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Respuesta global a problemas globales Paul H. Martin De Foreign Affairs En Español, Octubre-Diciembre 2005 Resumen: El G-20 ha ayudado a los líderes de la economía mundial a pasar de sólo manejar las crisis a hacer mejoras de largo plazo en la economía internacional. Hoy, un nuevo foro de líderes -- L-20 -- podría hacer algo similar en los problemas políticos. Paul H. Martin es el primer ministro de Canadá.
LA JUSTIFICACIÓN PARA UN FORO DE NUEVOS LÍDERES En 1995, la crisis del peso golpeó a México y América Latina parecía tambalearse al borde de un colapso económico. Unos años después, algunas de las economías más fuertes de Asia se enfrentaban a un desastre similar. En 1998, el incumplimiento ruso trajo consigo el temor de que el contagio se propagara causando la muerte progresiva de las economías. Los fatalistas presagiaban una depresión global de proporciones no vistas desde la década de los treinta. Hoy, los años noventa se recuerdan como una era de crecimiento y creatividad sin precedentes. Sin embargo, mi experiencia como ministro de Finanzas de Canadá en esos años me permite decir que en ese entonces dicho crecimiento no parecía ni por mucho tan seguro. Entonces, ¿qué cambió? ¿Cómo llegamos de allá hasta aquí, de una serie de grandes crisis económicas a un periodo de relativa calma económica? Las crisis tienen su utilidad. Pueden precisar un momento y poner nítidamente de relieve los errores que se cometieron y lo que debe hacerse para corregirlos. Con notable éxito, durante los últimos 50 años la comunidad internacional ha demostrado que ha aprendido las lecciones, y ha instrumentado las medidas internacionales necesarias para resolver las crisis y llevar al mundo más prosperidad, más seguridad, más salud y bienestar social de lo que nuestros abuelos hubieran podido imaginar. Las crisis económicas de los años noventa requerían soluciones a problemas específicos para cada uno de los países afectados. Sin embargo, mientras los gobiernos trabajaban en ellos, surgió un problema más general que levantó serias dudas sobre el enfoque total de los asuntos económicos globales. En términos más sencillos: los países apropiados no estaban sentados a la misma mesa al mismo tiempo. Al carecer de un foro adecuado de líderes, en la década de los noventa los ministros de Finanzas de los países altamente industrializados (G-7) tomaron la iniciativa de formular las respuestas para las diferentes crisis. Sin embargo, este grupo estaba muy restringido y no podía colaborar en fijar las pautas para la sólida administración financiera que deberían seguir los motores económicos emergentes del mundo en vías de desarrollo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) desempeñó un papel central al montar operaciones de rescate, pero no estaba preparado para dominar la lingua franca -- y francamente política -- que se requería para establecer un consenso sobre políticas sólidas a través de la división Norte-Sur. El entonces secretario del Tesoro de Estados Unidos, Lawrence Summers, era muy consciente del problema e hizo varios intentos durante su gestión por reunir a los países apropiados. Pero sus logros fueron limitados, y cuando le sugerí que tratáramos de establecer algo más permanente, mostró su interés de inmediato. NACE UN FORO El resultado fue el G-20, grupo integrado por los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales de los países del ahora G-8 y de los principales centros de poder económico emergentes y regionales.[1] En 1999, presidí la primera reunión del G-20 en Berlín, y desde entonces, un país distinto ha dirigido el grupo cada año.
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