La inmigración se ha convertido en un asunto político importante no sólo en Estados Unidos sino también en Australia, Canadá y muchos países europeos, todos los cuales enfrentan el problema de la admisión selectiva y la exclusión masiva. En este libro colaboran un economista estadounidense y un economista australiano para proporcionar un magnífico informe sobre la inmigración en el mundo y las políticas al respecto durante dos siglos. Se centran sobre todo en las migraciones masivas de finales del siglo XIX y finales del XX (y en el marcado descenso a mediados del siglo XX). Insisten en la importancia de los factores económicos tanto en la motivación de los emigrantes como en la evaluación de la repercusión en los países receptores. En particular, una repentina disminución en los costos del transporte con el advenimiento de la navegación trasatlántica en barcos de vapor y de los ferrocarriles, combinada con un incremento en el ingreso en los países expulsores suficiente para permitir que la gente emigrara, alentaron en el siglo XIX un flujo migratorio a grandes distancias. Asimismo, analizan los factores, sobre todo el deterioro percibido en los niveles de capacitación de los inmigrantes y el efecto de depreciación en los salarios de los inmigrantes poco capacitados, que condujeron gradualmente a políticas de inmigración más estrictas en los países receptores luego de la apertura extrema que prevaleció a mediados del siglo. Gran parte de los estudios históricos sobre la migración se concentran en las grandes migraciones trasatlánticas europeas; este libro adopta una visión más amplia, dando cuenta también de la emigración de millones de indios y chinos durante el siglo XIX y de africanos en el siglo XX. También proporciona una extensa bibliografía para quienes deseen ahondar en los detalles de episodios particulares o de teorías de la migración y sus efectos.