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Cuba hoy y mañana: actores e instituciones de una política en transición.
Rafael Rojas (coord.),
México,
Planeta,
2006,
256 pp.
MN$189.00 Reseñado por Ana Lucía Guerrero, Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2006
La transición política en Cuba resulta inminente, pero la lectura de este libro va más allá de la coyuntura para insertarse en el análisis de uno de los regímenes más fascinantes de la historia moderna: el último bastión de la Guerra Fría en Occidente bajo la lupa de la sucesión post-Castro. Los participantes de la vida pública cubana son escudriñados en este trabajo colectivo, resultado de un seminario celebrado en el otoño de 2004 en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y copatrocinado por las fundaciones Konrad Adenauer y Ford. "La ausencia de Castro será un elemento decisivo del futuro político de la isla. Sin él, el régimen nunca será igual, aunque sus nuevos líderes se propongan y consigan mantener el mismo sistema político." Rafael Rojas coordina este compendio con visiones plurales y, centrándose en el tema de la sucesión, lo divide en tres partes: actores e instituciones gubernamentales, no gubernamentales e internacionales. Es así como en la jerarquía de gobierno, abajo del Comandante, se visualiza al Partido Comunista Cubano en un escalafón inferior al de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) a cargo de Raúl, el vicepresidente que, según la Constitución, accede al poder en caso de faltar su hermano Fidel. Las instituciones actúan según los funcionarios o las políticas que decida implementar Fidel, argumenta Jorge Domínguez, y por esto se entiende que el Tribunal Supremo y las cortes estén supeditados a los designios de la Asamblea General o del Consejo de Ministros. Aunque en el plano interno la situación es crítica, para la transición la postura frente al exterior resulta fundamental: las FAR tienen como prioridad evitar y resistir una hipotética invasión extranjera (Colomer). Desde 1996, el conflicto con Estados Unidos quedó codificado por la Ley Helms-Burton; Fidel Castro legitimó su autoridad valiéndose de la confrontación para compensar un sistema poco sustentable política y económicamente, depende de alianzas externas que genera a partir de esa confrontación (Blanco). Así, el país del norte se usa como pivote en las relaciones de Cuba con América Latina. El fenómeno de la emigración conglomerada en Miami ha adquirido centralidad a través de las Iglesias, las ONG, las remesas y los intercambios afectivos o académicos (Bobes); la influencia de este sector también ha traído consecuencias negativas, como el cabildeo para el embargo que no ha cambiado la ecuación política ni ha fomentado la democracia (Castro). El trato no ha sido más positivo con la Unión Europea, ya que la relación se ha ido replanteando en los lineamientos de la Ley Helms-Burton, de los derechos humanos y de la cooperación económica hacia la isla (Elorza). Pero existen otros actores nucleares. Cada vez es más notoria la oposición como fuerza pública, incluso, como menciona Damián Fernández, Fidel los ha registrado como "grupúsculos contrarrevolucionarios" aliados a la "mafia" de Miami y a la CIA. En muchas ocasiones, esta nueva fuerza política hace uso de los escasos medios de comunicación alternativos a su alcance y busca hacerse oír a través de los corresponsales extranjeros (Ruiz). Las distintas posturas de los 12 analistas que integran este trabajo logran aclarar las diferencias del régimen cubano frente a otros sistemas comunistas y despiertan la inquietud sobre el futuro de la transición en Cuba, proporcionando una herramienta para entender los posibles escenarios que se avecinan sin Fidel al mando. |
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