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Cómo los biocombustibles pueden matar de hambre a los pobres
C. Ford Runge y Benjamin Senauer
De Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2007

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Resumen: Gracias a los altos precios del petróleo y a los considerables subsidios, el etanol extraído del maíz está causando furor en Estados Unidos. Pero se requiere tanto abasto para mantener en marcha la producción de etanol que los precios del maíz, y los de otros alimentos básicos, están aumentando rápidamente. Para detener esta tendencia, y prevenir que aún más personas pasen hambre, Washington debe conservar más fuentes de producción de etanol y más diversificadas.

C. Ford Runge es profesor distinguido de la cátedra McKnight de Economía Aplicada y Derecho y director del Center for International Food and Agricultural Policy en la University of Minnesota. Benjamin Senauer es profesor de Economía Aplicada y codirector del Food Industry Center en la University of Minnesota.

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LA BURBUJA DE ETANOL

En 1974, cuando Estados Unidos se tambaleaba por el embargo petrolero impuesto por la Organización de Países Exportadores de Petróleo, el Congreso emprendió la primera de muchas medidas legislativas para promover el etanol a partir del maíz como combustible alternativo. El 18 de abril de 1977, ante el incremento de exigencias de independencia energética, el presidente Jimmy Carter se puso su suéter de punto y apareció por la televisión para decir a los estadounidenses que el esfuerzo de equilibrar las demandas de energía con los recursos internos disponibles sería el "equivalente moral de la guerra". La eliminación gradual del plomo en las décadas de 1970 y 1980 dio un impulso adicional a la naciente industria del etanol. (El plomo, sustancia tóxica, mejora el desempeño de la gasolina cuando se le agrega a ésta, y fue parcialmente sustituido por etanol.) Una serie de alivios fiscales y subsidios también fue de ayuda. A pesar de tales medidas, con cada año que pasaba Estados Unidos se hizo cada vez más dependiente del petróleo importado, y el etanol, en el mejor de los casos, seguía teniendo un papel marginal.

Ahora, gracias a una combinación de altos precios del petróleo y de subsidios gubernamentales aún más generosos, el etanol derivado del maíz está de moda. Según la Asociación de Combustibles Renovables, a finales de 2006 había 110 refinerías de etanol en operación en Estados Unidos. Muchas estaban en proceso de ampliación, y se estaban construyendo otras 73. Cuando esos proyectos se completen, hacia finales de 2008, la capacidad de producción de etanol estadounidense alcanzará un estimado de 11400 millones de galones al año. En su más reciente informe sobre el Estado de la Unión, el presidente George W. Bush hizo un llamamiento al país a producir 35000 millones de galones de combustible renovable al año para 2017, casi cinco veces el nivel actualmente encargado.

El impulso de etanol y otros biocombustibles ha engendrado una industria que depende de miles de millones de dólares de subsidios de los contribuyentes, y no sólo en Estados Unidos. En 2005, la producción mundial de etanol era de 9660 millones de galones, de los cuales Brasil produjo 45.2% (a partir de la caña de azúcar) y Estados Unidos 44.5% (a partir del maíz). La producción mundial de biodiesel (la mayor parte en Europa), realizada a partir de semillas oleaginosas, fue de casi 1000 millones de galones.

El crecimiento de la industria ha significado que una participación cada vez mayor de la producción de maíz se utilice para alimentar los enormes molinos que producen etanol. Según algunas estimaciones, las plantas de etanol consumirán hasta la mitad del abasto interno estadounidense de maíz en unos cuantos años. La demanda de etanol llevará los inventarios de maíz de 2007 a sus niveles más bajos desde 1995 (año de sequía), aun cuando en 2006 produjo la tercera mayor cosecha de maíz según los registros. Puede ser que pronto Iowa se convierta en un importador neto de maíz.

El enorme volumen de maíz requerido por la industria del etanol está enviando ondas expansivas a través del sistema de alimentos. (Estados Unidos representa por sí solo 40% de la producción total mundial de maíz y más de la mitad de todas las exportaciones del grano.) En marzo de 2007, los futuros sobre el maíz se elevaron a más de 4.38 dólares por búshel [27216 kilogramos], el nivel más alto en 10 años. Los precios del trigo y el arroz también se han incrementado a máximos en décadas; pese a que estos granos se usan cada vez más como sustitutos del maíz, los agricultores están plantando más acres con maíz y menos acres con otros cultivos.

Esto podría parecer como el Nirvana para los productores de maíz, pero difícilmente lo será para los consumidores, en especial en los países pobres en vías de desarrollo, que serán sacudidos por un doble golpe si se mantienen altos los precios de los alimentos y los del petróleo. El Banco Mundial ha estimado que, en 2001, 2700 millones de personas en el mundo vivían con el equivalente de menos de dos dólares al día; para ellas, incluso incrementos marginales en el costo de granos básicos podrían ser devastadores. Llenar el tanque de 25 galones de un SUV [vehículo utilitario deportivo, por sus siglas en inglés] con etanol puro requiere más de 204 kilogramos de maíz, lo que contiene las calorías suficientes para alimentar a una persona durante un año. Al poner presión sobre el abasto mundial de cultivos comestibles, el incremento en la producción de etanol se traducirá en precios más altos en los alimentos básicos y procesados en todo el mundo. Los biocombustibles han establecido un vínculo fuerte entre los precios del petróleo y los alimentos de tal modo que podrían trastornar profundamente las relaciones entre los productores de alimentos, los consumidores y las naciones en los años por venir; y ello tendrá implicaciones potencialmente devastadoras para la pobreza mundial y la seguridad alimenticia.

LA ECONOMÍA DEL PETRÓLEO Y DE LOS BIOCOMBUSTIBLES

En Estados Unidos y otras economías grandes, la industria del etanol es alentada artificialmente con subsidios gubernamentales, niveles de producción mínimos y créditos fiscales. En los últimos años, los altos precios del petróleo han hecho que el etanol sea naturalmente competitivo, pero el gobierno estadounidense sigue otorgando fuertes subsidios a los agricultores de maíz y los productores de etanol. En 2005 los subsidios directos al maíz fueron equivalentes a 8900 millones de dólares. Aunque estos desembolsos caerán en 2006 y 2007 debido a los altos precios del maíz, pronto pueden verse disminuidos por la panoplia de créditos fiscales, concesiones y préstamos gubernamentales incluidos en la legislación energética aprobada en 2005 y en una iniciativa agrícola pendiente cuya finalidad es apoyar a los productores de etanol. El gobierno federal ya concede a los mezcladores de etanol una reducción fiscal de 51 centavos de dólar por galón del etanol que producen, y muchos estados entregan subsidios adicionales.

En 2006 se esperaba que el consumo de etanol en Estados Unidos alcanzara más de 6000 millones de galones. (Se esperaba que el consumo de biodiesel fuera de unos 250 millones de galones.) En 2005, el gobierno estadounidense dispuso el uso de 7500 millones de galones de biocombustibles al año para 2012; a principios de 2007, 37 gobernadores propusieron elevar esa cifra a 12000 millones de galones para 2010, y en enero pasado el presidente Bush la elevó aún más, a 35000 millones de galones para 2017. Cada año se necesitan 6000 galones de etanol para remplazar el aditivo de combustibles llamado mtbe [metil ter-butil éter], que se está retirando debido a sus efectos contaminantes en las aguas subterráneas.




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