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Integración energética regional: viabilidad económica y desafíos políticos
Ricardo Sennes y Paula Pedroti
De Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2007

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Resumen: América Latina tiene un gran potencial para llevar a cabo una integración energética. La gran diversidad que existe en la región resulta extremadamente positiva: las matrices energéticas de los países se complementan de una forma casi natural. Sin embargo, el nacionalismo de los países y otras diferencias políticas hacen de la viabilidad de la integración una cuestión más complicada.

Ricardo Sennes es director de Prospectiva Consultoría Internacional y profesor de la Universidade Catolica de São Paulo (PUC-SP). Paula Pedroti es gerente de Proyectos de Prospectiva Consultoria, maestra y doctora en Administración Pública y Gobierno por la Fundação Getulio Vargas de São Paulo (EAESP).

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Entre los diversos temas que forman parte de la agenda de integración de América Latina, pocos muestran un potencial tan amplio de riqueza y racionalidad económica como el de la energía. La gran disponibilidad y variedad de recursos energéticos con que se cuenta, la relativa proximidad entre fuentes productoras y mercados consumidores, la complementariedad estacional y la existencia de empresas estatales y privadas con capacidad empresarial y tecnológica en ese campo, contribuyen a que la integración energética sea una alternativa bastante atractiva para los países de la región. Se calcula que, con la integración energética, la región economizaría de 4000 a 5000 millones de dólares por año además de las ganancias notables en materia de seguridad energética. (Linkohr, "La política energética latinoamericana: entre el Estado y el mercado", en Nueva Sociedad, 204. Geopolítica de la energía, Buenos Aires, julio-agosto de 2006.)

Ante ese escenario, hasta cierto punto resulta sorprendente el relativo bajo grado de integración energética que existe entre los países latinoamericanos. Lo que se identifica en la región es la limitada adopción de iniciativas para fomentar la integración energética, a pesar de las potenciales ganancias económicas de la integración. Las políticas se dirigen, básicamente, a realizar conexiones específicas entre algunos países y no a crear programas estructurados de largo plazo, con el objetivo de constituir un mercado regional y optimizado de los insumos energéticos existentes.

En la década de 1990 se produjeron avances importantes en ese campo, pero las crisis económicas y políticas, sobre todo en Argentina y en Bolivia, a principios de la década de 2000, ocasionaron algunos reveses. Durante los últimos años se han registrado avances y retrocesos importantes en ese terreno, pero sin duda estamos frente a un tema destinado a despertar un interés creciente en las relaciones regionales. La I Cumbre Energética de América del Sur, que se llevó a cabo del 16 al 17 de abril del presente año, es un signo de esa tendencia.

El sector energético requiere estrategias y acciones de largo plazo; implica cuantiosas inversiones por tratarse de un sector de capital intensivo, y se caracteriza por ser un sector con un largo tiempo de maduración. Por ello, es un mercado que se caracteriza por los contratos de largo plazo. Operar en el mercado spot, comprando o vendiendo energía, es una actividad cara y riesgosa, que ahuyenta a los inversionistas.

Además, en ese sector, los costos de transporte y almacenamiento son muy altos (en ocasiones demasiado), por lo cual la lógica regional es un recurso que tiene una eficiencia natural para ese mercado. Cuanto mayor sea el grado de integración y proximidad entre productor y consumidor, menores serán los riesgos y los costos de las inversiones energéticas.

Así, existen al menos cinco factores clave para hacer viable una estrategia eficiente: reservas, tecnología, capital, infraestructura de transporte y mercado consumidor. Ningún país de América Latina posee todos esos factores por sí mismo, pero sí se encuentran en diferentes países de la región, lo que sugiere la viabilidad de un arreglo regional razonablemente eficiente y autosuficiente, que resulte atractivo para los actores locales.

Con base en estos argumentos, el presente artículo se propone, en la primera parte, hacer un breve recorrido por el sector energético de algunos países de la región, señalando la heterogeneidad de su matriz energética y las principales iniciativas regionales en torno a la integración, y en la segunda parte, exponer y analizar algunos argumentos políticos que expliquen las causas por las cuales la integración energética ha avanzado tan poco, entre ellos, el nacionalismo energético. Al final, trataremos de llegar a algunas conclusiones y sugerir algunos posibles caminos para la integración regional.

ENERGÍA EN AMÉRICA LATINA: MUCHA COMPLEMENTARIEDAD Y POCA INTEGRACIÓN

La distribución de la producción y demanda de insumos energéticos entre los países de América Latina es bastante heterogénea. Las islas del Caribe y los países de América Central se caracterizan, esencialmente, por ser importadores de energía. La excepción principal es la isla caribeña de Trinidad y Tobago, ya que es el único país caribeño que exporta hidrocarburos. Por lo que toca a los siete países de América Central, todos poseen pocas reservas de hidrocarburos, lo que los hace muy dependientes del petróleo importado. Se destacan, sin embargo, por su producción de energía eléctrica. (EIA, 2006-Country analysis briefs: Argentina, Brazil, Bolivia, Caribbean, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguai, Peru, Uruguai, Venezuela. Disponibles en www.eia.gov.)

En lo que respecta a América del Sur, en ella se encuentran países importantes que son exportadores e importadores de energía. Venezuela es el país que posee las mayores reservas de petróleo y gas de la región, y Bolivia posee la segunda reserva más grande de gas natural, insumo que exporta básicamente a Brasil. En cuanto a Argentina, este país tiene la tercera reserva más grande de gas natural, y la cuarta de petróleo. Brasil, por su parte, posee la tercera reserva más grande de petróleo de toda América Latina. Chile depende en gran medida de la importación de insumos energéticos. Colombia es autosuficiente en petróleo y exporta el excedente de su producción. Perú inició la explotación del complejo de Camisea, que abastecerá en parte gas natural para el consumo interno y en parte para países vecinos. Paraguay no posee reservas de petróleo ni de gas, pero exporta energía hidroeléctrica a Brasil y Argentina. Ecuador se configura como un importante exportador de petróleo y Uruguay, por su parte, no posee reservas de petróleo ni de gas, e importa esos insumos para su consumo interno.




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