El desarrollo económico implica movilizar trabajadores de la agricultura tradicional hacia actividades más productivas, con lo cual se reduce la fuerza laboral en el campo; dicha fuerza representa en los países pobres más de 80% y menos de 2% en los más ricos. Este proceso se ha llevado a cabo país tras país, empezando por el Reino Unido en el siglo XVIII. La profunda investigación que sustenta este libro ofrece una historia de la agricultura, subvalorada cuando no idealizada en las sociedades urbanas ricas, desde 1800 al presente. El relato básico tiene que ver con el cambio en los métodos de producción -- más riego, fertilización en mayor escala, mejores semillas --, lo cual trae en consecuencia una mejor nutrición y estándares de vida más altos con menos esfuerzo en todo el mundo. Los derechos de propiedad, las obligaciones contractuales entre agricultores y propietarios de la tierra y, en el siglo XX, las políticas de Estado respecto de la agricultura han variado enormemente de un país a otro y han demostrado tener efectos sobre la producción agrícola. Es digna de mencionarse la colectivización de la agricultura en los países comunistas debido a sus fuertes ineficiencias, las cuales algunas veces quedaban ocultas durante un tiempo por la inoculación masiva de capital.