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Chile: los desafíos de la política exterior de Michelle Bachelet César Ross De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2006 Resumen: El dilema chileno actual y futuro es que su nueva estrategia de desarrollo, de convertir al país en una plataforma de negocios, impone rediseñar las relaciones con sus vecinos. Este imperativo, empero, lo obliga a mirar al futuro desde un pasado complejo, que la política exterior chilena ha insistido en no tocar. César Ross es doctor en Estudios Americanos, recibió una mención en Relaciones Internacionales y es académico del Instituto de Estudios Internacionales en la Universidad Arturo Prat, Chile.
Después de una sección genérica acerca de participar responsablemente en el gobierno de la globalización, el documento aborda de manera inédita -- aunque muy cuidadosa -- temas sensibles de las relaciones internacionales de Chile. La presidenta electa introduce el concepto de "regionalismo realista". En tal sentido, plantea que "la política exterior del próximo gobierno de la Concertación tendrá como centro de gravedad efectivo y sello de identidad la región latinoamericana", -- entendiendo por ésta -- "especialmente América del Sur". El fundamento de esta opción es la necesidad de construir bases sólidas para los intereses del país. Esta declaración, con la que no podríamos estar en desacuerdo, aparece matizada más adelante con una idea, cuya ambigüedad resulta ser un fiel reflejo de la complejidad por la que navegará la consecución de los objetivos que se propone. En efecto, la cuestión central se formula del siguiente modo: "Sobre la base de los elementos en común que nos unen con los demás países del área, privilegiaremos los avances, aunque sean modestos, en integración, identidad y sintonía política". Con la expresión "aunque sean modestos", se denota el carácter "realista" de esta política de integración. Esperanza y desilusión en la misma línea. En lo específico, el documento señala que la prioridad serán los países vecinos: "a Chile le interesa la prosperidad y estabilidad de sus vecinos". Esta expresión, plasmada en un documento oficial, constituye un avance muy significativo, aunque por delante quede la gran tarea de trabajar en tal sentido. ¿Cuál es el fundamento de este cambio de rumbo? Michelle Bachelet lo plantea con toda sinceridad: Los países vecinos son el principal destino de la inversión directa privada nacional, el paso obligado de los corredores bioceánicos, la principal fuente de las corrientes migratorias, y los socios potenciales para proyectos de desarrollo compartidos en áreas como la energía, la minería, el turismo o la infraestructura. Si queremos hacer de Chile el país puente entre el Asia-Pacífico y nuestra región, esta dimensión es esencial. Probablemente, aquí esté la sustancia de las acciones futuras. Chile ha hecho muy bien la tarea de la inserción internacional, desde mediados de la década de 1970 hasta el presente, en un proceso que no ha concluido, pero que ha adquirido un nivel de madurez bastante alto. Sin embargo, al igual que la primera fase exportadora, el modelo de inserción internacional -- que sustentó a la anterior -- está llegando a una etapa de agotamiento. El nuevo modelo de desarrollo (Chile como país plataforma de negocios y/o puente) también requiere un nuevo modelo de inserción internacional, en el que la integración física con los países vecinos es un elemento clave. De los tres vecinos, la relación más desarrollada (más desprovista de conflictos profundos) es la sostenida con Argentina. Ya casi no hay problemas de límites y se mantiene un nivel de relaciones económicas, políticas y sociales muy amplio e intenso. El plan trazado por Michelle Bachelet es consolidar una asociación política que ya se ha comenzado a construir, como "un componente estratégico de su política exterior". Este planteamiento general, sin embargo, parece muy poco ambicioso, a la luz de los grados de avance y de las posibilidades de la integración que ya se tienen. Con Argentina debe tenerse una relación mucho más amplia, con la lógica de una verdadera alianza geoestratégica. Respecto de Perú y Bolivia, a lo indicado en el documento se ha sumado la declaración que el futuro ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley, hizo el día 31 de enero de 2006: Va a haber un énfasis muy fundamental respecto de construir relaciones estables, positivas y mirando hacia el futuro con los países vecinos. Eso incluye resolver problemas pendientes, incluye tratar de construir una visión hacia el mundo compartido.[18] Si bien el documento es mucho menos explícito, la expresión "resolver problemas pendientes" grafica con claridad, de parte de un interlocutor entrenado -- consciente del lenguaje -- , el alcance potencial de la nueva política.
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