|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Chile: los desafíos de la política exterior de Michelle Bachelet César Ross De Foreign Affairs En Español, Abril-Junio 2006 Resumen: El dilema chileno actual y futuro es que su nueva estrategia de desarrollo, de convertir al país en una plataforma de negocios, impone rediseñar las relaciones con sus vecinos. Este imperativo, empero, lo obliga a mirar al futuro desde un pasado complejo, que la política exterior chilena ha insistido en no tocar. César Ross es doctor en Estudios Americanos, recibió una mención en Relaciones Internacionales y es académico del Instituto de Estudios Internacionales en la Universidad Arturo Prat, Chile.
Respecto de la primera asimetría, cabe puntualizar que el país logró establecer una relación pragmática (neorrealista), con particular atención en su inserción internacional, mediante tres formas de apertura: uni, bi y multilaterales, lo que reforzó el crecimiento económico chileno a través de dos fuentes principales, como son las exportaciones y la inversión extranjera directa. En una primera etapa (1975-1989), este proceso contó con buenas decisiones, buenas soluciones y un contexto político interno que impedía que los costos sociales de muchas de las medidas se tradujeran en una inestabilidad política capaz de revertir esas decisiones. En una segunda fase (1990-2005), los buenos resultados económicos, asociados a la continuidad, la ampliación y el perfeccionamiento del modelo de inserción internacional, reforzaron la legitimidad del proceso general y consolidaron la opción internacional de la estrategia chilena. Sin duda, esta última ha sido la etapa más brillante de la política exterior nacional, pues se logró institucionalizar, mediante acuerdos relevantes -- Acuerdos de Complementación Económica (ACE) y Tratados de Libre Comercio (TLC) -- , los vínculos de Chile con las principales áreas económicas del mundo. A estas alturas, mucho más que una opción económica, ésta era una forma de estar en un mundo global, cuya naturaleza hacía que todas las agendas nacionales fueran, en último término, agendas internacionales. Después de 30 años, el país alcanzó una forma de vida (económica, tecnológica, política, social, cultural, etc.), cuya intensa vinculación con el mundo es irreversible. Esta relación asimétrica de Chile con actores más poderosos ha derivado en un reconocimiento internacional del país, expresado en una serie de indicadores que demuestran esta nueva posición, que ha reforzado crecientemente la capacidad relativa de negociación y ha ilusionado a algunos con la competencia del país para ejercer liderazgo en la región. La segunda asimetría, en la que Chile aparece como el país fuerte y otros actúan como estados débiles, está revestida de aspectos de mayor dificultad, dado que aquí la interdependencia es compleja por cuanto está sujeta a múltiples variables y, por lo tanto, tamizada de una interpretación ideológica en la que varios de los países vecinos asumen el papel histórico de "víctimas", ya que son actores ubicados al "sur" o en la "periferia" de la relación. Sin duda alguna, éste es el tipo de asimetría que opera en la relación de Chile con sus vecinos del norte -- Bolivia y Perú -- . La sola necesidad chilena de alimentar su crecimiento con energía limpia y barata, así como el imperativo de articular efectivamente los corredores bioceánicos que permitan consolidar, físicamente, su proyecto de "puente" entre las economías del Cono Sur de América y otras regiones económicas del mundo, en especial el Este de Asia, impone redefinir las relaciones de asimetría hacia abajo. En consecuencia, el principal desafío de la política exterior de Chile ya no es la continuidad, que fue ampliada y mejorada durante estos años de gobiernos democráticos, sino que, conservando aquello, se deben reinventar estas otras relaciones, cuya interdependencia compleja obliga al país a formularse opciones que hasta aquí han estado fuera del análisis. DE LA "REINSERCIÓN POLÍTICA" A LA "DIPLOMACIA ECONÓMICA" Durante los años 1990-2005, la política exterior chilena ha pasado por, al menos, dos etapas bastante identificables, las que han sido reconocidas y caracterizadas por los internacionalistas dedicados a la política exterior chilena.[7] La primera de ellas, denominada de "reinserción internacional", es observable durante el Gobierno del presidente Patricio Aylwin Azocar (1990-1994). La segunda, llamada "diplomacia para el desarrollo" o "diplomacia económica", implementada a partir del gobierno del presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle (1995-2000), fue continuada por el gobierno del presidente Ricardo Lagos Escobar, a contar del año 2001. Sin duda, más que las opciones de un gobierno u otro, se ha estado frente a la política exterior de los gobiernos elegidos por la "Concertación de Partidos por la Democracia". Ésta, en una estrategia de continuidad y cambio, optó por reforzar y ampliar aquello que durante el gobierno militar había sido exitoso, como fue la inserción económica internacional. Al mismo tiempo, aprovechó la nueva imagen política de Chile, sustentada en su nueva realidad democrática y en su pacífica transición hacia la normalidad institucional durante la década de 1990. Reinserción internacional, 1990-1994 El solo hecho de que en Chile se hayan realizado dos procesos electorales, sin intervención efectiva del gobierno militar -- como fueron el plebiscito de 1988 y la elección presidencial de 1989 -- , fue una señal poderosa de que Chile comenzaba a transitar hacia la normalidad institucional. Una vez que el nuevo presidente de la República y su gobierno asumieron el poder, y se instaló el Congreso Nacional, la imagen internacional del país comenzó a cambiar positivamente. El nombre de Chile desapareció rápidamente, mas no del todo, de los foros internacionales donde se evaluaba la situación de los derechos humanos, así como de otras faltas a la democracia. Por el contrario, gradualmente se fue poniendo atención a la capacidad de la clase política chilena, incluida la que, vestida de uniforme, había gobernado durante 17 años, para superar los obstáculos que implicaba desmantelar el viejo orden y reinventar uno nuevo, con mucho del régimen democrático interrumpido en 1973 y mucho del instaurado por el gobierno militar. Con todo, la democracia se fue asentando y transformando en un capital intangible de prestigio internacional. Otra vez, el presidente de Chile volvió a viajar por el mundo, siendo bien recibido y recomponiendo las relaciones que habían sido rotas o dañadas a raíz del quiebre de la democracia. Paralelamente, la decisión clave de la nueva fuerza política, de mantener el modelo económico de tipo neoliberal (economía de mercado y abierta), no sólo generó estabilidad interna, sino que redujo notablemente las incertidumbres internacionales respecto de la Concertación, pues era obvio que ésta era una fuerza política que había llegado al poder para quedarse por largo tiempo. En consecuencia, y sobre todo por la nueva situación política, el ambiente internacional mejoró notablemente para el país y el objetivo de "reinsertar" internacionalmente a Chile se logró plenamente al final del periodo 1990-1994.
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Publicado por el ITAM. Derechos de Autor c2003 reservados para el Council on Foreign Relations. Políticas de privacidad | |