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Seguridad energética e industria eléctrica en México Alfredo Elías Ayub De Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2007 Resumen: La disponibilidad de recursos energéticos es un aspecto sumamente importante de la seguridad energética. ¿Podemos afirmar que México es en este sentido un país seguro? Hoy día enfrenta una serie de retos en materia de abastecimiento energético que no pueden pasarse por alto: hace falta asegurar la inversión tecnológica y una diversificación responsable. Alfredo Elías Ayub es, desde 1999 a la fecha, director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE); es presidente de la Fundación México en la Harvard University, donde estudió la maestría en Administración de Empresas.
La seguridad energética es un tema de enorme trascendencia en el mundo de hoy. En la reunión del G-8 en San Petersburgo, en julio de 2006, fue uno de los temas centrales, y prácticamente no pasa un día sin que la prensa mundial haga referencia a sus distintos aspectos. En México, sin embargo, raramente se le presta atención; se diría que supone algo ajeno a nuestra realidad. En ocasiones se escucha, o se lee, algún comentario sobre los elevados precios de los energéticos en el mercado mundial y sus posibles efectos en la economía nacional; pero en la discusión global sobre el abastecimiento, el comercio y el uso de los energéticos -- para no hablar de la seguridad en estos asuntos -- parecería que los mexicanos no tenemos nada que ver. Poca importancia se ha dado en el país, en general, a mantenerse informados del debate y menos aún a participar en él. La seguridad energética no ha preocupado a la opinión pública mexicana por razones que, tal vez, fueron justificables hasta hace pocos años pero que, hoy, carecen de validez. Desde finales de la década de 1970, al calor del auge petrolero, ha prevalecido la idea de que somos un país autosuficiente en materia energética. Las entonces recién descubiertas reservas y las favorables condiciones financieras para construir la infraestructura capaz de transformar esas fuentes primarias en electricidad y combustibles, y la posibilidad, además, de exportar un excedente considerable, nos condujeron a adoptar una actitud complaciente respecto a nuestro presente y futuro energéticos. A lo sumo se miraba, con júbilo o preocupación, según el caso, los altibajos del precio del petróleo en los mercados mundiales. La realidad es hoy muy distinta y bien haremos en preocuparnos, y ocuparnos seriamente, de la seguridad energética del país. De no hacerlo, las consecuencias serán, sin duda, graves. Partamos de una definición simple de seguridad energética: se trata de la disponibilidad cierta de un suministro de energía suficiente para cubrir las necesidades del país a precios razonables, es decir, a precios que podamos pagar sin grandes trastornos para la economía nacional. ¿Qué significa esto en el caso mexicano? Hasta hace algunos años, no mucho, dada la renta petrolera y las condiciones mencionadas de los mercados financieros. Sin embargo, cabe recordar que ya a principios de esa década enfrentamos, como resultado de condiciones adversas en los ámbitos financiero y fiscal en la segunda mitad de los noventa, una coyuntura en la que el servicio eléctrico en el país estuvo en riesgo. Afortunadamente, hoy podemos decir que esa coyuntura se ha superado. Sin embargo, las condiciones del sector energético obligan a pensar de nuevo en el tema de la seguridad, sobre todo si consideramos que los plazos de maduración en el sector son largos y que lo que decidamos hoy definirá lo que suceda dentro de cinco o 10 años. SEGURIDAD ES VARIEDAD Para repensar el tema de la seguridad energética no está por demás recordar la respuesta que dio Churchill ("Para garantizar la seguridad energética", D. Yergin, Foreign Affairs en Español, vol. 6, núm. 2, abril-junio 2006, p. 116) ante las dudas que suscitó su decisión de sustituir el carbón que usaba la Real Armada, procedente de Gales. Tal suministro estaba garantizado, originalmente, por petróleo de Persia, y su abastecimiento era, cuando menos, incierto. Churchill respondió, y al hacerlo sentó el principio básico de la seguridad energética: "La seguridad y certidumbre en cuanto al petróleo dependen de la variedad y sólo de la variedad".
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