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México y el debate migratorio en Estados Unidos
Rodolfo Tuirán
De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006

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Resumen: Hoy somos testigos del resurgimiento del debate migratorio en Estados Unidos. Este escenario de impasse en el Congreso estadounidense podría dar al gobierno mexicano el tiempo que necesita para evaluar la pertinencia de sus posiciones y estrategias, definir con claridad los intereses y objetivos que persigue en esta materia, determinar sus responsabilidades y compromisos y, eventualmente, delinear su propia reforma migratoria.

Rodolfo Tuirán es investigador visitante del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

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Temas:
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México

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[continúa...]

4. La migración procedente de las áreas urbanas de México es cada vez más notoria en el flujo hacia Estados Unidos. Existen pruebas de que los grandes centros urbanos y algunas de las llamadas ciudades intermedias están sirviendo de plataforma para impulsar la emigración a Estados Unidos. De hecho, todas las ciudades mexicanas tienen -- en mayor o menor medida -- actividad migratoria hacia Estados Unidos y una de cada tres registra una intensidad migratoria media, alta o muy alta.

5. La migración mexicana también es cada vez más visible en todo el territorio estadounidense. La presencia de los mexicanos en la Unión Americana ya no se limita a las regiones y entidades tradicionalmente receptoras, sino que se ha extendido a lo largo y ancho de Estados Unidos. De hecho, la migración mexicana figura hoy en día -- de acuerdo con el Consejo Nacional de Población (Conapo) -- entre los cinco grupos más numerosos de inmigrantes en 42 estados de la Unión Americana; de este conjunto, es el más numeroso en 29 entidades.

6. Los inmigrantes mexicanos registran una creciente diversificación sectorial y ocupacional tanto en los lugares de origen, como en los de destino. Así, por ejemplo, a diferencia de lo que ocurría hace unas cuantas décadas, sólo una muy pequeña proporción (4%) de los inmigrantes mexicanos residentes en Estados Unidos se inserta actualmente en el sector primario de la economía de ese país.

Un fenómeno con estas características sólo puede responder a la interacción de múltiples factores con raíces en ambos lados de la frontera. Es ampliamente reconocido que el catalizador de buena parte de esta corriente migratoria radica en los factores de la demanda (atracción) localizados en la Unión Americana. Dichos factores han sido determinantes para estructurar un mercado de trabajo binacional de facto, de carácter secundario y flexible, al cual son adictos algunos sectores de la economía estadounidense. Una de las pocas medidas que podría tener un efecto relevante en el corto y mediano plazos sobre la propensión de los mexicanos a emigrar al vecino país del norte es la reducción sistemática (o eventualmente la desactivación) de la demanda laboral en este mercado. Es claro, sin embargo, que esto no ocurrirá así, al menos en el horizonte previsible, debido a las necesidades de fuerza de trabajo no calificada en Estados Unidos. Varios estudios recientes prevén, por ejemplo, que los inmigrantes continuarán contribuyendo en los próximos cinco lustros con una proporción significativa del crecimiento de la fuerza de trabajo estadounidense (desde una tercera parte o hasta un máximo de la mitad, dependiendo de los escenarios) y, en consecuencia, verán incrementada su participación en todos los grupos laborales, incluidos por supuesto los trabajadores con un nivel inferior a la preparatoria completa.

Los factores de oferta (rechazo), vinculados sobre todo con la abundancia relativa de fuerza de trabajo en México, se han vuelto cada vez más importantes, debido a los efectos de recurrentes crisis, recesiones y reestructuraciones económicas. En un contexto donde prevalecen oportunidades limitadas, una de las percepciones cada vez más arraigadas en el país es la de que la emigración (documentada o indocumentada) hacia Estados Unidos constituye una de las pocas vías para mejorar la condición socioeconómica de las personas y las familias. Por esta razón, no deben sorprender los resultados arrojados por la encuesta publicada por el Pew Hispanic Center en 2005, la cual indicó que casi la mitad de la población mexicana de 18 años o más estaría dispuesta a emigrar a Estados Unidos si tuviera los medios y la oportunidad para hacerlo.

El alivio de las presiones migratorias dependerá críticamente de una profunda transformación de las condiciones estructurales en las que funciona el mercado de trabajo nacional. Para transformar esas condiciones se requiere impulsar un crecimiento económico vigoroso, alto y sostenido durante varias décadas con miras a alcanzar importantes incrementos en los niveles de empleo, productividad y salarios.

Mientras esto no ocurra, la emigración hacia Estados Unidos continuará siendo una realidad continua y permanente, impulsada -- entre otros factores -- por la escala alcanzada por el fenómeno migratorio y la constante ampliación de las redes sociales y familiares, las cuales están desempeñando un papel determinante en el contexto actual, tanto para reducir los costos y riesgos asociados con la migración, como para contribuir a sostener, recrear y perpetuar este movimiento.

Las proyecciones del Conapo sugieren que la población mexicana residente en Estados Unidos podría incrementarse hasta alcanzar en el año 2030 entre 18.3 millones (escenario económico favorable en México) y 21.7 millones (escenario económico desfavorable) de personas. Este último escenario significaría duplicar el tamaño actual de esta población en los próximos 25 años.

LA BÚSQUEDA DE SOLUCIONES

Desde la terminación del programa de braceros en 1964, ambos países han hecho muy poco para encarar el problema migratorio desde una perspectiva bilateral. Más aún, varios autores -- como Fernández de Castro, Santibañez y Tuirán -- sostienen que Estados Unidos y México desarrollaron desde entonces un doble juego en la gestión de la migración. Por una parte, el gobierno estadounidense -- no obstante el discurso beligerante contra los inmigrantes indocumentados -- decidió practicar una "política de la tolerancia", tanto con el ingreso como con la estadía de los inmigrantes no autorizados en la Unión Americana. Por la otra, el gobierno de México construyó un discurso a favor de los derechos de los inmigrantes, aunque en la realidad hizo muy poco por atenderlos, impulsando una auténtica "política de la omisión". Si perciben la emigración como una "válvula de escape" y saben que los emigrantes envían cada año miles de millones de dólares desde el extranjero a sus familiares en México, los funcionarios responsables actúan como si se preguntaran en forma permanente: ¿por qué detener este flujo si no hay muchos incentivos para hacerlo?




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