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Frontera sur y política migratoria en México
Ernesto Rodríguez Chávez
De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006

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Resumen: La frontera sur mexicana, en la dinámica de la migración centro y sudamericana que transita hacia Estados Unidos, trasciende lo binacional con Guatemala y Belice, convirtiéndose en componente regional de cooperación y gestión de flujos migratorios. México es territorio de origen, destino y tránsito migratorios, así como de vida transnacional de las comunidades fronterizas. Por ello, deben normarse los flujos locales con mejor documentación y trato humanitario en el control migratorio.

Ernesto Rodríguez Chávez es profesor e investigador, especialista en migración internacional. En los últimos años ha sido profesor en el Departamento de Relaciones Internacionales del ITAM y, en la actualidad, es director del Centro de Estudios Migratorios del Instituto Nacional de Migración de México.

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La frontera sur de México es sin duda un escenario clave para constatar los cambios ocurridos en la complejidad, magnitud y dinámica migratoria América Central-México-Estados Unidos en los últimos 30 años, así como para demostrar las nuevas necesidades legales y de política que impone la migración internacional a la región y a México en particular.

No obstante haber crecido en importancia y lograrse avances en la gestión migratoria del gobierno en el último sexenio, la frontera sur sigue siendo un tema poco dimensionado en el debate político y en la investigación académica en México. El tema no ha logrado contextualizar su importancia estratégica en la definición de la política migratoria nacional ante el eclipse que provoca la magnitud y los impactos de la emigración mexicana hacia Estados Unidos. Lo que sí ha trascendido son las manifestaciones más conflictivas y negativas de la migración en la zona, como los riesgos, accidentes, extorsiones y demás vicisitudes que sufren los emigrantes indocumentados en tránsito por México, así como el tráfico de personas, las violaciones a los derechos de los trabajadores temporales guatemaltecos y la presencia de algunos miembros de la Mara Salvatrucha.

MULTIPLICIDAD Y COMPLEJIDAD MIGRATORIA

La zona de la frontera sur mexicana es la parte del territorio nacional donde se expresa con mayor fuerza la condición de México como territorio de origen, destino y tránsito de emigrantes, así como de vida transnacional de comunidades fronterizas.

La emigración de mexicanos de los estados del sur, sobre todo de Chiapas, hacia Quintana Roo (también en el sur), el norte del país y Estados Unidos, se triplicó en los últimos 10 años, con sus respectivas implicaciones para el funcionamiento y la estructura laboral de la zona. En Chiapas, esto se produce en un contexto que se caracteriza por el rezago económico y social, conflictos por la tenencia de la tierra y luchas por reivindicaciones de los pueblos indígenas, así como por zonas controladas por fuerzas zapatistas.

Por otra parte, desde la década de 1980 la llegada de decenas de miles de refugiados guatemaltecos, desplazados por la guerra en su país, más sus descendientes, llevó a incrementar su tradicional presencia en los estados del sureste mexicano y a modificar la dinámica social y cultural de la región. Buena parte de los que no retornaron a sus lugares de origen en los años noventa, se nacionalizaron mexicanos y obtuvieron tierras en el marco de un programa especial para su integración social permanente, coordinado por la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR) y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR).

Con una geografía heterogénea -- de difícil acceso en sus franjas de selva y montaña y de fácil tránsito en las tierras bajas cercanas a las costas en sus dos extremos -- , la frontera sur es una demarcación de enorme porosidad en sus 1149 kilómetros, con cientos de pasos informales y sólo 11 puntos de internación con presencia de autoridades migratorias. Cada año, se realizan en ella alrededor de 2 millones de internaciones, de las cuales alrededor de 78% son documentadas. Tales ingresos se componen, en lo fundamental, por visitantes locales, emigrantes indocumentados de tránsito hacia Estados Unidos, trabajadores temporales y turistas.

Como flujo poblacional dominante, encontramos los de tipo local desde ambos lados de la frontera, con una tradición histórica y cultural de cruces diarios para visitas familiares, comerciar, comprar o adquirir algún servicio, sobre todo en Chiapas y Quintana Roo y, en menor medida, en Tabasco y Campeche debido a las características propias de esa zona de la frontera que cuenta con menos población y vías de comunicación.

En los últimos años, la presencia documentada y no documentada de trabajadores temporales guatemaltecos en la agricultura chiapaneca se ha extendido en forma no autorizada a las labores de la construcción, el comercio y los servicios en las comunidades urbanas cercanas a la línea fronteriza, con una circularidad diaria en más de 60% en los trabajadores no agrícolas.

A este panorama de guatemaltecos que residen en los estados del sureste mexicano, de desplazamientos transfronterizos y de trabajadores temporales guatemaltecos, debemos añadir la migración de tránsito indocumentada que se interna por esta frontera con la intención de llegar a Estados Unidos. Desde su detonante en la década de 1980 con la guerra en América Central, ese flujo se ha mantenido en crecimiento aun después de los acuerdos de paz en estos países en los años noventa, llegando a calcularse para 2005 entre 250000 y 300000 cruces.




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