Foreign Affairs in Spanish Foreign Affairs in Japanese
Foreign Affairs en Español
Publicado por el ITAM
Busqueda Busqueda Avanzada

Inicio

El Último Número

Revisar Por Tema

Reseñas

Números Anteriores

Para Suscribirse

Búsqueda


Quiénes Somos
Permisos
Información Publicitaria
Ediciones Internacionales
Mapa Del Sito
Contáctenos



La hora de la distensión con Irán
Ray Takeyh
De Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2007

Imprimir este articulo Envíe este artículo a un amigo

Resumen: Para domar el creciente poder de Irán, Washington debe abstenerse de las opciones militares, la perspectiva de conversaciones condicionales y las tentativas de contener al régimen. En cambio, debería adoptar una nueva política de distensión. Al ofrecer a los pragmáticos de Teherán la oportunidad de restablecer relaciones diplomáticas y económicas con Estados Unidos, éste podría ayudarles a marginar a los radicales e inclinar la balanza de poder interna de Irán a su favor.

Ray Takeyh es miembro senior del Council on Foreign Relations y autor de Hidden Iran: Paradox and Power in the Islamic Republic.

Of Related Interest

Temas:
Medio Oriente
Estados Unidos

Estados peligrosos. Oriente Medio y la política exterior estadounidense
Noam Chomsky y Gilbert Achcar (trad. Miguel Martínez). Barcelona: Paidós Estado y Sociedad, 2007.

Mesa redonda: qué hacer en Irak
By Larry Diamond, James Dobbins, Chaim Kaufmann, Leslie H. Gelb, y Stephen Biddle
Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006

Ver a Bagdad, pensando en Saigón
By Stephen Biddle
Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2006

The Assassins' Gate: America in Iraq
George Packer. : Farrar, Straus & Giroux, 2005.

Sandstorm: Policy Failure in the Middle East
Leon Hadar. : Palgrave Macmillan, 2005.

UNA ESTRELLA ASCENDENTE

A más de cinco años de que la administración Bush prometiera transformar Medio Oriente, la región, en efecto, es profundamente diferente. Los reveses de Washington en Irak, la humillación del poderío israelí en Líbano, el ascenso de los antes marginados chiítas y el predominio de los partidos fundamentalistas islámicos han empujado a Medio Oriente al borde del caos.

En medio de este lío está la República Islámica de Irán. Su régimen no sólo ha sobrevivido a las embestidas estadounidenses, sino que ha logrado incrementar la influencia de Irán en la región. Irán se encuentra ahora en el centro de los principales problemas de Medio Oriente -- desde las guerras civiles que se despliegan en Irak y Líbano al desafío a la seguridad en el Golfo Pérsico -- , y es difícil imaginar que cualquiera de ellos pueda resolverse sin la cooperación de Teherán. Mientras tanto, el poder de Teherán está siendo incrementado constantemente con su programa nuclear, que avanza sin dificultades serias pese a las protestas habituales de la comunidad internacional.

Esta última situación ha puesto a Washington en aprietos. Desde la revolución que derrocó al sha en 1979, Estados Unidos ha sostenido una serie de políticas incoherentes hacia Teherán. En varios momentos ha tratado de derribar al régimen, incluso, en alguna ocasión, amenazándolo con acciones militares. En otros, ha buscado mantener conversaciones sobre un conjunto limitado de temas. En todo momento ha trabajado por encajonar a Irán y limitar su influencia en la región. Pero ninguna de tales formas de proceder ha funcionado, sobre todo no la contención, que es todavía la estrategia de opción en el debate de la política hacia Irán.

Si espera poder domar a Irán, Estados Unidos debe replantear su estrategia de arriba abajo. La República Islámica no va a irse en ningún momento cercano, y no puede limitarse su creciente influencia regional. Washington debe evitar opciones militares atractivas sólo en la superficie, la expectativa de conversaciones condicionales y su política de contener a Irán, a favor de una nueva política de distensión. En particular, debería ofrecer a los pragmatistas de Teherán una oportunidad para reanudar las relaciones diplomáticas y económicas. Así, armados con la expectativa de una nueva relación con Estados Unidos, los pragmatistas estarían en posición de marginar a los radicales de Teherán y tratar de inclinar la balanza de poder a su favor. Cuanto más pronto Washington reconozca estas verdades y normalice finalmente las relaciones con su antagonista más tenaz de Medio Oriente, mejor.

SIN BUENAS OPCIONES

Cuando el presidente George W. Bush se refiere a Irán, suele insistir en que "todas las opciones están sobre la mesa": un recordatorio nada sutil de que Washington podría usar la fuerza contra Teherán si todo lo demás falla. Esta amenaza pasa por alto el hecho de que Estados Unidos no tiene ninguna opción militar realista contra Irán. Para proteger sus instalaciones nucleares de posibles golpes estadounidenses, Irán las ha dispersado por todo el país y las ha ubicado muy por debajo del suelo. Así, cualquier ataque estadounidense tendría que vencer tanto los retos relacionados con la inteligencia (cómo encontrar los sitios) como los espinosos relacionados con la logística (cómo impactarlos). (Como ha mostrado la debacle en Irak, la inteligencia estadounidense no siempre es tan confiable como debería serlo.) E incluso un ataque militar exitoso no terminaría con las ambiciones nucleares de los mullahs; ello sólo los motivaría a reconstruir las instalaciones destruidas, y a hacerlo con aun menos consideración de las obligaciones consignadas en los tratados de Irán.

¿Qué pasaría si se sostiene un diálogo condicional, como el propuesto por la secretaria de Estado Condoleezza Rice? En mayo de 2006, Rice parecía haber dado un importante paso adelante cuando anunció que Estados Unidos estaría dispuesto a participar en conversaciones multilaterales con Irán sobre la cuestión nuclear si Teherán suspendía sus actividades de enriquecimiento de uranio. Pero la declaración consignaba, erróneamente, la disputa entre Estados Unidos e Irán como un mero problema de desarme. En realidad, las diferencias políticas y estratégicas entre ambos países tienen raíces mucho más profundas... y requieren un planteamiento mucho más amplio.

Dadas estas desagradables realidades, muchos políticos estadounidenses han empezado a gravitar hacia lo que ven como la opción menos objetable: la contención. Su esperanza radica en que la aplicación sistemática de la presión diplomática y las sanciones económicas contrarrestarán los propósitos inicuos de Teherán en el corto plazo y, a la larga, abrirán la puerta a un nuevo gobierno iraní, más democrático y más susceptible a los intereses estadounidenses.

La idea de contener a Irán no es nueva; de una forma u otra, ha sido la política de facto de Estados Unidos desde el inicio de la República Islámica, y ha disfrutado de amplio respaldo bipartidista en Washington. Sin embargo, para suscribirla hoy con buena conciencia, uno debe responder importantes preguntas: ¿puede contenerse realmente a un Estado que proyecta su influencia a través de medios indirectos, como son apoyar el terrorismo, financiar delegados y asociarse con partidos chiítas extranjeros? ¿Estarán dispuestas otras naciones de la región a ayudar a Estados Unidos a aislar a Irán?




1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 siguiente




Email Updates
Sign Up for Free Bi-Weekly News Updates