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Cómo prevenir que amenazas se conviertan en desastres nacionales Niels Holm-Nielsen y Kari J. Keipi De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2006 Resumen: Los desastres naturales, además de acabar con vidas y provocar pérdidas económicas, representan una amenaza seria para la estabilidad económica y social de los países de América Latina y el Caribe. La falta de preparación y la irresponsabilidad de los gobiernos y sociedades de la región aumentan su vulnerabilidad. Para disminuir el peligro se debe seguir una ruta múltiple hacia el manejo de riesgos, que incluya inversión para su reducción y mitigación, así como finanzas e instituciones preparadas para responder y ayudar en la recuperación de los países tras los desastres. Niels B. Holm-Nielsen es especialista en gestión de riesgos de desastres y ambientales, y consultor del Banco Interamericano de Desarrollo. Kari J. Keipi es especialista senior en Recursos Naturales en el mismo banco, y profesor adjunto de la Universidad de Helsinki, Finlandia.
Cada vez más, las amenazas naturales constituyen un riesgo a las economías y las perspectivas sociales de desarrollo de América Latina y el Caribe. Alrededor de 90% de los países de la región corre el riesgo de enfrentar una bancarrota inminente cuando el próximo gran desastre los golpee: hay una probabilidad de 2% de que ello ocurra en la próxima década. Si los países de la región no emprenden medidas significativas para la prevención y la mitigación, el siguiente evento de gran magnitud destruirá varias décadas de logros de desarrollo económico y social. Para evitar los peligros de desastres futuros, las autoridades latinoamericanas y caribeñas necesitan invertir en la reducción de riesgo. Las serias pérdidas humanas y económicas causadas por el huracán Katrina en Louisiana y Mississippi del pasado agosto han asombrado a multitudes en todo el mundo. ¿Cómo es posible que las fuerzas de la naturaleza hayan provocado tanta devastación en el país más rico del mundo? Katrina es el desastre natural que más publicidad ha recibido de los medios, y siguió acaparando los encabezados de la prensa durante meses en 2005. La intensa cobertura se debe a las inéditas pérdidas económicas directas relacionadas con el huracán, a la escala de la devastación humana y estructural, sobre todo en Nueva Orleáns, y al hecho de que tales pérdidas parecen haberse potenciado debido al manejo ineficaz del desastre. Tanto las autoridades como la mayoría del público han empezado a preguntarse si desastres de esta magnitud constituirán parte inevitable de su futuro. A Katrina siguió un huracán que recibió mucha menos atención por parte de los medios, llamado Stan. Éste sólo alcanzaba la categoría 1 de fuerza de huracán antes de asolar Veracruz en la costa del Golfo de México el martes 4 de octubre 2005. Pronto perdió fuerza y se convirtió en una depresión tropical, pero los sistemas climatológicos relacionados con Stan siguieron arrojando lluvias torrenciales en el sur de México y en América Central, causando inundaciones y derrumbes en áreas pobladas. Miles de kilómetros de carreteras fueron destruidos, igual que docenas de puentes, lo que aisló comunidades y cerró el paso a la respuesta humanitaria inmediata. Más de 1000 personas murieron -- en su mayoría debido a los derrumbes -- en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua. Más de 400000 personas fueron evacuadas y hay informes de que al menos seis millones fueron afectadas directamente por las lluvias. El Salvador y Guatemala declararon una situación de emergencia nacional, como lo hicieron seis estados de México. Este último país evalúa que sus pérdidas económicas directas provocadas por Stan se acercarán a los 2000 millones de dólares estadounidenses. En la misma semana en que ese meteoro golpeaba la costa del Golfo, el volcán Ilamatapec, a 40 millas al sur de San Salvador, hizo erupción el sábado 2 de octubre, matando a varias personas y obligando la evacuación de aldeas cercanas. El 7 de octubre, un terremoto de 5.8 grados sacudió la región fronteriza entre El Salvador y Guatemala, y un deslave sepultó parte de una población en el oeste de Colombia, donde perdieron la vida más de 40 personas. Rita, Wilma, Alfa, Beta y Gama son otras tormentas que siguieron a Katrina en el otoño de 2005, y el volcán El Chico hizo erupción en las Islas Galápagos, de Ecuador. Un promedio de más de 40 desastres importantes afectan a América Latina y el Caribe al año. Sin embargo, estos desastres casi nunca atraen la atención de los medios de comunicación mundiales, y, sin lugar a dudas, no recibieron la publicidad que tuvo Katrina. En este artículo sostendremos que el nivel de vulnerabilidad a los desastres vinculados con los riesgos naturales en América Latina y el Caribe es extremadamente alto, y que la mayoría de los países, provincias y municipios no está bien preparada para enfrentarlos. Esta combinación pone en riesgo el desarrollo social y económico de la región y puede perpetuar la pobreza. A la luz de ello, analizaremos las enseñanzas que nos dejaron Katrina y otros desastres. EL NIVEL DE RIESGO EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE América Latina y el Caribe enfrentan gran diversidad de amenazas naturales. Algunas derivadas de la variabilidad climática, como los huracanes, las inundaciones, las sequías, los deslizamientos y avalanchas. Otras, están relacionadas con procesos geológicos como los terremotos, los tsunamis y las erupciones volcánicas. Los costos económicos directos provocados por estas causas han llegado a más de 3200 millones de dólares anuales durante los últimos 30 años. Si uno de los centros económicos de América Latina que se asientan sobre fallas tectónicas -- como es el caso de Bogotá, Colombia, la ciudad de México o Santiago de Chile -- fuera hoy golpeado por un gran terremoto, las pérdidas en costos económicos directos probablemente sobrepasarían los 10000 millones de dólares. Los desastres se asocian a la geografía, la geología y al clima, pero gran parte de la vulnerabilidad en la región es resultado de las actividades humanas. Las principales causas de vulnerabilidad en la región incluyen la urbanización rápida y sin control en áreas propensas a riesgo, la persistencia de la pobreza generalizada en zonas urbanas y rurales, la degradación del medio ambiente debido al mal manejo de de los recursos naturales y a políticas públicas ineficaces. La investigación que compara las posibles pérdidas económicas derivadas de los desastres contra la capacidad financiera ha revelado que muchos países latinoamericanos y caribeños son extremadamente vulnerables a los azotes naturales en términos financieros. Con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo y con base en dos décadas de acopio de datos de 12 naciones de América Latina y el Caribe, la Universidad Nacional de Colombia realizó un estudio en el que se destacan las implicaciones presupuestales de los desastres naturales.
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