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La América mesiánica: los orígenes del neoconservadurismo y las guerras del presente.
Alain Frachon y Daniel Vernet (trad. José Miguel González Marcén),
Barcelona,
Paidós,
2006,
186 pp.
MN$260.00
Reseñado por Jonathan Pinzón Kuhn, Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2007
La América mesiánica es un misterio para los europeos (público objetivo del libro, publicado en francés en 2004). Frachon y Vernet --periodistas del prestigiado Le Monde-- tuvieron a bien desmenuzar algunas de las interrogantes primordiales, y mitos, sobre un grupo que hoy en día pareciera ser sinónimo de "imperialista", "unilateralista" y "conspirador" al servicio del big business, que representa lo "peor" de Estados Unidos ante los ojos de europeos y latinoamericanos por igual. Fueron los miembros de ese grupo, en efecto, los principales propulsores de la desventura en Irak, imponiéndose sobre los partidarios de la Realpolitik y de los consejos de los mandos militares. Pero su verdadera motivación fue una suerte de optimismo exagerado en el poder de ideas vagas como "la libertad" y "la democracia". ¿Quiénes son estos "constructores de imperio" (como los llamó en su momento el Christian Science Monitor)? En La América mesiánica, el lector descubrirá que, ante todo, el ser neoconservador no refleja un movimiento o una ideología. Ellos mismos se definen como partidarios de una "sensibilidad": una tribu minoritaria cuya gestación fue lejos de las prestigiadas universidades estadounidenses de la costa oeste. Su origen es primordialmente antiestalinista, paradójicamente desde la izquierda. Su identificación es moralista, opuesta al relativismo cultural y partidaria de los valores universales. Su historia bien podría ser un ejemplo de los vaivenes del siglo XX y de las profundas contradicciones en el seno de la identidad estadounidense. Son una suerte de idealistas cuya misión es una especie de "mesianismo democrático". La política genera alianzas insospechadas. Eso es particularmente cierto en el caso de los neoconservadores. Después del 11-S, sus ideas resonaron y fueron bien acogidas por una presidencia desorientada: los totalitarismos de Medio Oriente eran los responsables del terrorismo islámico. Desde el fin de la Guerra Fría propugnaban que Estados Unidos aceptara su papel imperial --después de su "éxito" en vencer y democratizar a la ex Unión Soviética-- y conjuntara sus intereses con sus valores. La democracia, en su concepción, es necesaria en Medio Oriente para garantizar la seguridad de propios y aliados. De ahí la consigna "la paz en Israel pasa por Bagdad". Sus ideas tuvieron consecuencias y ahora Estados Unidos se encuentra atrapado en Irak sin una salida fácil (si bien no cargan entera responsabilidad por el mal manejo de la tarea de reconstrucción). El mundo resultó ser mucho más complicado y, como señalan Frachon y Vernet, "la complejidad del mundo se ha vengado".
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