Dos economistas de origen italiano, con estudios en Estados Unidos, ponen en la mira los males económicos de Europa. La encuentran en inevitable decadencia, tanto en lo político como en lo económico... a menos que pronto se adopten medidas decididas para corregir el rumbo. Expresan críticas hacia muchos de los llamados, hoy comunes, a la reforma, pues alegan que algunas propuestas serán meros paliativos en tanto que otras, como el argumento de que se dirijan más fondos públicos a las universidades y a la investigación y desarrollo, están totalmente mal encaminados. Los autores no invitan a la Europa continental a adoptar valores "anglosajones", y creen que el sistema benefactor europeo, manejado y financiado con eficiencia, puede sostenerse. Pero señalan con firmeza que los europeos deben prestar más atención a las lecciones positivas que pueden extraerse de la economía estadounidense, en particular con respecto a la innovación y a permitir que las empresas poco viables fracasen. Europa, en opinión de los autores, padece escasez de competencia y actitudes, compartidas por los políticos y el público, que pueden ser explotadas con éxito por intereses arraigados -- por lo regular de quienes están en mejor situación económica que el promedio -- a fin de proteger sus posiciones.