|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Una historia contemporánea de México t. II, Actores.
Ilán Bizberg y Lorenzo Meyer (coords.),
México,
Océano,
2005,
658 pp.
MN$335.75
Reseñado por Óscar Mendoza, Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2006
Tras un año de la aparición del tomo I de esta serie, Ilán Bizberg y Lorenzo Meyer integran en el tomo II "Actores" aquellos que influyeron para lograr la transformación política, económica y social de México durante los últimos 35 años. Puesto que no es posible explicar la historia actual de México dejando de lado a esta institución que durante tanto tiempo tuvo el control total del sistema político mexicano y cuyo titular poseía un poder absoluto, este volumen dedica tres capítulos a la figura de la Presidencia Mexicana. A partir de 1968, al surgir nuevos actores ese poder absoluto comenzó a debilitarse y se vio cada vez más imposibilitada para contener su participación. Samuel del Villar, Rogelio Hernández y Soledad Loaeza se enfocan en explicar el debilitamiento que sufre la presidencia durante los últimos cinco periodos. Así, Samuel del Villar explica la manera en que el proceso electoral fue utilizado para postergar el dominio priísta al frente del gobierno y del Estado. Rogelio Sánchez se enfoca en la figura presidencial y la manera en que ésta fue debilitándose a partir del sexenio de Luis Echeverría debido a su actuación hasta que la oposición adquirió más poder político y se manifestó en el Congreso y los gobiernos estatales. El análisis de la presidencia termina con el estudio de Soledad Loaeza, quien se enfoca en el periodo de Gustavo Díaz Ordaz y desarrolla la actuación de la institución frente a la inestabilidad internacional y la manera en que diversos acontecimientos internacionales evidenciaron la incapacidad de la presidencia para controlar la situación interna, lo cual puso de manifiesto el inicio del declive presidencial. La realidad internacional junto con el debilitamiento del "milagro mexicano" provocaron inestabilidad al interior, y la política exterior no pudo mantenerse autónoma como se había comportado con anterioridad. Los esfuerzos de las presidencias siguientes a Díaz Ordaz no fueron suficientes para mantener la autoridad o recuperarla, y en el verano de 2000 el "sufragio efectivo" se hizo presente en la vida política de México. Aprovechando esta fractura, cobró importancia un sector que antes había sido pasivo: el empresarial. Carlos Alba y Blanca Torres desarrollan la aparición de este poderoso sector en la vida nacional. Durante años, los empresarios estuvieron subordinados al gobierno y se comportaron a la defensiva ante las acciones del gobierno; sin embargo, su posición fue cambiando y se crearon organizaciones contrarias a las controladas por el Estado. La apertura económica es otro factor que benefició la activa participación de los empresarios en los ámbitos nacional e internacional, contando con el apoyo de académicos que denunciaban el fin del sistema económico sustentado en la sustitución de importaciones. La debilidad de la economía mexicana, resultado de las crisis de 1976 y 1982, puso de manifiesto la vulnerabilidad del país en el exterior y, por lo tanto, las presiones del Fondo Monetario Internacional fueron más eficaces. Las crisis sufridas durante estos años evidenciaron la situación vulnerable de la economía y la necesidad de liberalizar la economía mexicana para solucionar la situación económica que atravesaba el país. Los empresarios proteccionistas no tuvieron mayor poder de negociación frente al creciente número de funcionarios liberales. Así, el gobierno de Carlos Salinas significó la apertura extrema de la economía al realizar privatizaciones y lograr la firma del tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá. No sólo los empresarios son los nuevos agentes protagónicos en la política exterior, Blanca Torres también incluye a las ONG, sindicatos y académicos. Los cinco primeros capítulos se centran en los actores dominantes de la política mexicana y la manera en que se transformaron en los últimos años. Pero, para entender la realidad actual, otros actores deben incluirse, por lo que los capítulos siguientes abordan dos actores cuya participación fue fundamental en la transformación de la realidad mexicana: la Iglesia y los medios. Ambos estaban presentes en la escena nacional pero su participación era marginal hasta que en los últimos años comenzaron a tener mayor presencia, logrando así influir en la realidad nacional y obtener un posicionamiento fortalecido. La relación entre la Iglesia y el Estado mexicano comenzó a modificarse durante la década de 1970. Un elemento fundamental fue el Documento de Anenecuilco, en el cual se solicitaba poner fin al régimen de excepción del que eran sujetos los clérigos y católicos al no ser reconocidos como ciudadanos en plenitud de derechos, cuyo autor fue el obispo Sergio Méndez Arceo, y fue presentado a los candidatos a la presidencia en 1970. Asimismo, en la Iglesia se dieron cambios respecto a la ideología, y el propio Estado modificó su relación hacia ella en 1974: el presidente realizó una visita al Vaticano. La modificación en la relación continuó y Juan Pablo II vino por primera vez a México en 1979. Por último, tal modificación llegó a su clímax en 1992 con la reforma al artículo 130 constitucional, mediante la cual se aceptaron a las iglesias como sujetos de derecho. El debilitamiento del sistema, debido a la conjunción de los elementos ya descritos, permitió mayores manifestaciones de la población, como lo fue el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994. Enrique Guerra Manzo lo desarrolla desde la visión sociológica, religiosa y política. Finalmente, Enrique Sánchez analiza cómo los medios de comunicación se desvincularon del control del régimen autoritario y adquirieron la postura independiente que tienen ahora. Sánchez desarrolla dos modelos de evolución de los medios: el estadounidense, que responde más a intereses comerciales y económicos, cuyo sustento es la publicidad; y el europeo, orientado a lo educativo y cultural, aunque también se ha visto influido por la publicidad. Sergio González concluye el análisis de la transformación de los medios y la cultura con la crisis del cine mexicano y la forma en que la población se convierte en devoradora de imágenes e información. En este ambiente, el Estado no puede mantener una cultura orientada a promover el nacionalismo y se abre la puerta a la promoción de una cultura globalizada que incluye temas diversos de la actualidad.
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Publicado por el ITAM. Derechos de Autor c2003 reservados para el Council on Foreign Relations. Políticas de privacidad | |