.)
También se añade otra preocupación: la marcada dependencia de América Latina de la demanda china de materias primas y bienes agrícolas primarios. Después de todo, la composición del comercio varía mucho entre las exportaciones latinoamericanas a China y las exportaciones de ese país a América Latina. Las exportaciones latinoamericanas se concentran sobre todo en fuentes de energía y bienes agrícolas, mientras que en sentido inverso se concentran en productos manufacturados. Los bienes primarios, por ejemplo, representaron más de 30% de las exportaciones latinoamericanas a China, pero fueron menos de 10% de las exportaciones chinas a América Latina en 2004. Durante el mismo periodo, las manufacturas de alta tecnología representaron menos de 20% de las exportaciones de la región a China, pero fueron más de 30% de las exportaciones chinas a América Latina. Al concentrarse en la exportación de materias primas y productos agrícolas primarios -- el papel histórico y la ventaja comparativa tradicional de América Latina -- la región puede dejar de agregar valor a sus exportaciones y, de hecho, volverse cada vez más vulnerable a la "maldición de los recursos naturales". Si las ganancias en divisas dependen de la exportación de materias primas y productos agrícolas primarios, el crecimiento de China terminará por detener el desarrollo de industrias de valor agregado en América Latina. Más aún, existe gran inquietud con respecto a la influencia de China en los precios mundiales de productos agrícolas primarios y materias primas. A finales de 2006, se informó que había sobrepasado a Japón como el productor de acero más grande del mundo y se convirtió en el principal importador mundial de hierro. En las negociaciones anuales de precios que determinan el costo de las existencias de hierro, la principal contraparte del país asiático ese año fue Brasil. China, el mayor productor de acero del mundo, con el Grupo Baosteel a la cabeza, competía con la Companhia Vale do Rio Doce (CVRD) de Brasil, mayor productora de hierro del mundo. Baosteel buscaba una caída en los precios de entre 5 y 10%, mientras que CVRD pedía un incremento de entre 20 y 25%. A finales de 2006, los negociadores de Beijing y Brasilia acordaron un aumento de 9.5%, la mitad del de 2005 (19 por ciento). La visión escéptica subraya una serie de preguntas con respecto a la creciente influencia de China en la región. Por ejemplo, ¿debe preocuparse América Latina por la posibilidad de que, en algún momento, dada su demanda continua, China quiera controlar o influir en el precio de la soja, el cobre, el estaño u otros productos que se producen en la región? ¿Deben los gobiernos latinoamericanos prepararse para defender su posición en las negociaciones internacionales de precios? Si los precios altos guían ahora los superávit presupuestarios, ¿hasta qué punto deberán prever los gobiernos una reducción en sus ingresos si los precios los controla China o se negocian a su favor? En términos de Realpolitik, ¿representa China una amenaza a futuro para los intereses históricos de Estados Unidos en la región? ¿Y acaso ello significa que en un momento dado algunos países deberán tomar decisiones estratégicas o proponer prácticas de reciprocidad con respecto a sus preferencias y opciones de política exterior? CONCLUSIÓN A principios del siglo XXI, el "escenario benigno" parece apropiado para América Latina en sus relaciones con China. La expansión china en la región es relativamente nueva y muy concentrada, y en un considerable número de temas sur-sur América Latina y China querrán colaborar y consultarse con regularidad. Si bien aumentará la demanda energética, subsisten temas institucionales, tecnológicos y quizá legales que pueden desacelerar la extracción de petróleo. También crecerá la preocupación social sobre temas medioambientales y laborales. Dada la importancia de las relaciones sino-estadounidenses, parece claro que existen consecuencias potencialmente negativas para la relación Beijing-Washington, que requerirán que en el futuro América Latina y el Caribe tomen decisiones que por ahora no son obvias. Por ejemplo, ¿puede la búsqueda o competencia global por fuentes seguras de energía conducir a América Latina a una encrucijada en la que se vea obligada a elegir ente Estados Unidos y China? De allí la importancia de entender los temas fundamentales que en este escenario impulsan las relaciones China-Estados Unidos: seguridad, recursos energéticos, tipo de cambio y desequilibrios comerciales, por mencionar sólo algunos. En América Latina, la estrategia de poder blando de China resulta atractiva, sobre todo por la escasa atención que, en términos relativos, Estados Unidos ha prestado a la región en años recientes. Y si, en realidad, Estados Unidos ha comenzado un declive histórico, América Latina podría necesitar de otra potencia en ascenso para tratar temas de comercio, inversión y ayuda. Al mismo tiempo, la región debe reconocer que China también busca vínculos más estrechos con el sudeste asiático y África. Con el drástico aumento de la presencia china en África, impulsada por algunas de las mismas consideraciones que han aumentado el perfil de Beijing en América Latina (en especial recursos energéticos y abastecimiento de productos agrícolas primarios), el caso africano seguramente ofrece lecciones útiles. Las políticas chinas, por tanto, estarán determinadas por una combinación variable de consideraciones de seguridad, recursos, comercio e inversión en mercados emergentes. La principal meta de los países de América Latina debe ser continuar la construcción de "Estados inteligentes", eficientes, competitivos y preparados institucionalmente para proteger el interés nacional de cualquier influencia externa, lo que requerirá el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica con un mayor énfasis en las instituciones. Tal como se señaló en un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), no son necesariamente las "políticas" las que han fallado, sino que a menudo el proceso de formulación de políticas públicas, y las consideraciones políticas que intervienen, es el que ha evitado un desarrollo económico e institucional más sólido. Al margen de la expansión de China en la región y con la reducción de la influencia estadounidense, América Latina debe seguir estrategias de desarrollo que, por encima de todo, sirvan a sus ciudadanos. Para ese fin, América Latina debe preparase para la posibilidad de que China se una a Estados Unidos como potencia global, de que Estados Unidos decaiga o de que se mantenga en su papel actual de única potencia hegemónica. Sin importar si se trata de lidiar con China o con Estados Unidos, el reto para los dirigentes políticos consiste en comprender la necesidad de largo plazo de alcanzar la consolidación institucional. La formulación de políticas no ocurre en el vacío. En vez de alegrarse por el ascenso de China o lamentar su dominio, América Latina defendería mejor sus intereses en el escenario internacional si demandara políticas coherentes y construyera instituciones fuertes y consolidadas.
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