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Librando la guerra de las ideas Zeyno Baran De Foreign Affairs En Español, Enero-Marzo 2006 Resumen: Mientras los grupos terroristas fundamentalistas islámicos acaparan los titulares, sus primos ideológicos que no se valen de la violencia permanecen en la oscuridad. Pero organizaciones como Hizb ut-Tahrir desempeñan un papel central en adoctrinar musulmanes con la ideología radical. Como ocupan una zona poco clara de la militancia, reglamentarlas es un reto difícil para las democracias liberales, pero desdeñarlas ya no es una opción. Zeyno Baran es director de los Programas de Seguridad Internacional y Energía en el Nixon Center, en Washington, D.C.
EL PARTIDO DE VANGUARDIA El Islam y Occidente no se han enfrascado en un choque de civilizaciones, al menos no todavía. Pero Occidente ha sido arrastrado hacia el choque de dos ideologías en competencia que se dan dentro del mundo islámico. Los defensores de la primera creen que el Islam es compatible con la democracia secular y las libertades civiles básicas. Los defensores de la segunda están comprometidos con reemplazar el actual orden mundial con un nuevo califato: es decir, un Estado islámico global. Son éstos los que buscan desencadenar un auténtico choque de civilizaciones, en parte para forzar a los musulmanes más moderados a optar por su propia interpretación del Islam. Organizaciones extremistas como Al Qaeda se han hecho muy conocidas en los últimos años por tratar de cumplir sus objetivos mediante el terrorismo y la violencia política. Sin embargo, de menos renombre son las organizaciones complementarias dedicadas no a la acción directa sino a la lucha ideológica. De ellas, la más importante ha sido Hizb ut-Tahrir (HT, o sea el Partido de la Liberación), que es un movimiento transnacional que ha servido como vanguardia ideológica radical del islamismo sunita. En sí mismo el HT no es una organización terrorista, pero puede considerársele como una banda transportadora de terroristas. Adoctrina a individuos con la ideología radical, preparándolos para ser reclutados por organizaciones más extremas en las cuales pueden participar en operaciones reales. Mediante una combinación de retórica fascista, estrategia leninista y propaganda occidental con la teología Wahhabi, el HT se ha convertido en una auténtica y poderosa amenaza que las sociedades liberales encuentran extremadamente difícil de contrarrestar. La ideología y la teología del HT, que derivan de las de otros grupos islámicos radicales, están simplificadas para hacerlas más accesibles a las masas. Mientras muchos otros grupos fundamentalistas insisten en que su interpretación religiosa específica es la única válida o están obsesionados con un solo tema, como Israel o Cachemira, el HT tiene la meta más amplia de unir a todos los musulmanes bajo el estandarte del fundamentalismo islámico y, por ello, subraya temas de interés más general, como el choque de civilizaciones o las injusticias sufridas por los musulmanes en todo el mundo. En consecuencia, otros fundamentalistas radicales tienden a considerar al grupo no como un competidor sino como un aliado, y a menudo emplean los conceptos y la literatura del HT (fácilmente disponible en internet) para reunir y reanimar a sus propios adherentes. A la fecha, el mayor logro del HT es haber cambiado los términos del debate dentro del mundo musulmán. Hasta hace pocos años, la mayoría de los grupos fundamentalistas consideraban como una meta utópica la noción de establecer un nuevo califato. Ahora, un número cada vez mayor de personas la consideran un objetivo serio. Y tras décadas de promover la existencia y la unidad de una comunidad islámica global (umma), el HT puede vanagloriarse de haber hecho sentir entre los musulmanes que su identidad primaria proviene de su religión, más que de su raza, etnicidad o nacionalidad, y que su principal lealtad se debe a ella. Es difícil confirmar el tamaño exacto del HT debido a que se compone de células secretas, pero se estima que sus miembros son centenares en países europeos, como Dinamarca, y hasta decenas de millares en países musulmanes, como Uzbekistán. Como muchos gobiernos reconocen la amenaza que constituye, el HT ha sido proscrito en la mayor parte del mundo musulmán, así como en Rusia y Alemania. Pero hasta hace poco tenía la libertad de operar en otras partes, sobre todo en el Reino Unido, donde tuvo un importante papel en la radicalización de la malquistada juventud musulmana. (También hay indicios de una presencia clandestina del HT en Estados Unidos.) Sin embargo, tras los atentados con bombas en Londres de julio último, las actitudes británicas están cambiando, sobre todo desde que fue puesto en claro que los perpetradores eran miembros de un grupo escindido del HT. En agosto, el primer ministro británico Tony Blair anunció una serie de medidas que emprendería su gobierno para enfrentar la amenaza del extremismo fundamentalista, entre ellas la recopilación de listas de sitios, librerías y organizaciones de internet como preludio para la deportación de ciudadanos extranjeros asociados con ellos. Blair dijo que la proscripción del HT en el Reino Unido sería parte de la adopción de medidas fuertes en su contra. Pero la propuesta proscripción ha encontrado cierta oposición entre algunos de los consejeros de Blair de la comunidad islámica, con base en la condición no violenta de la organización. Puesto que el HT ocupa una zona dudosa de la militancia, en la que sus actividades implican más que la mera expresión de la opinión pero menos que el terrorismo, la regulación de sus actividades plantea un desafío único para las democracias liberales. No es del todo claro cómo los gobiernos y las sociedades occidentales pueden satisfacer el reto planteado por el HT sin sacrificar sus más acariciados valores en el proceso. Lo que está claro, sin embargo, es que ignorar el problema ya no es una opción. LOS BOLCHEVIQUES DEL ISLAM
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