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Salud y hegemonía regional Jorge Díaz Polanco De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006 Resumen: Con Chávez, las tensiones históricas entre Cuba y Venezuela se convirtieron en convenios de cooperación: intercambio de petróleo por asesoramiento en cuestiones de salud. Las "Misiones" han servido, en lo interno, como instrumentos de proselitismo político; y, en lo externo, como un efecto-demostración para neutralizar la hegemonía estadounidense en la región y proponer la transformación del sistema al "socialismo del siglo XXI". Jorge Díaz Polanco es sociólogo, especialista en Políticas de Salud; profesor-investigador del Centro de Estudios del Desarrollo (CENDES) de la Universidad Central de Venezuela.
Una de las formas más eficaces del expansionismo cubano en la última década ha sido la exportación del modelo sanitario que se estableció en la isla a partir de la Revolución cubana y que, desde los años setenta, se fundamentó principalmente en la expansión de la atención primaria y en la puesta en marcha de un sistema nacional de salud. Hoy día, más de 20000 funcionarios cubanos de salud, médicos en su mayoría, se encuentran prestando sus servicios en diversos lugares de América Latina, concentrándose especialmente en Bolivia y Venezuela. En estas páginas revisaremos brevemente el significado de tan grande expansión en el terreno sanitario en el caso de Venezuela, país que atraviesa un proceso de transformación política inspirada por el espíritu de la Revolución cubana. BREVE RECUENTO HISTÓRICO Las relaciones entre Cuba y Venezuela han atravesado etapas muy disímiles desde mediados del siglo pasado hasta el presente. A partir de 1948, con el derrocamiento en Venezuela del presidente Rómulo Gallegos, que conduciría más tarde a la instauración de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez, han ocurrido cambios que tienen que ver con la situación política específica de cada uno de los dos países y de sus diferentes momentos históricos. Ambas dictaduras, la de Fulgencio Batista en Cuba y la de Pérez Jiménez en Venezuela, fueron casi contemporáneas y coincidentes en las formas de la represión aplicada en contra de la sociedad. Fueron, incluso, coincidentes en cuanto a las fechas de sus respectivos derrocamientos: la venezolana concluyó con la rebelión cívico-militar del 23 de enero de 1958 y la de Batista en enero de 1959, menos de un año después, merced al triunfo de la revolución comandada por Fidel Castro. Los tiempos que siguieron, aun cuando no coincidentes en los modelos políticos, sí lo fueron en términos de la represión que sobrevino. En Cuba, porque la implantación del modelo socialista de revolución, que surgió a partir de la crisis de los misiles en octubre de 1962, requirió instrumentos de decisión que debían sobreponerse a la resistencia que presentaban los grupos contrarrevolucionarios y que permitieran la transición al socialismo desde el nacionalismo precedente, en especial una vez que el gobierno se declaró abiertamente en contra del imperialismo estadounidense y, a la vez, comenzó el apoyo de la entonces Unión Soviética a la Revolución cubana. En Venezuela, el derrocamiento de la dictadura fue el producto de los esfuerzos combinados de partidos y organizaciones políticas, proscritos de la vida pública por la dictadura, que conjugaron sus esfuerzos y coordinaron sus acciones con un amplio sector de las fuerzas armadas disidentes, para así despojar del poder a Pérez Jiménez. Pero en Venezuela, a diferencia de Cuba y luego de una breve transición, se llamó a elecciones en las que participaron todos los grupos políticos conocidos entonces. Mientras en Cuba se echaban las raíces del socialismo prosoviético, en Venezuela se perfilaba un modelo similar a un capitalismo de Estado con una democracia de corte liberal. Pero la Revolución cubana, símbolo para casi todas las izquierdas latinoamericanas de entonces, no se limitó a su desarrollo local, sino que intentó expandirse al resto de los países de América Latina, y en especial hacia Venezuela. Esa expansión tuvo que ver con el papel que le tocó desempeñar a Cuba en la crisis de los misiles de 1962, pero también con la forma en que se institucionalizó la democracia en Venezuela. Las elecciones de 1959 -- las primeras después de la caída de la dictadura -- fueron ganadas por Acción Democrática (AD), y su máximo líder, Rómulo Betancourt, se constituyó en el primer presidente de la llamada era democrática. Su proyecto de país, desde el punto de vista económico, se fundó en un modelo de crecimiento hacia adentro, basado en la sustitución progresiva de las importaciones y la industrialización del país. Desde el punto de vista político, intentó una democracia pluripartidista y representativa, pero de estructura centralista y excluyente de la mayor parte de las fuerzas de izquierda. Como respuesta, estas fuerzas políticas excluidas comenzaron la organización de la lucha subversiva, constituyendo guerrillas a lo largo y ancho del país. El gobierno había suscrito un pacto tripartito con otras fuerzas políticas democráticas -- Pacto de Punto Fijo -- que le confería los necesarios niveles de gobernabilidad como para emprender la represión antiguerrillera en defensa de la naciente democracia. A pesar del escaso apoyo campesino y popular que obtuvo la guerrilla, ésta logró crear situaciones de inestabilidad política a todo lo largo de la década de los sesenta y buena parte de los años setenta cuando, merced a la obvia percepción de su fracaso y a los buenos oficios del entonces presidente Raúl Leoni, comenzó un proceso lento de pacificación, y los grupos políticos subversivos, sobrevivientes de la represión desatada en la década anterior por el gobierno de Betancourt, se integraron a la vida democrática. Ya a finales de los setenta, las guerrillas eran prácticamente inexistentes en Venezuela. Durante toda esa época las relaciones entre Cuba y Venezuela fueron muy tensas porque era obvio el apoyo que las fuerzas subversivas recibían desde la isla. Tan fue así, que hubo un desembarco de efectivos militares cubanos en playas del oriente de Venezuela, descubierto y parcialmente neutralizado por el gobierno de entonces. Esta situación llegó a tal punto que el 11 de noviembre de 1961, en una alocución al país, el presidente Betancourt anunció el rompimiento de relaciones diplomáticas con Cuba. La resolución de este hecho acentuaba que, a pesar de las agresiones, el gobierno de Venezuela jamás se prestaría a ser sede de intentos de derrocamiento del régimen de Castro. Finalmente, es de destacar que en el mismo documento citado se expresa la solidaridad de las Federaciones de Centros Universitarios de las universidades nacionales, los sindicatos agrícolas y de trabajadores industriales, así como gremios y asociaciones profesionales de todo el país. Las relaciones entre Cuba y Venezuela fueron restablecidas en 1974, en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez.
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