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Peligro y oportunidad en Europa del Este F. Stephen Larrabee De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2007 Resumen: El reciente surgimiento de fuerzas nacionalistas y populistas en Europa del Este, junto con el ascenso de Rusia, amenaza con entorpecer los esfuerzos hacia una mayor integración de la UE, debilitar a la OTAN, erosionar la estabilidad del continente y dañar los intereses estadounidenses. Washington debe asegurarse de que la nueva política en la región no perjudique el proyecto europeo, porque una UE fuerte y cohesiva interesa a todos. F. Stephen Larrabee es presidente corporativo de Seguridad Europea en la RAND Corporation. De 1978 a 1981 fue responsable de Asuntos Soviéticos y de Europa del Este en el equipo del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos.
UN PASO A LA DERECHA Europa del Este experimenta cambios importantes que podrían deteriorar la seguridad europea y los intereses estadounidenses. Se suponía que la ampliación de la OTAN y la Unión Europea (UE) consolidaría la reforma política y económica en la región y contribuiría a integrarla a Occidente. Sin embargo, el reciente ascenso de fuerzas nacionalistas y populistas en varios países amenaza con socavar el proceso reformista. La fatiga de la ampliación en la UE y los llamados cada vez más constantes al proteccionismo dentro de Europa Occidental podrían obstruir más la continuación de esfuerzos por crear un solo mercado europeo e integrar por completo a nuevos miembros de la Unión. Al mismo tiempo, el equilibrio del poder se traslada a la periferia exterior de Europa del Este. El derrumbe de la "Coalición Naranja" en Ucrania (el grupo de líderes políticos que encabezó la Revolución Naranja de 2004) ha llevado al poder a un gobierno mucho menos abierto a la reforma o dispuesto a estrechar vínculos con Occidente. Es probable que esto no sólo detenga la integración de Ucrania a las instituciones euro-atlánticas, sino que también tenga un efecto limitante en las reformas dentro de otros estados ex soviéticos. Además, luego de una década de debilidad y pasividad, Rusia ha resurgido como importante actor regional e internacional, sobre todo en el campo energético. Estos cambios han pasado inadvertidos en su mayor parte a los políticos en Washington, pese a sus importantes implicaciones para los intereses estadounidenses. Estados Unidos ha invertido considerables recursos y energía en las décadas pasadas para promover una Europa completa y libre, que pueda actuar como un socio fuerte y cohesivo y ayude a lidiar con amenazas de seguridad surgidas más allá de las fronteras. Si Europa del Este vuelve a las viejas pautas de nacionalismo y provincianismo y el proceso de integración europea se detiene, mucha de esa inversión habrá sido en vano. FATIGA REFORMISTA En general, la década anterior fue un periodo de crecimiento económico y prosperidad progresiva en Europa del Este. Pero la oleada de reformas económicas liberales ha cambiado a últimas fechas. Los partidos pro europeos y favorables al mercado han perdido terreno en la región, y en varios países han sido remplazados por coaliciones que propugnan por el nacionalismo y el populismo. Polonia ofrece el ejemplo más patente de esta tendencia, que comenzó allí con la victoria del partido conservador Ley y Justicia (conocido por su acrónimo polaco, pis), encabezado por Jaroslaw Kaczynski, en las elecciones parlamentarias de septiembre de 2005. El pis consolidó su éxito electoral al ganar los comicios presidenciales unas semanas más tarde, cuando Lech Kaczynski, hermano gemelo de Jaroslaw, triunfó inesperadamente sobre Donald Tusk, de Plataforma Cívica, partido pro europeo e inclinado a la reforma de mercado. Los hermanos Kaczynski recelan de las reformas que apoyan el libre mercado y promueven un papel fuerte del Estado en la economía nacional y en otros campos, como educación y medios de comunicación. En política exterior, el pis busca acentuar los "intereses nacionales polacos", lo cual ha conducido a conflictos con la UE y algunos vecinos de Polonia, en particular Alemania. En lo interno, las posturas del pis sobre muchos temas sociales, como los derechos de los homosexuales, están en conflicto con las de muchos estados occidentales y son fuente de tensión adicional. El giro a la derecha en la política polaca se ha acentuado con la entrada en la coalición gobernante de dos partidos marginales, el partido populista Autodefensa -- que deriva su mayor apoyo de los campesinos -- y la Liga de Familias Polacas, católica y nacionalista. Ambos partidos se oponen a las reformas a favor del libre mercado y han criticado la pertenencia de Polonia a la Unión Europea. Las fuerzas hostiles a la liberalización económica también han ganado poder en Eslovaquia: en junio de 2006, el partido Smer-Social Democracia, dirigido por el populista Robert Fico, obtuvo una victoria decisiva en las elecciones parlamentarias sobre la Unión Democrática y Cristiana Eslovaca del primer ministro Mikulas Dzurinda. Pese a su impresionante historial en reformas económica y social, los electores le volvieron le espalda en favor de Fico y de una coalición que incluye dos partidos de derecha hostiles a las reformas de mercado. La sorpresiva victoria de Rolandas Paksas sobre el presidente Valdas Adamkus en la elección lituana de diciembre de 2002 ofrece otro ejemplo del ascenso del populismo en la región. La elección se realizó apenas semanas después de que Lituania fuera invitada a unirse a la OTAN y a la UE. Dado su importante papel en lograr estos antiguos objetivos nacionales, se esperaba que Adamkus ganara con facilidad. Sin embargo, Paksas llevó a cabo una hábil campaña, enfocada en los problemas sociales y económicos de Lituania, y atrajo a muchos de los perdedores en la transformación del país. (Más tarde Paksas fue sometido a juicio político y destituido, pero lo notable es que haya ganado.) A primera vista, las victorias de nacionalistas y populistas parecen paradójicas, dado el crecimiento económico y la prosperidad que gran parte de Europa del Este ha disfrutado en tiempos recientes. Pero la región ha experimentado también un correspondiente aumento en la desigualdad y el desempleo. La prosperidad se ha confinado en gran medida a las ciudades principales, en tanto las poblaciones pequeñas y las zonas rurales han sufrido con las reformas. Es en esas zonas donde la población ha votado por los nacionalistas y populistas, quienes han prometido menos reformas y más justicia social. El pis polaco, por ejemplo, obtiene su apoyo del este rural del país y su rust belt -- zonas duramente golpeadas por las medidas económicas poscomunistas al comunismo -- , en tanto que Plataforma Cívica, más progresista, recibe su apoyo de Varsovia y las zonas norte y oeste, más prósperas. Los partidos de derecha se han beneficiado también de una reacción popular contra la corrupción. Muchos de los titulares de cargos públicos en Bulgaria, República Checa, Polonia y Eslovaquia se han visto manchados por escándalos, y esos incidentes estuvieron muy presentes en las campañas.
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