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India y su estado de derecho Simón Levy-Dabbah De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2007 Resumen: India ha tenido un desarrollo económico notable. Sin embargo, persisten la desigualdad en la concentración de esta riqueza y el casi nulo acceso a la justicia. Simón Levy-Dabbah es licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México y especialista en Derecho Chino por la Universidad Popular de China. Director general de Latin Asia Consulting Group.
El defecto inherente al capitalismo es la desigualdad en la distribución de los beneficios, mientras que el defecto inherente al socialismo es la igualdad en la distribución de la miseria. -- Winston Churchill El progreso económico de Asia puede parecer seductor si se le considera superficialmente. En apariencia exitoso, sus logros hipnotizan y vuelven endebles las críticas de sus opositores. El caso de India en particular, al ostentar la "mayor democracia del mundo", ha puesto en jaque diversos modelos ideológicos y políticos e incluso el significado occidental tradicional de "estado de derecho", debido a que las características de los negocios en la globalidad -- viciados por la virtualidad -- privilegian la competitividad de los costos y dejan en segundo plano la legalidad. India, país experto en crear sistemas de offshoring y outsourcing, que no ha abandonado la idea de un sistema legal ágil y promotor de la seguridad, obliga a una reflexión. Detengamos por un momento la incesante velocidad de sus espléndidos resultados económicos y tratemos de entender si su rumbo económico está creando en verdad un modelo de desarrollo sostenible, un aparato público sensible que reconozca al "estado de derecho" más como herramienta y garantía de crecimiento social que como un lastre o impedimento ante el nuevo pragmatismo político asiático que recorren, como una suerte de pandemia ideológica, varios países en busca de un modelo de buen gobierno. Numerosos rascacielos de acero y cristal se elevan en el Distrito Bancario de la capital financiera de India. Allí se genera más de un cuarto de los impuestos directos del país, pese a que dos tercios de la población de Mumbai viven en zonas de abrumadora pobreza, donde la mayoría de los hogares carece de saneamiento y hasta de baño. Un país cuya ley de quiebras y suspensión de pagos establece un procedimiento tedioso para cerrar una empresa y reorientar la fuerza laboral y empresarial hacia nuevas áreas parecería no tener demasiado rumbo. Sin embargo, pese a que India cuenta con ese tipo de inconvenientes, es ya la octava economía más grande del mundo, con un crecimiento de 8% anual, y se proyecta como una verdadera potencia al tiempo que su población ocupa el segundo sitio mundial. Para describir el modelo político y jurídico de India podríamos decir que la tesis central de su estado de derecho -- con base en sus lastres del pasado -- consiste en promover en forma dinámica la facilitación administrativa, la capacitación y educación de excelencia y el desarrollo de inversiones, aunque no se ha ocupado de resolver la inoperatividad de su andamiaje legal. (Si no lo ha hecho ha sido porque su oferta de estabilidad jurídica representa una oportunidad mucho más clara de tranquilidad empresarial ante los retos e impensables problemas de quienes decidieron, en primer término, invertir en China.) La competencia comercial que India sostiene con China ha sido tan fuerte que ha impedido que el primer país en comercio base su modelo de competitividad en una nueva dinámica jurídica, pues se ha concentrado en generar mayor talento en innovación empresarial y mano de obra altamente calificada para contrarrestar lo atractivo que resulta invertir en China -- todavía -- , aunque India presente una propuesta que otorga a los inversionistas mayor certeza frente a la oferta china. CRECIMIENTO ECONÓMICO O DESARROLLO SOSTENIBLE: ¿BASE PARA EL ESTADO DE DERECHO? El estado de derecho, al menos en la concepción occidental tradicional, obliga al funcionamiento imparcial del Estado, que dignifica y hace justicia a los débiles. Garantiza la separación de poderes y salvaguarda a los ciudadanos de las arbitrariedades del mando absoluto. Protege las libertades individuales y civiles. Sin la protección del estado de derecho, una democracia puede pasar rápidamente de la regla de la mayoría a la regla de la masa. Hay suficientes ejemplos, incluso hoy, que advierten que las sociedades que carecen de un estado de derecho vivirán algún día sin instituciones que promuevan la estabilidad social, donde el poder se proclame como la razón y quienes dispongan de armas establezcan las reglas. Sin embargo, la estructura política de países como India ha adoptado el pragmatismo y el "dirigismo" para demostrar que el estado de derecho -- según sostiene el Partido Comunista de China -- radica en el progreso social y el desarrollo económico sistemático como fórmula y garantía de prosperidad. Es decir, de acuerdo con el gobierno de India la mayor protección social y jurídica para los gobernados es que el propio Estado sea el auténtico promotor del crecimiento económico, que garantice la posibilidad de convertir a su población en un ejército de fabricantes de valor agregado para establecer una oportunidad de acceso a bienes a su población. Asimismo, esta nueva izquierda pragmática, amante de los resultados y no de las ideologías, no abandona el dirigismo pero empieza a agilizar la necesaria privatización de las empresas estatales: por ello, observamos una mayor liberación del intercambio comercial y una mayor apertura a las inversiones extranjeras. El resultado es un marcado contraste entre un puñado de ricos y millones de seres en estado de miseria, que han renunciado al ideal de una equidad relativa, de una comunidad con oportunidades para todos.
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