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El turno de India en la estrategia de México para Asia Rogelio Granguillhome De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2007 Resumen: Es el momento de la definición de políticas mexicanas de largo plazo hacia un actor de cuyo dinamismo económico dependen en gran medida no sólo el crecimiento de la economía de la región, sino las tendencias de la economía internacional. Rogelio Granguillhome es embajador de México en India. Trabaja en la Secretaría de Relaciones Exteriores desde julio de 1991. Ha sido embajador de México en la República Oriental del Uruguay y en la República de Corea.
LA SITUACIÓN En 2001, en la reunión de embajadores y cónsules que se celebra todos los años en la ciudad de México, tuve la oportunidad de sugerir al presidente de la República la conveniencia de definir elementos para forjar una estrategia para Asia que contribuyera al crecimiento y desarrollo de nuestro país. En esa ocasión apunté la necesidad de que la región asiática tuviera un lugar privilegiado en la política exterior mexicana que permitiera a nuestro país aprovechar las corrientes de comercio, inversión y conocimiento que se originan en aquella zona. Ahí se discutieron los elementos que darían cuerpo a la estrategia que hoy en día las autoridades siguen para la región en materias de política, comercio e inversión, cultura, educación, ciencia y tecnología. Mucho se ha hecho en los últimos cinco años en la construcción de una relación provechosa con los países asiáticos. En México, el gobierno, el sector privado y la academia suman esfuerzos en la búsqueda de etapas superiores de relación, y sus programas y proyectos representan ya un rico entramado de acciones en el marco de políticas bien definidas. La política exterior de México identifica como prioridad a China y Japón. La decisión política de promover las relaciones hacia dimensiones más elevadas con estos países, sumada a la larga historia diplomática de relaciones mutuas, hizo que los vínculos bilaterales crecieran de manera sorprendente. La promoción de las relaciones con China y Japón contiene una clara visión estratégica. Los instrumentos de largo aliento definidos respecto de estos países contribuyen no sólo a la fortaleza de las relaciones bilaterales, sino también al peso específico de México en la región con efectos positivos para el fortalecimiento de nuestros intereses a nivel global. Era inaplazable que la agenda internacional de México otorgara un lugar prioritario a la promoción de las relaciones políticas, económicas y culturales con China. Asimismo, era preciso que el gobierno y el sector privado mexicanos identificaran objetivos y políticas en una perspectiva que permitiera aprovechar el crecimiento y desarrollo económico de ese país. En el caso de Japón fue necesario sobre todo convertir la vieja y limitada relación comercial en una moderna y eficiente. El Acuerdo de Asociación Económica, en vigor desde abril de 2005, marcó el inicio de una nueva relación que, más allá de los asuntos meramente económicos, se caracteriza ahora por niveles sin precedentes en materia de entendimientos políticos. Desde Seúl y Nueva Delhi he observado con interés los avances de nuestros vínculos, en especial con China, y he sido promotor de más y mejores proyectos. Estoy convencido de que el fortalecimiento de los lazos de México con la región pasa necesariamente por el aliento a las relaciones con China. La promoción eficiente de nuestros nexos políticos, económicos, y científicos y tecnológicos, trasciende de manera positiva la relación con la zona en su conjunto. La importancia que México ha asignado a China y Japón no descarta el impulso a la promoción de los vínculos con otros países de la región. De manera decidida se han llevado a cabo acciones, algunas de ellas novedosas, para promover las relaciones en los planos bilateral y multilateral. Que México haya ocupado la presidencia del Mecanismo de Cooperación Económica Asia-Pacífico en 2002, por ejemplo, marca un hito en la promoción de los nexos con la zona, y consolida su presencia tanto en la región como en el mecanismo, desde donde contribuye de manera efectiva a los objetivos para un crecimiento comercial ordenado y predecible. Las acciones e interacciones que construyen la relación con China y Japón forman parte de la estrategia de México para la región. El impresionante crecimiento de la relación con China de los últimos años, por ejemplo, debe verse como el cumplimiento de una etapa hacia una nueva y más activa presencia de México en la zona. El conjunto de relaciones con China y Japón debe valorarse como un paso hacia etapas superiores que incluyan programas y proyectos de largo plazo, también estratégicos, con el resto de los países del área. La propia decisión política y eventualmente los propios instrumentos que se han empleado para China y Japón podrían repetirse con los otros países de la región, sin perjuicio, por supuesto, de las valoraciones obligadas en materia de estructuras políticas y económicas y, sobre todo, industriales y tecnológicas. Ha llegado el momento de la definición y puesta en práctica de acciones hacia el otro actor de cuyo dinamismo económico depende en buena medida no sólo el crecimiento de la economía de la región, sino también las tendencias de la economía internacional. Asimismo, es tiempo de la definición de políticas que den contenido estratégico a la relación bilateral con India a partir de las posibilidades y oportunidades que el desarrollo económico y los avances científicos y tecnológicos de este país ofrecen a México. VALORACIÓN DE INDIA
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