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México y el debate migratorio en Estados Unidos Rodolfo Tuirán De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006 Resumen: Hoy somos testigos del resurgimiento del debate migratorio en Estados Unidos. Este escenario de impasse en el Congreso estadounidense podría dar al gobierno mexicano el tiempo que necesita para evaluar la pertinencia de sus posiciones y estrategias, definir con claridad los intereses y objetivos que persigue en esta materia, determinar sus responsabilidades y compromisos y, eventualmente, delinear su propia reforma migratoria. Rodolfo Tuirán es investigador visitante del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).
La inmigración es parte esencial de la historia de Estados Unidos. Debido a su incuestionable importancia, el tema suele reaparecer periódicamente y ubicarse en el centro de la controversia pública. Cuando algún sector de la sociedad estadounidense percibe que el sistema migratorio entra en crisis, el debate se aviva y eventualmente provoca virajes de política en la materia. Actualmente somos testigos del resurgimiento del debate migratorio en Estados Unidos. Durante los últimos meses, diversos grupos de interés en ese país intensificaron la presión y trasladaron el cabildeo al Congreso y a diversas oficinas del Ejecutivo para urgir a la clase política estadounidense a superar el statu quo. En ese país, hay consenso en torno a la idea de avanzar hacia un nuevo régimen migratorio con apego a reglas de orden, legalidad y seguridad. Si bien todavía existe un profundo desacuerdo sobre algunos de los componentes que podrían ser incluidos en una eventual reforma migratoria y al balance adecuado entre los mismos, no hay duda que -- después de las lecciones del 11-S -- cualquier propuesta relacionada con la inmigración es ponderada ahora desde la óptica de la seguridad. En este escenario emergente no hay cabida para la "política de la omisión" seguida por el gobierno de México en materia migratoria desde hace varias décadas. El impasse en el que se encuentra el debate migratorio en el Congreso de Estados Unidos podría dar a nuestro gobierno el tiempo que necesita para evaluar la pertinencia de sus posiciones y estrategias, definir con claridad los intereses y objetivos que persigue en esta materia, determinar sus responsabilidades y compromisos, y eventualmente delinear e impulsar su propia reforma migratoria. PRESENTE Y FUTURO DE LA EMIGRACIÓN MEXICANA La emigración mexicana hacia Estados Unidos constituye en la actualidad el nexo migratorio bilateral más importante del mundo. No hay una corriente contemporánea entre dos países tan numerosa y con tan prolongada tradición histórica como la mexicana. El movimiento migratorio se intensificó vertiginosamente en las últimas cuatro décadas. Mientras que el flujo neto ascendía en los años sesenta a cerca de 30000 personas en promedio por año, en la actualidad -- según cifras oficiales -- es superior a 400000, es decir, casi 14 veces mayor. Así, lo que al principio era una pequeña corriente migratoria, se ha convertido en los últimos años en una verdadera avalancha. Este fenómeno tiene múltiples y complejas ramificaciones e influye de manera profunda en la vida cotidiana de millones de personas. Además de sus protagonistas (más de 11 millones de mexicanos residentes en Estados Unidos), el fenómeno migratorio involucra a la población estadounidense de origen mexicano (más de 18 millones de personas) y a una numerosa población de México que está unida por lazos de parentesco con ambos grupos (alrededor de 40 millones de personas). Las interacciones entre estos diferentes conjuntos de población propician la conformación de extensas redes familiares y sociales que alientan y facilitan el desplazamiento de los mexicanos hacia aquel país. Es sabido que antes de que finalizara el Programa Bracero (1942-1964) el flujo migratorio hacia Estados Unidos se integraba principalmente por trabajadores con bajos niveles de escolaridad, provenientes de las zonas rurales de unas cuantas entidades de la región centro-occidente de México, quienes trabajaban en labores agrícolas durante seis u ocho meses en Estados Unidos (sobre todo en la región sudoeste) y volvían a sus lugares de origen el resto del año. Esta imagen ya no corresponde con el perfil de la mayoría de quienes participan actualmente en la corriente migratoria hacia Estados Unidos. Algunos de los cambios más importantes son los siguientes: 1. La migración mexicana transita de un patrón predominantemente "circular" o "temporal" a uno de carácter cada vez más "permanente". Así lo revela el enorme crecimiento de la población mexicana residente en Estados Unidos y la caída en la probabilidad de retorno de los emigrantes durante los primeros tres años de la migración (que disminuyó de 55% en 1987-1992 a 46% en 1997-2002). 2. La migración mexicana es predominantemente indocumentada. De acuerdo con cifras del Pew Hispanic Center, los inmigrantes mexicanos no autorizados eran una minoría entre quienes entraron a Estados Unidos en el primer quinquenio de los ochenta (18 de cada 100). En contraste, la gran mayoría de los inmigrantes de reciente ingreso son indocumentados (85 de cada 100 inmigrantes mexicanos que entraron a Estados Unidos entre 2000 y 2004). 3. La migración mexicana ya no se origina únicamente en una sola región del país, sino que se ha extendido por todo el territorio nacional. En las últimas dos décadas, todas las regiones y entidades de la república han participado -- en mayor o menor medida -- en la corriente migratoria hacia Estados Unidos, lo que ha dado un carácter nacional a este fenómeno. Asimismo, en casi todos los municipios del país (2350 de un total de 2443) ya se advierte algún grado de contacto con la Unión Americana.
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