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El modelo de India Gurcharan Das De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2007 Resumen: Luego de ser restringida por el gobierno durante décadas, la economía de India se ha convertido en una de las más fuertes del mundo. Su singular desarrollo económico ha aportado un cuarto de siglo de gran crecimiento, pese a un Estado incompetente y asfixiante. Gurcharan Das es ex presidente ejecutivo de Procter & Gamble India y autor de India Unbound: The Social and Economic Revolution From Independence to the Global Information Age.
UNA ECONOMÍA LIBERADA Aunque el mundo acaba de descubrirlo, el éxito económico de India no tiene nada de nuevo. Luego de un magro progreso en las tres décadas posteriores a la independencia, su economía creció a 6% anual de 1980 a 2002 y 7.5% anual de 2002 a 2006, lo cual la hizo una de las economías de mejor desempeño durante un cuarto de siglo. En las dos décadas pasadas, el tamaño de la clase media se ha cuadruplicado (a casi 250 millones de personas) y 1% de la población pobre ha cruzado cada año la línea de la pobreza. Al mismo tiempo, el crecimiento de la población se ha reducido de la tasa histórica de 2.2% anual a 1.7% hoy día, lo cual ha acarreado mayores ganancias en el ingreso per cápita, de 1178 a 3051 dólares (en términos de paridad del poder de compra) de 1980 en adelante. India es hoy la cuarta economía mundial, y pronto desplazará a Japón del tercer lugar. Lo notable de este ascenso no es que sea nuevo, sino que su ruta ha sido única. En vez de adoptar la clásica estrategia asiática -- exportar a Occidente bienes de trabajo intensivo y bajo precio -- , se ha apoyado en su mercado interno más que en las exportaciones, en el consumo más que en la inversión, en los servicios más que en la industria, y en la alta tecnología más que en las manufacturas de baja especialización. Este enfoque ha significado que su economía esté en su mayor parte aislada de los contratiempos mundiales y muestre un grado de estabilidad tan impresionante como el ritmo de su expansión. El modelo impulsado por el consumo es también más benigno hacia la población que otras estrategias de desarrollo. En consecuencia, la desigualdad se ha incrementado mucho menos allí que en otras naciones en desarrollo. (Su índice de Gini, que mide la desigualdad de ingreso en una escala de cero a 100, es 33, en comparación con 41 de Estados Unidos, 45 de China y 59 de Brasil). Además, de 30 a 40% del crecimiento del PIB se debe a su mayor productividad -- verdadero indicio de la salud y progreso de una economía -- más que a incrementos en la cantidad de capital o trabajo. Pero lo más notable es que, más que crecer con ayuda del Estado, en muchos sentidos India ha crecido a pesar del Estado. El empresario está sin duda en el centro de la historia de éxito: hoy el país ostenta empresas privadas sumamente competitivas, un mercado de valores en auge y un sector financiero moderno y bien disciplinado. Y en especial a partir de 1991, el Estado indio se hace cada vez más a un lado, no por graciosa concesión, sino arrastrado y empujado a adoptar reformas económicas. Ha reducido las barreras comerciales y las tasas impositivas, acabado con los monopolios estatales, liberado la industria, alentado la competencia, y se ha abierto al resto del mundo. El ritmo ha sido lento, pero las reformas comienzan a acumularse. India se encuentra en un momento decisivo de su historia. Es probable que el crecimiento rápido continúe e incluso se acelere. Pero ello no puede darse por sentado. La deuda pública es alta, lo que desalienta la inversión en infraestructura necesaria. Las leyes laborales, sumamente estrictas, aunque sólo protegen a 10% de la fuerza de trabajo, tienen el efecto perverso de desalentar la contratación de nuevos empleados. El sector público, aunque mucho más pequeño que el de China, aún es demasiado grande e ineficiente, lo cual es un lastre importante en el crecimiento y el empleo y una carga para los consumidores. Y si bien India genera con éxito manufacturas de tecnología avanzada, intensivas en capital y conocimientos, no ha logrado crear una revolución industrial de base amplia e intensiva en trabajo, lo cual significa que las ganancias en el empleo no son proporcionales al crecimiento general. Entre tanto, la población rural sufre las consecuencias de distorsiones inducidas por el Estado en la producción y la distribución agrícolas, las cuales ocasionan que los campesinos obtengan sólo de 20 a 30% del precio al por menor de frutas y verduras (contra 40 a 50% que obtienen los de Estados Unidos). India puede aprovechar este momento para retirar los obstáculos que le han impedido realizar todo su potencial. O puede continuar con petulancia, confiada en que a la larga llegará . . . pero con 20 años de retraso. Las reformas más difíciles no se han hecho, y ya se perciben signos de complacencia. UN CUENTO DE 100 AÑOS Durante medio siglo antes de la independencia, la economía india estuvo estancada. Entre 1900 y 1950 el crecimiento económico fue en promedio de 0.8% anual, exactamente la misma tasa que la de la población, por lo que no hubo aumento en el ingreso per cápita. En las primeras décadas después de la independencia, el crecimiento económico se elevó, con un promedio de 3.5% anual de 1950 a 1980. Pero también el crecimiento demográfico se aceleró. El efecto neto en el ingreso per cápita fue un aumento anual de apenas 1.3 por ciento. Los indios la llamaban con pena "la tasa hindú de crecimiento". Por supuesto, nada tenía que ver con el hinduismo, sino más bien con las políticas socialistas fabianas del primer ministro Jawaharlal Nehru y su imperiosa hija, la primera ministra Indira Gandhi, quienes gobernaron en las décadas económicas más oscuras del país. Padre e hija constriñeron las energías del pueblo mediante una economía mixta que combinaba los peores rasgos del capitalismo y el socialismo. Su modelo miraba al interior y a la sustitución de importaciones en vez de abrirse y promover la exportación, e impedía participar en la prosperidad que trajo la expansión masiva del comercio global en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial. (El crecimiento anual promedio per cápita del mundo desarrollado en conjunto fue de casi 3% de 1950 a 1980, más del doble de la tasa india.) Nehru erigió un sector público ineficiente y monopólico, sobrecargó de reglamentaciones a la empresa privada con los controles más rígidos del mundo sobre precios y producción, y desalentó la inversión externa, con lo cual India perdió los beneficios de la tecnología y la competencia extranjeras. Su enfoque también arropó al trabajo organizado al punto de reducir significativamente la productividad, y desdeñó la educación de los niños. Pero incluso ese sistema pudo haber rendido más frutos si se hubiera aplicado mejor. No tenía que haber degenerado en un "raj [imperio] de cuotas sobre licencias y permisos", según expresión acuñada por Chakravarthi Rajagopalachari a finales de la década de 1950. Si bien los indios culpan de sus fracasos a la ideología (y a veces a la democracia), la verdad es que probablemente causó más daño una mundana incapacidad de aplicar políticas, reflejo de una tendencia a pensar en vez de actuar.
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