En una vehemente defensa de la doctrina de la soberanía y del unilateralismo estadounidense, Rabkin sostiene que la democracia constitucional sólo es posible en un mundo de estados soberanos. Parte de su libro es un replanteamiento de la teoría clásica del gobierno que se encuentra en los escritos de Locke y de los fundadores de Estados Unidos, y una explicación de sus implicaciones en el derecho y la organización internacionales. El resto se enfoca en el moderno asalto a la soberanía llevado a cabo por el internacionalismo liberal y lo que Rabkin llama el movimiento de "gobernabilidad global", caracterizado por la Unión Europea, la Corte Penal Internacional, el Protocolo de Kyoto y otros proyectos modernos que de manera explícita buscan transferir la autoridad legal y política del Estado. Según el punto de vista de Rabkin, si Washington accediese a tales empresas sospechosas violaría el constitucionalismo y socavaría los derechos de los ciudadanos estadounidenses: "La gobernabilidad global implica la abolición de la independencia estadounidense". Algo que frustra en el libro es su tendencia a poner en un mismo amasijo los vastos alcances del derecho internacional, los tratados, el supranacionalismo y los acuerdos internacionales como "gobernabilidad global" y condenarlos en paquete. De hecho, los acuerdos entre gobiernos -- como los que establecieron el sistema de Bretton Woods y la OTAN -- son a menudo instrumentos que permiten a los estados soberanos incrementar su capacidad de servir y proteger.