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Desprevenidos ante una pandemia Michael T. Osterholm De Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2007 Resumen: La necesidad de prepararse para una pandemia de influenza no ha quedado clara, en parte porque el desastre aún no llega. Pero esa buena noticia podría volverse muy mala si conduce a demorar los preparativos necesarios: aunque nadie puede predecir cuándo o cómo, es seguro que habrá pandemia, y tendrá implicaciones mucho más allá del costo en salud humana. Michael T. Osterholm es director del Centro de Investigación y Política sobre Enfermedades Infecciosas, profesor de la Escuela de Salud Pública y profesor adjunto de la Escuela de Medicina de la Minnesota University.
LA ALARMA, UNA VEZ MÁS Hace más de año y medio, Foreign Affairs publicó tres artículos que hicieron sonar las campanas para prepararse ante una nueva pandemia. Advertían que esta catástrofe podría ocurrir en cualquier momento a un costo enorme para la salud humana y la economía mundial. Estos hechos siguen siendo indiscutibles. En aquel tiempo, muchos científicos de salud pública creían que los recientes brotes del virus de influenza H5N1 en aves de Asia, Europa y África, con infecciones ocasionales en humanos, eran precursores de la próxima pandemia. Aún lo creen. Al igual que los terremotos, huracanes y tsunamis, las pandemias de influenza son desastres naturales recurrentes. El depósito natural del virus de la influenza son las aves acuáticas salvajes. Pero, para que ocurra una pandemia de influenza humana debe desarrollarse un virus de influenza aviar contra el cual los humanos no tengan inmunidad preexistente y que experimente cambios genéticos críticos que le permitan transmitirse con rapidez de persona a persona. Hasta ahora la cepa H5N1 del virus de la influenza ha tenido impacto limitado en la salud humana, pero podría ocurrir una pandemia -- y ser devastadora -- si una cepa actual sufre los cambios genéticos apropiados. Durante décadas, los científicos creyeron que la única forma de que un virus de influenza aviar fuera transmisible entre humanos era mediante un proceso conocido como recombinación, que ocurre cuando un virus aviar y uno humano infectan a la vez las mismas células de un animal (un cerdo, por ejemplo) o una persona, e intercambian genes para crear un nuevo virus adaptado al ser humano. (Así comenzaron las pandemias de 1957 y 1968.) Sin embargo, en los dos años pasados, estudios de las mismas muestras de las víctimas de la influenza de 1918-1919 han indicado que un virus de influenza puede también volverse una cepa pandémica luego de someterse a mutaciones genéticas propias. Estudios recientes del material genético del virus han demostrado que probablemente el virus de 1918-1919 evolucionó mediante un proceso conocido como adaptación, una serie de mutaciones críticas que lo volvieron capaz de transmitirse entre humanos. Si bien es imposible saber con seguridad si el H5N1 llegará a ser el próximo virus pandémico, se ha descubierto que un número cada vez mayor de los cambios genéticos documentados en el virus de 1918-1919 ocurrieron en cepas recientes de H5N1 que afectaron a aves y humanos por igual. Entre tanto, la propagación de infecciones de H5N1 a más especies de aves y a más seres humanos continúa apuntando a esa cepa como probable disparador de la próxima pandemia. Nadie puede predecir cuándo ocurrirá la próxima pandemia y cuán grave será. Pero sin duda ocurrirá y, a causa de la actual interdependencia de la economía mundial, sus implicaciones llegarán mucho más allá de las pérdidas en salud humana. Un estudio reciente del Instituto Lowy de Política Internacional, que proporciona el mejor cálculo a la fecha, descubrió que una pandemia similar a la de 1968 causaría la muerte de 1.4 millones de personas y costaría unos 330000 millones de dólares (0.8% del PIB global) en pérdidas de producción económica. Si ocurriera una pandemia tan grave como la de 1918-1919, perecerían más de 142.2 millones de personas y el PIB del planeta sufriría una pérdida de 4400 billones de dólares. Con todo, el tema ha generado sólo atención limitada en el público y los sectores privados del planeta, porque en principio prevenirse para una pandemia es un desafío desalentador y porque el desastre no ha ocurrido. Pero esta buena noticia puede volverse muy mala si conduce a demorar las actividades de prevención hoy. En un mundo lleno de prioridades internacionales que compiten entre sí, prepararse para algo que puede no ocurrir el año próximo puede parecer difícil de justificar en términos tanto de recursos económicos como de tiempo, pero no es excusa para la inacción. MALA PASADA La influenza aviar causada por el H5N1 recibió por primera vez amplia atención en 1997, cuando un brote en aves en Hong Kong transmitió el virus a humanos. Se reconocieron 18 casos en humanos; seis de los pacientes fallecieron. (No hubo pruebas de contagio de persona a persona.) En otoño de 2003, la influenza aviar H5N1 apareció en granjas de aves domésticas en Asia. Luego de retraerse brevemente, volvió a surgir en el verano de 2004 en Camboya, China, Laos, Tailandia y Vietnam, donde persiste pese a la extensa vacunación de aves. Estudios recientes de aislamientos de H5N1 en el sudeste de Asia han indicado que el linaje predominante del virus se originó en el sur de China. Se cree que otros linajes han surgido en esa región, lo cual indica que el virus ha estado presente allí durante mucho tiempo. Un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), publicado en septiembre de 2004, descubrió que los depósitos existentes del virus de influenza H5N1 en patos, aves salvajes y -- potencialmente -- cerdos son lo bastante resistentes para "plantear un serio desafío a la erradicación". En 2005, el H5N1 se expandió más allá de Asia. En julio se le identificó en Kazajstán, Mongolia y Rusia, y en octubre en Turquía y Europa Occidental. En febrero de 2006 había llegado al norte de Nigeria; desde entonces a la fecha se le ha documentado en varias otras naciones africanas. Desde agosto de 2006, más de 220 millones de aves han sido sacrificadas a causa del H5N1 o se les ha puesto en cuarentena para evitar la propagación.
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