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La guerra de Irak, una perspectiva distinta Olga Pellicer De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006 Una guerra en solitario. Heraldo Muñoz, Madrid, El tercer hombre, 2006, 271 pp. EUR 18.00 Resumen: Mucho se ha escrito sobre la guerra de Irak. El libro de Heraldo Muñoz aporta una perspectiva distinta, desde la visión del representante de un país que fue miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU durante los años en que Irak fue el principal problema en la agenda de ese órgano. Olga Pellicer es profesora e investigadora del Departamento de Estudios Internacionales del ITAM. Ha sido embajadora alterna ante las Naciones Unidas, embajadora en Austria y representante ante los organismos internacionales con sede en Viena. Fue coordinadora general del Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos. Autora y coordinadora de numerosos artículos y libros sobre cuestiones internacionales y política exterior de México.
Sobre la guerra de Irak ha corrido mucha tinta. Son numerosos los estudios que se han escrito sobre el tema, provenientes principal, aunque no únicamente, del mundo anglosajón. El libro de Heraldo Muñoz interesa porque aporta una perspectiva distinta. Está escrito desde la visión del representante de un país que fue miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU durante el periodo 2003-2004; es decir, los años cuando Irak fue el problema prioritario en la agenda de ese órgano. Como alto funcionario del gobierno de Ricardo Lagos y consejero de asuntos internacionales, Heraldo Muñoz vivió desde Santiago los difíciles momentos que precedieron la invasión de Irak por parte de la coalición encabezada por Estados Unidos y el Reino Unido. Ambos países se esforzaron por obtener el voto favorable a un proyecto de resolución que diera luz verde a la acción militar, claramente contraria al principio de prohibición del uso de la fuerza establecido en la carta de la ONU. Chile, al igual que la mayoría de los miembros no permanentes del Consejo, se rehusó a otorgar ese voto. Muñoz conoció las presiones ejercidas y vivió las incertidumbres respecto a las consecuencias que podría tener no apoyar a Estados Unidos en la relación bilateral Chile-Estados Unidos, enfrascada entonces en la negociación de un tratado de libre comercio. Pocos meses después de los momentos más culminantes en el Consejo de Seguridad, consumada ya la invasión de Irak, el gobierno de Lagos decidió reemplazar a su embajador ante la ONU, Juan Gabriel Valdés, enviando en su lugar a Heraldo Muñoz. Una omisión en el interesante relato de aquellos días es el silencio sobre los motivos que llevaron a sustituir a Valdés. El caso de México, que también reemplazó meses después a su representante, sí se discute en el libro, donde se señala la poca simpatía que había expresado Bush hacia "cierto embajador" al conversar con Fox. Lo cierto es que era difícil olvidar el papel de los embajadores de Chile y México en mantener la cohesión de los seis miembros no permanentes en torno a la oposición al proyecto que hubiese autorizado la acción militar. La primera parte del libro de Heraldo Muñoz está destinada a recordar las vicisitudes que enfrentó Estados Unidos al decidirse a ir a una "guerra en solitario". De particular interés son los señalamientos sobre las fisuras, o grandes grietas, que por ello se abrieron en la conexión trasatlántica, en especial después del cambio de gobierno en España en 2004. Ahora bien, la parte mas novedosa del relato es sin duda la que se refiere a Chile y, en particular, a la participación personal del presidente Lagos en las decisiones adoptadas. Poco se sabía, por ejemplo, sobre los esfuerzos que a nivel personal llevaron a cabo Tony Blair y Lagos para intentar un texto de conciliación que permitiese alcanzar el consenso dentro del Consejo. El intento fracasó, pero queda como un ejemplo de la participación directa en la acción diplomática del jefe del ejecutivo chileno, algo que no puede señalarse en el caso del presidente mexicano. Una de las preguntas formuladas con más frecuencia en México y Chile durante aquellos momentos fue la relativa a las posibles represalias que tomaría el gobierno de Bush por la falta de apoyo a sus proyectos. Heraldo Muñoz hace un interesante relato en el que destaca la tibieza de dichas represalias. Aparte de una breve pausa en las negociaciones sobre el tratado de libre comercio, Estados Unidos y Chile retomaron pronto sus buenas relaciones y, a pesar de los temores, el tratado se firmó. Algo similar, también documentado por Muñoz, ocurrió en el caso de México donde, más allá de un enfriamiento en las relaciones personales entre Bush y Fox, que posiblemente hubiese ocurrido de todas maneras dado el cambio de prioridades en Estados Unidos, no se registraron represalias por el comportamiento que se siguió en el Consejo de Seguridad. Al parecer, las situaciones difíciles creadas en el ambiente de la ONU se resolvieron simplemente con el ya mencionado cambio de representantes. La segunda parte del libro de Heraldo Muñoz cubre la época en que él ya se encontraba como representante en el Consejo de Seguridad. Fueron años difíciles cuando se discutió con profusión sobre la relevancia o no de la Organización, sobre el grado en que la invasión de Irak había asestado un golpe de muerte a la ONU. El libro de Muñoz es muy profuso al ilustrar por qué fue necesario volver a las ONU y cómo se fueron definiendo, mediante complejas negociaciones en el Consejo de Seguridad, las funciones que se le querían asignar. La rápida victoria militar en Irak creó el espejismo inicial de un triunfo. Sin embargo, la rápida descomposición de la situación ante la imposibilidad de mantener el orden, el surgimiento de los grupos de resistencia y la aparición y fortalecimiento del terrorismo pronto invitó a Estados Unidos a volver los ojos hacia la Organización. Su apoyo fue necesario no sólo para legitimar el llamado para que otros países se sumaran a la empresa de reconstruir Irak sino, sobre todo, para comenzar el proceso que permitiría crear un gobierno provisional, la celebración de elecciones y la "transferencia de soberanía" a Irak. Como ocurre a menudo a quien participa en negociaciones multilaterales, Heraldo Muñoz pierde la perspectiva cuando expresa su convencimiento de que la cooperación internacional encabezada por la ONU puede desempeñar un papel clave en los acontecimientos de Irak. Lo cierto es que la historia de ese país en los últimos años alcanza tales niveles de caos, violencia, desgarramiento interno, actividad terrorista, enfrentamientos étnicos y religiosos que es difícil o imposible imaginar la importancia que podría adquirir la ONU en la solución de sus problemas. La tragedia más grande de la invasión de Irak fue llevar a ese país a una situación en la que todos los actores internacionales, incluida la ONU y el mismo Estados Unidos, no están en posibilidad de controlar las fuerzas de destrucción que se han desatado. La gran interrogante hacia el futuro es qué tan lejos se extenderá la influencia negativa de los acontecimientos de Irak en Medio Oriente. Hasta dónde puede llegar el enfrentamiento con Occidente en general y, en particular, las divisiones entre sunitas y chiítas. La función de la ONU, por lo pronto, es sólo registrar el terrible malestar existente y hacer llamados para detener las acciones que lo avivan. |
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