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Cuba en una encrucijada económica Isaac Katz De Foreign Affairs En Español, Julio-Septiembre 2005 The Cuban Economy at the Start of the Twenty-First Century. Jorge I. Domínguez, Omar Everleny Pérez Villanueva y Lorena Barbaria (comps.), The David Rockefeller Center for Latin American Studies, Harvard University, 2004, 456 pp. US$24.99
Resumen: A raíz de la caída de la Unión Soviética y el choque negativo que esto representó para la economía cubana, el gobierno de Cuba decidió emprender una serie de reformas de liberalización económica. Sin embargo, éstas no son las suficientes para que Cuba pueda insertarse eficientemente en el mundo globalizado de hoy. Isaac M. Katz es catedrático en Economía en el Departamento de Economía del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM); entre 1991 y 1997 fue jefe de ese Departamento. Obtuvo su licenciatura en Economía por el ITAM y posteriormente la maestría en la misma disciplina en la Chicago University, en donde actualmente es candidato al doctorado. Entre sus publicaciones destacan La Constitución y el desarrollo económico de México (1999); La apertura comercial y su impacto regional sobre la economía mexicana (1998); La sabiduría mexicana a través de sus dichos y refranes, aplicaciones de teoría económica (1999). También ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas y en compendios de libros. Es editorialista del periódico El Economista. Recibió la Orden Nacional del Mérito en grado de Caballero del gobierno de la República Francesa.
¿Cuál fue el costo de la crisis por la que atravesó la economía cubana ante la caída de la Unión Soviética? ¿Cuáles han sido los principales cambios económicos que se han introducido en Cuba en la última década y cuáles los resultados? ¿Cuáles son los grandes problemas y retos que enfrentan el gobierno y la sociedad cubanos en el proceso de desarrollo económico al inicio del siglo XXI? Éstas son las preguntas que están en el centro del análisis de este libro tan interesante como importante, al cual le damos la bienvenida. Es un compendio de artículos escritos por investigadores de la Harvard University y de la Universidad de La Habana y que sacan a la luz los principales aspectos económicos de Cuba, los cuales, antes de la aparición del libro, eran prácticamente desconocidos. En esta obra se hace un recuento y un análisis serio y profesional, alejado de la discusión dogmática que normalmente caracteriza cualquier discusión sobre Cuba, de los principales cambios y las principales dificultades por las que ha atravesado este país durante la última década, de las reformas que ha instrumentado para enfrentar una severa crisis económica, de los efectos económicos y sociales de estas políticas y de los retos que enfrentará este país en el futuro cercano a fin de incorporarse con éxito a una economía mundial cada vez más integrada y competida. Después de tres décadas de haber vivido bajo la tutela y protección de la Unión Soviética en el contexto de la Guerra Fría, la caída de este país y de los que conformaban el bloque comunista de Europa Oriental y Central, significaron para Cuba un importante choque real negativo que repercutió en una drástica reducción del PIB y de los niveles de vida de los cubanos. El subsidio que Cuba recibía de la Unión Soviética, así como de los países europeos bajo su órbita de influencia (principalmente a través de la venta de petróleo a precios por debajo de los internacionales y la compra que estos países hacían del azúcar cubana a precios por arriba de los internacionales), permitió que Cuba creciese prácticamente de manera sostenida (en particular durante las décadas de 1970 y 1980) y que el nivel de vida de la población, medida por sus niveles de educación, salud y esperanza de vida, aumentase para equipararse con los niveles observados en los países desarrollados, a pesar de las notables deficiencias institucionales y la ineficiencia en la asignación de recursos que se derivan de un sistema gubernamental propietario de los medios de producción y de planificación centralizada. La caída del bloque soviético a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa significaron para Cuba dejar de recibir el subsidio y sacaron a la luz la notoria deficiencia con la cual operaba su economía, produciendo de manera ineficiente, en particular, bienes primarios (azúcar y tabaco) y manufacturas de bajo valor agregado. El resultado del choque real negativo que significó la desaparición del subsidio fue que entre 1990 y 1993 el PIB real por habitante cayera 35% lo que, como es natural, repercutió en una reducción, para el mismo periodo, del consumo privado en 39% y una disminución significativa en el nivel de bienestar de la población. Esta situación llevó al gobierno cubano a iniciar la transformación de la economía permitiendo, aunque de manera muy tibia, la participación privada y la operación relativamente libre de ciertos mercados, como es el de alimentos, de ciertos bienes manufacturados y de servicios, constituyéndose este último en el principal sector de la economía. En este contexto de incipiente liberalización económica, lo que sin duda es la transformación más importante respecto del modelo cerrado que imperó hasta principios de la década de los noventa, es la apertura a la inversión extranjera directa en proyectos de asociación con empresas gubernamentales cubanas en las áreas de turismo, petróleo y gas, níquel y telecomunicaciones. Este inicio de transformación institucional (mercados libres e inversión extranjera) permitieron que, a partir de 1995, la economía cubana empezara un proceso de recuperación del crecimiento. Así, mientras que en el periodo 1990-1993 el PIB real decreció en promedio a una tasa anual de 8%, en el periodo 1997-2003, el crecimiento promedio anual fue de 3.1%, insuficiente para regresar a los niveles de PIB por habitante que prevalecían antes de la crisis, por lo que el nivel de bienestar de la población sigue siendo inferior al que había en 1990. A pesar de la recuperación y de una mejora relativa en la eficiencia y la productividad que se registraron en la segunda mitad de la década de 1990, en los últimos años el crecimiento de la economía cubana se ha reducido. Un elemento para explicar este menor crecimiento es, sin duda alguna, la desaceleración que experimentó la economía mundial durante los primeros años del presente siglo. Sin embargo, esto no es suficiente. La economía cubana sigue siendo, para los estándares internacionales, una economía que opera de manera muy ineficiente. Los elementos que se conjugan para explicar el pobre desempeño de la economía cubana y el hecho de que no esté preparada para insertarse eficientemente en este inicio del siglo XXI a una economía globalizada y cada vez más competitiva, aun cuando el gobierno de Estados Unidos derogara de una vez por todas el embargo al cual sujeta a Cuba, son: las significativas barreras legales y burocráticas que impiden la operación libre de los mercados y siguen castigando, con pocas excepciones, la propiedad privada; la existencia generalizada de mercados negros como consecuencia de esquemas rígidos de racionamiento de bienes de consumo básicos; la deficiente protección de los derechos de propiedad para las empresas extranjeras que se han aventurado a invertir en Cuba con esquemas de asociación con empresas estatales cubanas; la falta de acceso a los mercados internacionales de capitales ante la decisión del gobierno cubano de suspender en 1986 el servicio de su deuda externa; la cultura de "no-pago" a los proveedores de insumos y bienes, tanto nacionales como extranjeros; una planta productiva en las manufacturas tecnológicamente obsoleta; una población que, aunque tiene un alto nivel educativo, posee un capital humano que no es compatible con las nuevas tecnologías de producción, y por lo cual tiene, según los estándares internacionales, una baja productividad. La adopción del gobierno cubano, a partir de la década 1960, de un sistema socialista y de la política de bienestar social generó un sistema caracterizado por una notoria equidad en la distribución del ingreso y con acceso universal a los servicios educativos y de salud. A principios de la década de 1990, la crisis alteró significativamente este panorama. El choque negativo que recibió la economía, junto con la persistencia de políticas de asignación centralizada de recursos, se tradujeron en una significativa caída en la producción de bienes de consumo y un endurecimiento de las políticas de racionamiento de bienes básicos (incluidos los alimentos), lo que significó una caída en el nivel de bienestar de la generalidad de la población y la aparición de la pobreza, fenómeno que prácticamente había estado ausente de Cuba, de forma tal que mientras en 1985 la población urbana considerada como pobre representaba 6% de la total, para 2002 este porcentaje ascendió a 20 por ciento. Igual de drástico que el aumento en la pobreza ha sido el incremento en la desigualdad en la distribución del ingreso, sobre todo en un país que siempre se guió con el principio de equidad en los resultados. La reducción de la oferta de bienes distribuidos a través de los canales oficiales de racionamiento, junto con la despenalización de la tenencia de moneda extranjera (política repelida mediante un decreto expropiatorio en 2005) y el impulso al turismo, significó que los individuos que tuviesen acceso a ingresos en dólares (vía remesas o prestación de servicios turísticos) mejoraron relativamente su posición respecto de quienes sólo obtenían su ingreso en pesos cubanos y que les permitía, asimismo, adquirir bienes en los negocios autorizados para operar con dólares. Estos individuos experimentaron una reducción menor en su bienestar respecto del resto de la población, mientras que el índice de desigualdad de Gini pasó de 0.24 en 1986 a 0.38 en 2002. Cuba se encuentra en una encrucijada. Los cambios institucionales (incipiente liberalización de la economía y apertura a la inversión extranjera) dieron un impulso efímero al crecimiento de la economía. Ese efecto, al parecer, tal como se apunta en el libro, ya se acabó. El gobierno cubano deberá seguir tomando medidas que admitan aprovechar el impulso individual por una mejora en su bienestar (lo que permitiría una mayor participación de la iniciativa privada, cubana y extranjera), en vez de esconderse tras el bloqueo económico de Estados Unidos para justificar su inacción en medidas de liberalización económica; de lo contrario, el país seguirá prácticamente estancado. Las pocas medidas hasta ahora adoptadas (enorme paso respecto del pasado inmediato) han despertado entre la población cubana un apetito por mayores libertades económicas. El problema que enfrenta el gobierno cubano es que ello atentaría, tarde o temprano, en contra del poder político hegemónico. La elección que el gobierno haga ahora entre mayores libertades económicas y políticas o libertades económicas muy limitadas con un sistema político cerrado será determinante para el futuro de Cuba. Lo que no es posible es un sistema económico de amplias libertades junto a un sistema político dictatorial: son notoriamente incompatibles. Para cualquiera que esté interesado en conocer los principales aspectos de la economía cubana, los retos que encara el gobierno para lograr su inserción a un mundo globalizado y los problemas a los que se enfrenta una economía en la transición de un sistema cerrado a uno en el que los individuos tendrán más que decir y decidir sobre su propio futuro, este libro es de lectura obligada. Ampliamente recomendable.
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