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Mitos y realidades de la integración latinoamericana
Marta Lagos y Daniel Zovatto
De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2007

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Resumen: Con más de 500 millones de habitantes y un crecimiento sostenido, América Latina empieza a ser un continente de oportunidades comerciales Los datos recién publicados del informe especial Oportunidades de cooperación regional: integración y energía (Latinobarómetro, 2006) ponen de relieve tanto mitos como realidades presentes en el proceso de integración.

Marta Lagos es directora fundadora de la corporación Latinobarómetro. Daniel Zovatto es director regional para América Latina del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (International IDEA).

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Janine Berg, Christoph Ernst y Peter Auer. Boulder, Colorado: Lynne Rienner Publishers, 2006.

LA RUTA DE LA INTEGRACIÓN

Así como el advenimiento de la democracia ha supuesto la igualdad de las personas dentro de los pueblos, la globalización ha traído consigo la demanda de igualdad entre los países. El reconocimiento universal de la igualdad y la autodeterminación de los pueblos es algo relativamente nuevo en el concierto de las naciones.

No cabe duda de que la guerra de Irak marcará un antes y un después, como uno de los últimos intentos de una potencia, o alianza de potencias, de imponer su estilo de vida en otra parte del mundo. Hoy, los países ricos tienen el compromiso de ayudar a los que se encuentran en vías de desarrollo, a los más pobres. Asimismo, los cada día más amplios tratados internacionales reconocen la igualdad de los derechos de los pueblos y, de manera progresiva, las grandes potencias los aceptan y cumplen. Ello no significa que las desigualdades entre los pueblos no sean aún enormes y que no quede un largo camino por recorrer, sobre todo en lo que respecta a los grandes privilegios que ostentan los países más ricos en el comercio global; aún subsisten importantes barreras para que ingresen a éstos los productos de los más pobres. Un estudio reciente realizado en los países del primer mundo y publicado por The Financial Times revela hasta dónde los ciudadanos temen que la competencia con el mundo y la globalización los perjudique, quedando en evidencia las barreras y sus consecuencias.

Pese a los esfuerzos emprendidos desde la década de 1950, América Latina no ha logrado avanzar en la creación de vínculos duraderos. En efecto, ya desde hace mucho diversos estudios han mostrado las iniciativas de integración latinoamericana. En un informe publicado en Revista Nueva Sociedad (núm. 113, mayo-junio de 1991, pp. 60-65), Gert Rosenthal identificó tres etapas en este proceso de integración: la voluntarista, de la década de los cincuenta a la primera mitad de la de los setenta; la revisionista, de la segunda mitad de los setenta hacia finales de los ochenta, y la pragmática, cuyos parámetros centrales empezaron a advertirse a partir de los últimos años de los ochenta e inicios de los noventa. Ello en cuanto a América Latina. En cambio, a Europa sólo le llevó tres décadas para consolidar la alianza más poderosa de la historia que en un principio creó, a partir de seis países unidos por un motivo específico, una comunidad de naciones para reforzar acuerdos comerciales y que llegó a fundar lo que hoy es la Unión Europea, con una moneda en común. ¿Por qué Europa logró progresar tanto y en un periodo tan corto, mientras que América Latina se ha estancado? Este estancamiento no puede atribuirse meramente a guerras o conflictos entre países, ya que es difícil encontrar una región donde se hayan producido más guerras que en Europa, donde los enfrentamientos culminaron en la Segunda Guerra Mundial. ¿Es, acaso, la magnitud y la intensidad de las guerras lo que llevó a los pueblos europeos a su mayor periodo de paz y prosperidad en los últimos 60 años?

América Latina no ha padecido directamente esas conflagraciones, pero sí ha pasado por guerras civiles, dictaduras largas y opresoras, y condiciones de hambre y pobreza que han marcado su desarrollo político y económico todavía a finales del siglo XX. Hace 29 años comienza el proceso de transición que trae de vuelta la democracia a los países latinoamericanos, excepto Cuba. Se instala la democracia y permanece a pesar de las necesidades insatisfechas y las expectativas incumplidas. Latinobarómetro (LB) observa rigidez en el apoyo a este sistema de gobierno (informes de 1995 a 2006), que no se desmantela pese a los malos augurios de muchos dirigentes y analistas de la región, y a pesar de los escuálidos avances en la lucha contra las desigualdades en muchos países latinoamericanos.

Con más de 500 millones de habitantes, y por primera vez con un crecimiento sostenido durante un cuatrienio, América Latina empieza a ser un continente de oportunidades comerciales. La pregunta que surge es por qué, en estas circunstancias, el proceso de integración pasa por un mal momento.

Los datos recién publicados en el informe de LB-CAF, Oportunidades de cooperación regional: integración y energía (LB 2006), ponen de relieve tanto mitos como realidades presentes en el proceso de la integración latinoamericana, que aclaran algunas interrogantes.

SIN AMISTAD

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, manifestó en abril de 2007 en Santiago de Chile al presentar esos datos que, en efecto, "no es necesario" que los pueblos sean amigos para integrarse; no se puede culpar a los grados de amistad por el retraso en los procesos de integración. En los albores de su proceso integrador, entre los pueblos de Europa no había una relación amistosa, pero la iniciaron a partir de su voluntad de integrarse. En América Latina los pueblos tampoco son amigos en el presente; es más, el grado de amistad entre los países de la región parece haberse debilitado durante el proceso de consolidación democrática.

En primer lugar, se constatan mayores grados de amistad entre países que geográficamente están más distantes que entre aquéllos que comparten fronteras. En segundo, observamos que su amistad es mayor con los más grandes. Por lo tanto, el tamaño y la ubicación de un país son indicadores de la simpatía que se tiene por él. En tercer lugar, comprobamos que en lo que va de esta década la manifestación de amistad o simpatía se torna más volátil; es decir, el orden y los componentes de los países que figuran en la lista cambian de un año al otro.




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