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México y el debate migratorio en Estados Unidos Rodolfo Tuirán De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006 Resumen: Hoy somos testigos del resurgimiento del debate migratorio en Estados Unidos. Este escenario de impasse en el Congreso estadounidense podría dar al gobierno mexicano el tiempo que necesita para evaluar la pertinencia de sus posiciones y estrategias, definir con claridad los intereses y objetivos que persigue en esta materia, determinar sus responsabilidades y compromisos y, eventualmente, delinear su propia reforma migratoria. Rodolfo Tuirán es investigador visitante del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).
Una solución constructiva y de fondo al problema migratorio sólo puede desprenderse de un enfoque que tenga como marco más amplio las cuestiones del desarrollo. La creación de más oportunidades de empleo y la reducción de las brechas salariales y de ingreso entre México y Estados Unidos constituyen una condición necesaria para desalentar la emigración mexicana en el largo plazo. Para lograrlo, la economía requiere crecer al menos a tasas superiores a 6 o 7% anual. La única manera de lograrlo es removiendo los obstáculos que lo impiden y contando con el financiamiento para el desarrollo que la economía requiere. Robert Pastor y otros han insistido, con razón, en que dos de los grandes ausentes en el debate reciente sobre la reforma migratoria en Estados Unidos y en México han sido, por un lado, la cooperación para el desarrollo en la región de América del Norte y, por el otro, el impulso a una estrategia eficaz y a un conjunto de reformas (fiscal, en materia de energía y de pensiones, entre otras) para revitalizar el desarrollo mexicano. En este sentido, es co¬nocida su propuesta de crear un fondo de desarrollo para México con el fin de disminuir las enormes asimetrías que separan a los tres socios del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la cual -- según los tres principales candidatos a la presidencia de la república en las pasadas elecciones -- merecería ser revisada para evaluar su viabilidad en el contexto actual. De la misma forma, se requiere insistir en la creación y el fortalecimiento de programas sociales y de desarrollo local audaces, efectivos e imaginativos (por ejemplo, el programa 3 x 1), dirigidos expresamente a las regiones donde la intensidad migratoria es cada vez más significativa, con miras a ofrecer a sus habitantes opciones viables ante la de emigrar. También será necesario estructurar un sistema de incentivos y desincentivos -- tomando como eje la política social y sus programas -- encaminado expresamente a restaurar los mecanismos de circularidad de la emigración, desincentivar los movimientos no autorizados y canalizar la emigración por conductos legales. La agenda de trabajo en materia migratoria no puede dejar de considerar de manera prioritaria el complejo entramado transnacional de interacciones, relaciones y redes entre los mexicanos de aquí y de allá, el cual es -- en muchos casos -- un componente verdaderamente orgánico en la vida de miles de comunidades en el país. No hay duda que la relación con las comunidades de mexicanos en Estados Unidos es estratégica para el desarrollo nacional, entre otras muchas razones porque constituye una rica y valiosa fuente de recursos, ideas, prácticas e identidades socioculturales. La experiencia de varios países en el mundo ofrece importantes lecciones sobre los beneficios económicos, sociales, políticos y culturales que derivan de contar con una política activa e integral de vinculación con la diáspora.
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