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Desarrollo económico y exclusión social en India Pulin B. Nayak De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2007 Resumen: El régimen liberal adoptado por India a principios de los noventa significó un gran avance en su crecimiento económico. Sin embargo, los atractivos indicadores encubren problemas profundos en la economía y en la política que es necesario atender para lograr mayor gobernabilidad y aumentar la democracia. Pulin B. Nayak es profesor de Economía en la Delhi School of Economics, India.
Recientemente el gobierno central ha procurado reservar 27% de cupo en las instituciones de educación superior para las oca. Como era de esperarse esto levantó una tormenta de protestas entre las castas superiores del país. Ha habido protestas en toda la nación, en especial en instituciones de educación superior y profesional como son los institutos de administración, tecnología y medicina. Mucho del razonamiento común contra las cuotas o cupos se centra en el argumento debatible de que ello conducirá a una baja en los estándares. Sin embargo no parece haber ninguna prueba empírica clara en este asunto. También suele argumentarse que si van o no a implementarse las cuotas o cupos, éstos deberían basarse en criterios puramente económicos. No obstante, la realidad de India es que la mayoría de los pobres se concentran en las CI, las TI y las oca. Algunas de las dimensiones de las condiciones objetivas pueden enunciarse en pocas palabras, aunque no es nuestro propósito ofrecer muchos detalles estadísticos. Según los datos más recientes comparables disponibles en el Informe de Desarrollo Mundial 2007, el ingreso per cápita en India es de 720 dólares al año, mientras que la cifra estadounidense es de 43740 dólares (Banco Mundial, 2006). El bajo ingreso per cápita se combina con un grado muy acentuado de distribución sesgada del ingreso. De acuerdo con las cifras señaladas por el gobierno, el porcentaje de la población por debajo del umbral de pobreza oficialmente declarada constituye cerca de 28.6% de la población, lo que convierte a India, por amplio margen, en el país donde reside el mayor número de pobres del mundo. Cerca de una cuarta parte de los pobres del mundo están en India. Alrededor de 34.7% de la población está por debajo del umbral de pobreza de un dólar por persona al día, y el porcentaje llega a 79.9% si el umbral se eleva a dos dólares por persona al día. Un gran número de personas que viven en extrema pobreza reside en áreas remotas e inaccesibles. La pobreza rural se concentra en los trabajadores agrícolas sin tierra y los hogares artesanos, y la pobreza urbana, en los hogares de trabajadores ocasionales. También hay una dimensión de pobreza en cuanto al género. La incidencia de la pobreza entre las mujeres tiende a ser marginalmente superior tanto en las áreas rurales como en las urbanas. Hay una considerable variación en la incidencia de pobreza a través del país, así como una relativamente alta incidencia de pobreza en Bihar, Orissa, Madhya Pradesh, Uttar Pradesh y Rajasthan (Council for Social Development, 2006). La incidencia de la pobreza está íntimamente relacionada con la situación del desempleo en el país. Paradójicamente, el avance en la tasa de crecimiento del PIB en la fase posterior a la liberalización ocurrió junto con un incremento en el porcentaje de población desempleada tanto en las áreas rurales como urbanas, cosa que dio lugar al fenómeno del "crecimiento sin empleos". El gobierno emprendió un programa nacional para garantizar el empleo rural en 2006 que garantiza 100 días de empleo a un miembro de cada una de las 150 millones de familias rurales en el país. Hubo una campaña sostenida contra este esquema en los medios de comunicación de parte de algunos autodesignados guardianes de la rectitud fiscal en el país. El argumento es que ese esquema constituiría un derroche y una sangría a los magros recursos del país. En el primer año de la implementación del programa sobrevino la acostumbrada inercia burocrática, pero las expectativas de este esquema siguen siendo altas entre la amplia masa de los desempleados rurales. Posiblemente la intervención institucional más significativa que podría tener un impacto tangible en la mitigación de la pobreza tendría que ser la reforma agraria. Pese a los esfuerzos en todos los estados en la fase postindependentista por abolir el sistema feudal del zamindari (terrateniente) y regular el arriendo, consolidar la propiedad de la tierra y distribuir los excedentes tope de tierra entre los agricultores que carecen de ella y a los marginales, los resultados no han sido completamente satisfactorios. Sin embargo, hubo algunas notables excepciones. En Bengala Occidental, la Operación Barga ayudó a 1.4 millones de comuneros a establecer sus derechos al arriendo de tierra, fijar alquileres justos y también obtener acceso al crédito institucional. LA COMPOSICIÓN SOCIAL DE LA POBREZA Como se señaló, para una comprensión adecuada de las dimensiones de la privación y la exclusión social es preciso ir más allá de lo puramente económico hasta los aspectos sociales. En la India contemporánea los dalits llevan la carga del legado posiblemente más prolongado de la opresión social. La palabra dalit se refiere literalmente a una persona pobre y oprimida, que ha sido subyugada, pisoteada por quienes están por encima de ella de una forma activa y deliberada. Suelen ocupar los peldaños más bajos de casi cualquier criterio de logros económicos y sociales, y en India, gran número de ellos, ubicados en las CI, han sufrido la degradación del abandono o contaminación social durante siglos (Zelliot, "Dalit: New Cultural Context for an Old Marathi Word", en Contributions to Asian and African Studies, 1978; Mander, "Status of Dalits and Agenda for State Intervention", en Ghanshyam Shah (comp.), Dalits and the State, 2002). Las CI constituyen alrededor de 17% de la población india. A lo largo de los siglos han sido excluidos del acceso a los derechos civiles, los derechos de propiedad y la educación, y sólo se les encontrará en los trabajos menores de baja paga. Su privación ha sido especialmente severa debido a su segregación física y social del resto de la sociedad hindú. Ello se institucionalizó, con severas consecuencias para su condición económica y social. Los adivasis o TI constituyen el segundo grupo social más grande con alrededor de 8% de la población de India. En términos de sus privaciones económicas y sociales y la exclusión, están cerca de las CI, aunque hay importantes puntos de diferencia. Desde el punto de vista étnico son diferentes, poseen distintas culturas, lenguas y organizaciones sociales y tradicionalmente han practicado la caza, la recolección de comida y los cultivos irregulares. Además de las castas y tribus inventariadas están las otras clases atrasadas (oca), que, pese a estar marginalmente mejor ubicadas, de todos modos presentan indicadores económicos y sociales sustancialmente inferiores respecto de las clases superiores. Constituyen alrededor de 27% de la población del país. Las razones de pobreza entre las CI, TI y oca están muy por encima del promedio nacional. Las cifras de desnutrición, morbilidad y mortalidad de infantes también son consistentemente más altas. En las áreas rurales alrededor de 48% de todos los que pertenecen a las CI y están empleados son trabajadores agrícolas, y cerca de un tercio de todos los trabajadores agrícolas, pertenecen a las CI. En las áreas urbanas secciones sustanciales de todas las CI y oca laboran en trabajos no calificados en el sector de servicios no organizado, en su mayor parte como basureros, ladrilleros y trabajadores de cantera, cargadores, porteros o remolcadores de carros rickshaw. Otra dimensión distinta de la exclusión social en India tiene que ver con la cuestión comunal. Cerca de 13% de la población de India es musulmana, y los cristianos vienen en segundo lugar, con 2.3% de la población. India cuenta con la tercera población más grande de musulmanes en el mundo, después de Indonesia y Bangladesh. Más de 60% de la población musulmana de India reside en Assam, Kerala, Maharashtra, Uttar Pradesh y Bengala Occidental. En promedio, los musulmanes ocupan un peldaño inferior de la escala socioeconómica en comparación con los hindúes, y las diferencias parecen haberse incrementado en las dos últimas décadas (Shariff y Razzack, "Communal Relations and Social Integration", en India: Social Development Report, 2006). El ascenso del fundamentalismo religioso hindú en la esfera política en las dos últimas décadas no anuncia nada bueno para las minorías del país. La destrucción del Babri Masjid en 1993, y el pogromo contra los musulmanes en Gujarat en 2002 realizados con la complicidad del gobierno estatal, han puesto una grave interrogación sobre la naturaleza secular del tejido social en el país.
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