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Venezuela en América Latina. El bolivarianismo del siglo XXI Ana María Sanjuán De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2007 Resumen: El elemento central en el proyecto bolivariano de Hugo Chávez es la política exterior, mediante la cual hace una crítica radical y agresiva contra el neoliberalismo y la globalización. Más nacionalismo en lo interno, más Estado e independencia de Estados Unidos en la región y mayor demanda de energía son factores que fundamentan la actual agenda internacional de Venezuela. Ana María Sanjuán es psicóloga social, directora del Centro para la Paz y los Derechos Humanos de la Universidad Central de Venezuela; fundadora y miembro de las cátedras Colombia y América Latina y el Caribe y del Consejo Directivo del Centro de Estudios de América de la misma universidad. Trabaja en temas de democracia, seguridad pública y hemisférica y desarrollo.
La política exterior es un elemento central en el proyecto bolivariano de Hugo Chávez, quien ha practicado un hiperactivismo internacional, y en sus dos periodos presidenciales (1999-2000, 2000-2006) e inicios del tercero (primer semestre de 2007) ha realizado 162 viajes fuera de Venezuela, más de la mitad a América Latina, lo que revela su interés por estrechar los lazos con la región. Más nacionalismo en lo interno, más Estado e independencia de Estados Unidos en América Latina y mayor demanda de energía son los factores que dan fundamento a la actual agenda internacional de Venezuela. Chávez realiza, por medio de su política exterior, una crítica radical y agresiva contra el neoliberalismo y la globalización, al tiempo que considera que, con la integración del Sur, la globalización capitalista puede ser derrotada. Los temas que atraviesan transversalmente la política internacional de Venezuela en este periodo son: la promoción de la Alternativa Bolivariana para las Américas (alba); la cooperación internacional; el desarrollo del Sur; la reivindicación social de los excluidos; los principios de la democracia participativa; la promoción del altermundismo, y un uso cooperativo y solidario de la energía en el sur del continente y en el Caribe, y racional, por decirlo así, en el resto del mundo. En sus relaciones regionales Venezuela se mueve en dos carriles: la diplomacia social, a través del alba, y la diplomacia petrolera, a través de una serie de organizaciones y acuerdos ad hoc; es decir, mediante la creación, o propuesta de creación, de entidades o asociaciones estratégicas como Petroamérica, Petrocaribe, Petroandina y Petrosur. El alba es la contrapropuesta venezolana y cubana frente al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), fundada en 2005, que consiste en la suscripción de acuerdos entre Estados para la integración de los pueblos, con base en los principios de solidaridad, cooperación, complementariedad, reciprocidad y respeto a las soberanías nacionales, y cuyo objetivo es desarrollar un modelo de integración a partir del desarrollo endógeno y soberano de los pueblos, una estrategia común en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, y el desarrollo de mecanismos de cooperación para la reducción de las asimetrías entre los países del hemisferio. Además de Venezuela y Cuba, los países que pertenecen al alba son Bolivia, Nicaragua y Haití, y Ecuador e Irán como observadores. Hasta ahora, en el marco del alba, se ha adelantado una serie de programas sociales y de cooperación como la Misión Milagro (cirugías en Cuba para la recuperación de la vista de más de seis millones de latinoamericanos); la formación de médicos comunitarios en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), que funciona en Cuba con financiamiento mixto de Venezuela y Cuba y cuyo objetivo es titular a 200000 médicos antes de 2015; otorgar préstamos con bajos intereses para pequeños empresarios y agricultores a través de las embajadas de Venezuela en cada uno de los países miembros del alba, y la promoción del programa de alfabetización cubano "Yo sí puedo", mediante el cual la UNESCO declaró en 2005 a Venezuela territorio libre de analfabetismo. En lo que respecta a la integración energética, la nueva visión geopolítica y geoestratégica de las relaciones internacionales venezolanas, basada en la energía disponible en el país, tiene como objetivo reducir la dependencia de los centros del poder petrolero transnacional, así como la diversificación de los mercados y nuevas fuentes de inversión y tecnología, además de la participación de nuevos actores económicos. Desde 2000 se han suscrito los siguientes convenios: Acuerdo de Cooperación energética de Petrocaribe (integrado por 14 países, actualmente en pleno financiamiento de la producción petrolera de los países miembro, lo que representa una cifra de 17000 millones de dólares en 10 años, con dos años de gracia, incluidos también dos grandes proyectos de refinación en Cuba y Jamaica); Acuerdo Energético de Caracas (2000), y los nuevos tratados de Seguridad Energética -- provisión, garantía de suministro e intercambio de petróleo, gas, electricidad y energías renovables -- de 2007, firmados recientemente con Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Petrocaribe. Actualmente, y según la OPEP, Venezuela exporta 36% de su producción petrolera a América Latina, un aumento de 112% desde 2004, lo que significa que está diversificando sus mercados en el hemisferio, más allá de los compromisos energéticos que ha adquirido con China y otros países asiáticos. RELACIONES BILATERALES Y MULTILATERALES No obstante la inflamada retórica y la percepción internacionales, el país no ha dejado de pertenecer a todos los órganos multilaterales regionales, hemisféricos y globales y, pese a crisis puntuales, como las atravesadas con México y Perú, no ha habido ruptura de relaciones con ningún país de la región. Venezuela preside desde abril de 2007, y por un año, el Consejo Permanente de la OEA, organismo en el que promociona la Carta Social de las Américas, instrumento equivalente a la Carta Democrática. Sin duda, Venezuela se ha propuesto el desarrollo de un proyecto alternativo de integración que supone, en principio, el incremento del comercio y la complementariedad económica con otros países de la región, y el ejercicio de diversas formas de cooperación con países con menos recursos o con capacidades limitadas de desarrollo. Es notable la modificación, a partir de 2000, de la balanza comercial con Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Chile, México y Perú. En el caso de Argentina, el comercio binacional se incrementó 800% en tres años. Se mantiene una suerte de diplomacia extrainstitucional de intercambios con grupos sociales y populares altermundistas, no sólo en Argentina sino también en Brasil, Colombia, México y Perú. Para Venezuela, las agendas bilaterales más importantes en esta coyuntura corresponden a Colombia, Cuba y Estados Unidos. Las relaciones con Cuba son ideológicas y pragmáticas a la vez. Desde 1999, han establecido importantes mecanismos de cooperación y complementación, que van desde el suministro petrolero venezolano (95000 barriles diarios) hasta un apoyo estratégico cubano al Estado venezolano en el área de redistribución social, a través de las misiones, desde su concepción hasta su puesta en marcha y mantenimiento. En el caso de Colombia, la relación se ha tornado estratégica, aunque también es ideológica. Es interesante observar cómo acontecen las relaciones entre los países de la región más antagónicos en lo ideológico. La agenda binacional la integran el comercio, la cooperación en materia energética y las externalidades negativas del conflicto interno colombiano.
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