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Vidas (y sobrevidas) de Fidel Rafael Hernández De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006 Resumen: Por más de 40 años Fidel Castro se ha sobrevivido a sí mismo, a lo largo de una existencia que no ha conocido un instante de quietud ni respiro. A los 80 años libra lo que algunos vaticinan como su último round. ¿Qué pasará cuando Fidel ya no pueda gobernar, día que al parecer ya llegó? Con el nuevo cambio se ha reforzado el peso del orden institucional, en el que el aparato estatal, las instituciones y estructuras políticas cubanas constituyen un ordenamiento que va más allá de Fidel y Raúl Castro. Rafael Hernández es politólogo y escritor cubano. Es licenciado en Lengua y Literatura Francesa (Universidad de La Habana) y maestro en Ciencia Política (El Colegio de México), así como investigador titular en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana "Juan Marinello". Ha sido profesor e investigador en la Universidad de La Habana y el Centro de Estudios sobre América, en Cuba. Profesor visitante en las universidades estadounidenses de Harvard, Columbia, Johns Hopkins y en el Woodrow Wilson Center. Actualmente es director de la revista cubana Temas.
¿Y ESTADOS UNIDOS? Muchos, acostumbrados a que Cuba no sea más que "The Castro's Cuba", podían imaginar que la ausencia de Fidel lo iba a poner todo de cabeza. Es como si se esperara que el curso de la historia volviera adonde estábamos cuando él hizo su aparición, antes de que tomara por este "desvío" llamado revolución. Una pregunta que me he hecho -- y hasta he escrito -- es qué pensará el gobierno de Estados Unidos de sus posibilidades con Raúl Castro como presidente de Cuba: ¿Es que preferiría negociar con el hermano de Fidel? ¿Hay alguna razón para considerar como más probable este escenario? A no ser que alguien piense que Raúl estuviera más dispuesto a hacerle concesiones -- de lo que no existe absolutamente ninguna evidencia -- , este escenario que ya se inicia no nos depararía en sí mismo muchas esperanzas para las relaciones bilaterales. Poniéndose en los zapatos de los encargados de la seguridad nacional cubana, sería lógico preguntarse qué efecto están teniendo las noticias sobre la enfermedad de Fidel en los planes de contingencia del Pentágono y en las estrategias de la CIA hacia Cuba. ¿Pensarán que todo les va a ser más fácil cuando Fidel no esté? ¿Respetarán al nuevo presidente cubano como al enemigo íntimo que ha sido Fidel? Aunque Condoleezza Rice ha dicho que la idea de una invasión "is far-fetched", también ha apostillado que "what Cuba should not have is the replacement of one dictator by another". El hecho de que invadir la isla sea una locura sólo es un dato de la razón, no una condición estratégica a fortiori. Por lo demás, aun antes de llegar a una invasión, hay numerosos grados de uso de la fuerza y otros recursos de desestabilización, todos ellos altamente peligrosos y amenazantes. Si es cierto que las dos sociedades tienden a un reencuentro, no hay que olvidar que esto está ocurriendo desde experiencias históricas y culturas políticas muy diferentes. Ninguna discusión sobre lo que pasaría entre ambas partes en ausencia de Fidel Castro tiene mucha profundidad sin entender esos cambios y diferencias. En la línea de esas tendencias, una Cuba post-embargo estaría mucho más cargada de escenarios favorables. Difícilmente la desaparición de Fidel, por sí misma, borre como por arte de magia el legado de desconfianza levantado entre los dos lados, ni tampoco la prepotencia y el hábito de mando con que Estados Unidos ha tratado a Cuba desde hace más de un siglo. ¿Estados Unidos teme realmente que surjan "otras Cubas", o más bien "otras Venezuelas", "otras Bolivias"? ¿Piensan los restantes gobiernos del hemisferio que un gobierno presidido por Raúl Castro procurará replicar la Revolución cubana en otro país? ¿Querrían asesorarlo para que instaure un sistema estable donde cohabiten especies políticas tan irreconciliables como la derecha cubano-estadounidense y los comunistas fidelistas? ¿Es realmente el socialismo cubano la oveja negra en un rebaño de lozanas democracias regionales? Comentar estas cuestiones nos llevaría a repensar Cuba no como anomalía, sino como parte inseparable de la cambiante realidad de nuestros países. La Habana, 10 de agosto de 2006
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